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sobre Cabanillas de la Sierra
Municipio de paso hacia la sierra con arquitectura rural; situado en una loma con vistas despejadas
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Llegar y primera impresión
A las diez de la mañana, la plaza de Cabanillas de la Sierra todavía guarda humedad en las losas. Baja aire frío desde la sierra. La campana de la iglesia suena despacio y el eco rebota entre fachadas de piedra algo oscuras. La calle Mayor tira hacia el norte entre muros gastados y balcones de madera que crujen cuando corre el viento.
Hablar de turismo en Cabanillas de la Sierra es hablar de un pueblo pequeño, con menos de mil vecinos, donde casi todo ocurre sin prisa. No hay grandes edificios ni una plaza monumental. Lo que se ve son casas de piedra, corrales antiguos y calles que todavía conservan algo del ritmo agrícola de la zona.
La iglesia y la plaza
La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción domina la plaza. El edificio es antiguo, aunque ha pasado por arreglos con el tiempo. Por dentro todo es sencillo: bancos de madera algo ásperos y un retablo sin demasiados adornos.
Cuando el sol entra por las ventanas estrechas, a media mañana, aparecen franjas de luz sobre el suelo. El interior se queda en silencio, salvo algún paso que resuena en las baldosas.
Camino hacia la ermita de la Soledad
Desde la plaza sale una calle que sube poco a poco hacia las afueras. Enseguida aparecen muros de piedra seca que separan pequeñas parcelas. Algunos corrales mantienen todavía los tejados cónicos de teja vieja.
A unos diez minutos caminando se llega a la ermita de la Soledad. Parte del edificio está deteriorado, pero la loma donde se levanta abre bien el paisaje. Desde allí se ven los tejados rojizos del pueblo y, más allá, manchas de pinar.
El viento suele moverse con fuerza en ese alto. Huele a jara seca cuando el día es cálido.
Caminos hacia la sierra
Alrededor del pueblo salen varios caminos de tierra que enlazan con otros municipios de la zona, como Miraflores o Guadalix. Muchos vienen de antiguos pasos ganaderos. Algunos aparecen en mapas viejos y otros siguen usándose para acceder a fincas.
No todos están señalizados. Si vas a caminar un rato largo conviene llevar mapa o alguna aplicación de rutas. Tras días de lluvia el barro puede complicar algunos tramos, sobre todo en los descensos hacia los arroyos.
Fiestas y vida del pueblo
En agosto el ambiente cambia. Las fiestas de la Asunción suelen sacar a los vecinos a la calle. Hay procesión, música en la plaza y mesas largas donde aparece comida hecha en casa.
Fuera de esas fechas el pueblo vuelve a su ritmo tranquilo. En Semana Santa se mantienen procesiones sencillas. En otoño todavía se oyen conversaciones sobre la matanza tradicional del cerdo, aunque muchas veces queda en reuniones entre familias más que en actos abiertos.
Cuándo acercarse
Primavera y otoño suelen ser los meses más agradecidos para caminar por los alrededores. El monte se ve más vivo y la luz es suave al caer la tarde.
En verano llega gente desde Madrid buscando aire más fresco, sobre todo los fines de semana. El pueblo se anima, pero también hay más coches y más movimiento.
En invierno todo se queda muy quieto. Los días son cortos y el frío aprieta cuando cae el sol.
Cabanillas de la Sierra no gira alrededor de monumentos grandes. Lo que queda es otra cosa: calles cortas, piedra oscurecida por los años y el sonido del viento bajando desde los montes cercanos. Un lugar donde todavía se nota cómo respira un pueblo pequeño de la Sierra Norte.