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sobre Torre en Cameros
Una de las aldeas más altas y menos pobladas; pura esencia serrana y soledad.
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Torre en Cameros se encuentra a 1.155 metros, en la vertiente occidental de la sierra riojana que le da nombre. Pertenece a ese conjunto de núcleos de Cameros que surgieron vinculados a la ganadería extensiva de montaña. En el último censo figuraban ocho habitantes. El caserío se agrupa, como es habitual en estas sierras, alrededor de la iglesia, una disposición que habla de un crecimiento condicionado por el espacio escaso y los inviernos largos.
Durante la semana es probable no cruzarse con nadie. Lo que se escucha es el viento en la ladera o, a lo lejos, algún cencerro.
La estructura de un pueblo ganadero
La iglesia parroquial de San Andrés, del siglo XVI con reformas posteriores, articula el conjunto. Su torre de piedra es el punto de referencia visible desde la carretera.
Las viviendas conservan los rasgos de la arquitectura serrana: muros gruesos de mampostería, pocos vanos al norte y balcones o galerías orientados al sur. La prioridad no era estética, sino resistir el frío con los materiales a mano: piedra y madera.
Un paseo por las calles muestra los elementos de una vida ligada al ganado: portones amplios para el paso de carros, pajares integrados en las plantas bajas y pequeños corrales adosados.
A pocos pasos del último edificio comienza el paisaje camerano, de lomas suaves y bosques de roble y haya.
Senderos y pistas forestales
Del pueblo parten varias pistas forestales y caminos tradicionales, antiguas vías de comunicación con otros pueblos y con los pastos de altura. No todos están señalizados; para caminatas largas es recomendable llevar mapa o GPS.
Los bosques de las laderas son principalmente robledales y hayedos. En otoño es común ver gente buscando setas, una actividad que requiere conocer la normativa local y tener cuidado con la propiedad del monte.
La cobertura de móvil es intermitente en algunas zonas. La niebla puede aparecer con rapidez cuando cambia el tiempo, un fenómeno frecuente en estas montañas.
Una visita para entender el territorio
El núcleo urbano se recorre en poco tiempo. Las calles son escasas y se disponen en torno a la iglesia.
Recomiendo caminar por alguna de las pistas que ascienden suavemente desde el pueblo. Desde cierta altura se comprende mejor la lógica del asentamiento: protegido del viento, cerca de agua y rodeado de terreno apto para prados y ganado.
La mejor época para la visita
De primavera a otoño el acceso es más sencillo y los caminos suelen estar transitables. Los bosques muestran una paleta distinta en cada estación, especialmente notable con la llegada del otoño.
En invierno, la nieve es habitual a esta altitud y puede dificultar tanto la carretera como los senderos. Es aconsejable consultar el estado de las vías antes de acercarse.
Consideraciones prácticas
En Torre en Cameros no hay bares, tiendas ni servicios con horario regular. Si se planea pasar varias horas, lo más sensato es llevar agua y comida, o hacer una parada previa en algún núcleo mayor de la comarca.
Funciona mejor como una parada dentro de una ruta por Cameros que como destino único. Es un lugar donde la vida se ha retirado, pero donde la estructura del pueblo y su relación con el paisaje aún explican con claridad cómo se vivía en esta sierra no hace muchas décadas.