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sobre Villaviciosa de Odón
Villa universitaria y señorial con un magnífico castillo; grandes zonas verdes y el Forestal
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El castillo de Villaviciosa de Odón aparece de pronto junto a la M‑501, una silueta clara y palaciega que no esperas a veinte kilómetros de Madrid. El municipio, que hoy supera los treinta mil habitantes, ha sido varias cosas a lo largo del tiempo: residencia de la nobleza, retiro real, pueblo agrícola y, desde finales del siglo XX, un núcleo integrado en el área metropolitana pero que conserva una parte importante de su término dentro de un parque regional.
De Calatalifa al archivo del aire
El primer nombre conocido del lugar es Calatalifa, un asentamiento andalusí menor que controlaba el paso hacia el valle del Guadarrama. De aquella época no queda casi nada visible. El origen del pueblo actual está en el castillo, que los marqueses de Moya levantaron a finales del siglo XV como residencia señorial. El edificio que se ve hoy es mayormente del XVI, una reconstrucción tras los daños de la Guerra de las Comunidades. Tiene torres en las esquinas y un volumen cuadrado, más próximo a un palacio fortificado que a una fortaleza militar.
Entre sus muros han sucedido episodios dispares. Fernando VI pasó aquí sus últimos meses en 1759, retirado del mundo. Años después, Manuel Godoy fue retenido en el castillo tras el Motín de Aranjuez. Actualmente alberga el Archivo Histórico del Ejército del Aire y del Espacio. Se visita en grupos reducidos, con cita previa. Dentro se conservan planos de aeródromos, documentos y fotografías. Desde sus terrazas la vista se abre hacia los encinares del corredor del Guadarrama.
Vida entre campus y tradición local
La instalación de una universidad privada en los antiguos terrenos agrícolas cambió el ritmo del pueblo. Durante el curso académico hay estudiantes de muchos países, algo que se nota en las terrazas de la plaza de la Constitución. Aun así, el comercio de proximidad, el mercado semanal y las fiestas mantienen un pulso local. En distintas épocas del año se organizan rutas gastronómicas alrededor de productos como los garbanzos, una iniciativa municipal que funciona más como encuentro vecinal que como oferta turística.
Las fiestas del Cristo del Milagro, a principios de septiembre, son la celebración principal. La devoción viene de una tradición del siglo XVIII que habla de un sudor de sangre en una talla durante la agonía de Fernando VI. La procesión sigue recorriendo las calles cada año.
El parque regional y las trincheras
Una gran porción del término municipal pertenece al Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama. A pocos minutos del centro urbano el paisaje se convierte en encinar y monte bajo.
Hay caminos que salen hacia el oeste y el sur, conocidos por los vecinos. Uno lleva al cerro del Mosquito, donde aún se distinguen restos de trincheras de la Batalla de Brunete (1937). No están musealizadas; el propio relieve del terreno muestra cómo se dispusieron las posiciones defensivas. Con los años, el romero y el tomillo han cubierto parte de las estructuras. Los fines de semana es habitual ver gente paseando por estos senderos con perros o bicicletas. Son recorridos cortos, pero suficientes para recordar que este territorio no es solo extensión urbana.
Iglesia y trazado antiguo
El núcleo histórico es pequeño. La iglesia de San José, del siglo XVIII, ocupa el centro y guarda la imagen del Cristo del Milagro. Alrededor se mantienen calles estrechas con el trazado de la villa señorial: la plaza de la Constitución, algunas casas con patios interiores y vías que aún llevan nombres de cargos nobiliarios. El ayuntamiento organiza ocasionalmente visitas guiadas o recorridos teatralizados por estas calles.
Cómo llegar y moverse
Villaviciosa de Odón está conectada con Madrid principalmente por la M‑501. En coche, desde Moncloa se suele tardar media hora, según el tráfico. También hay autobuses interurbanos que salen del intercambiador de Moncloa y llegan al centro y al campus universitario.
El núcleo urbano se recorre en un par de horas. Si se añade un paseo por los límites del parque regional, la visita se alarga. El castillo sigue siendo la referencia: desde allí se entiende cómo el pueblo creció alrededor de una residencia nobiliaria que, cinco siglos después, aún define el paisaje.