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sobre Pedroso
Pueblo serrano rodeado de nogales y bosques; ambiente rural auténtico.
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A media mañana, la luz en Pedroso cae algo mate sobre las fachadas de piedra y adobe. No rebota: se queda pegada a las paredes y a los tejados bajos. En las calles cortas apenas se oye nada, salvo el crujido de hojas secas cuando alguien pasa o el canto de algún pájaro desde los árboles de las afueras. Pedroso funciona así, en pequeño. Un puñado de casas, campos alrededor y un ritmo que depende más del calendario agrícola que del reloj.
Con menos de un centenar de vecinos, este municipio de la comarca de Nájera se recorre rápido. Pero conviene hacerlo despacio, porque los detalles están en las esquinas: una puerta de madera muy usada, un poyo de piedra gastado por los años, alguna parra trepando por una fachada.
La iglesia del Salvador y el centro del pueblo
La iglesia del Salvador marca el centro del caserío. La piedra es áspera y algo oscura, con pequeñas ventanas y un campanario sobrio que sobresale lo justo sobre los tejados. Cuando el sol baja un poco, la luz entra de lado por los arcos y deja ver las irregularidades de los sillares.
La puerta suele estar cerrada. En pueblos de este tamaño no siempre hay horario fijo, así que si te interesa verla por dentro conviene preguntar antes a algún vecino o acercarse cuando haya movimiento en la plaza.
Alrededor se agrupan varias casas antiguas donde todavía se leen las funciones que tuvieron. Muros gruesos de mampostería, balcones de hierro sencillo, aleros de madera que sobresalen para proteger de la lluvia. En algunas se adivinan antiguas bodegas excavadas o corrales que ocupaban la parte trasera de la vivienda. Todo bastante práctico, pensado para trabajar y vivir en el mismo sitio.
Caminos entre cereal y viñas
Al salir del pueblo empiezan enseguida los caminos agrícolas. Basta avanzar unos minutos para que el caserío quede atrás y el paisaje se abra en lomas suaves.
El olor cambia según la época: en primavera suele haber humedad en la tierra y algo verde en las cunetas; a finales de verano el aire trae polvo fino y cereal seco. Entre parcelas aparecen también hileras de viñas, bastante comunes en esta parte de La Rioja.
No hay señalización especial para pasear. Son caminos de trabajo, usados por tractores y por los propios vecinos. Aun así, para una caminata corta funcionan bien: en media hora se entiende bastante bien cómo se organiza el mosaico de campos alrededor del pueblo.
Si vas en verano, mejor hacerlo temprano o al caer la tarde. A mediodía el sol pega de lleno y apenas hay sombra.
Lo que conviene saber antes de ir
Pedroso no funciona como un destino con servicios pensados para visitantes. No es raro encontrar todo cerrado o simplemente no encontrar tiendas abiertas.
Por eso lo más sensato es llegar con agua y algo de comida si piensas pasar un rato por la zona. El pueblo se ve entero en una hora larga, aunque muchos aprovechan para estirar el paseo por los caminos de alrededor.
Las calles del centro son estrechas y con poco margen para maniobrar. Lo más cómodo suele ser dejar el coche en la entrada o en algún ensanchamiento y continuar andando.
Cómo llegar a Pedroso
Desde Logroño hay alrededor de media hora larga de coche. Lo habitual es ir por la A‑12 hasta Nájera y, desde allí, continuar por carreteras comarcales que atraviesan campos de cultivo y pequeños núcleos.
El último tramo es tranquilo pero puede encontrarse maquinaria agrícola en determinadas épocas del año, sobre todo en vendimia o durante las labores del cereal. Conviene tomárselo con calma y disfrutar del paisaje, que en esta zona cambia bastante con las estaciones.