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sobre Nestares
Pueblo del Camero Nuevo cercano a la N-111; ideal como base para explorar la sierra.
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El viento que baja del monte mueve las ramas de los robles con un sonido seco, de hojas que ya no están verdes. En la plaza, una fuente de piedra oscurecida por la humedad gotea sobre el pilón. Son las once de un martes de octubre y en Nestares no pasa un coche.
Este pueblo del Camero Nuevo tiene menos de cien vecinos censados. Las casas no están pintadas; muestran la piedra original, grisácea, con juntas de argamasa ya cuarteada en algunos tramos. Los balcones de madera —algunos combados por el peso de los años— sostienen macetas con geranios que resisten hasta que llegan las primeras heladas.
La iglesia de San Millán se ve desde casi cualquier punto. Su torre cuadrada domina el perfil del casco urbano. No es un templo llamativo; fue construido para servir, no para impresionar. La puerta suele estar cerrada fuera del horario de misa.
Andar por los montes de alrededor
Los senderos comienzan donde terminan las últimas casas. No hay vallas ni carteles de inicio; simplemente la calle se convierte en camino de tierra. En otoño, las hayas pierden las hojas y forman una alfombra marrón que cruje bajo las botas. El aire huele a musgo y a corteza mojada.
No se necesitan mapas complicados para caminar aquí. Una pista forestal asciende suavemente hacia la loma sur, desde donde se abarca todo el valle del Iregua. Si el día está despejado, al fondo se distingue la línea dentada de sierras más altas.
Entre septiembre y noviembre es común cruzarse con gente del pueblo o foráneos que buscan setas. El robledal y los claros de pradera son zonas productivas. Quien no sepa distinguir especies debería limitarse a observar.
El ritmo del año
En agosto, durante las fiestas de San Millán, Nestares multiplica su población. Llegan familias que ahora viven en Logroño o más lejos. Se ponen mesas en la plaza, suena música por la tarde. Es el único periodo en que el pueblo tiene un pulmón distinto.
El resto del año la quietud es la norma. Sobre todo en invierno, cuando anochece hacia las cinco y las fachadas de piedra guardan el frío hasta bien entrada la mañana.
Si piensas venir
Octubre y noviembre son meses interesantes. Los bosques muestran tonos ocres y amarillos, y no es raro encontrar niebla baja a primera hora, que luego se levanta dejando un cielo lavado. En invierno la luz escasea; a las tres de la tarde ya hay sombra en el valle.
Deja el coche en la zona más ancha de la entrada. Las calles son angostas y están pensadas para el paso de personas, no para vehículos aparcados.
Lleva calzado que agarre bien. Los caminos tienen tramos pedregosos y, después de llover, la tierra arcillosa se vuelve resbaladiza.
Para llegar aquí
Desde Logroño se toma la carretera que sube el valle del Iregua hacia Torrecilla en Cameros. Pasado este pueblo, la LR-245 serpentea unos nueve kilómetros entre laderas boscosas hasta Nestares.
El trayecto no es largo —unos cuarenta minutos— pero tiene curvas cerradas y cambios bruscos de rasante. No es una carretera para ir con prisa.