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sobre Cercedilla
Puerta de entrada al Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama; centro de turismo de montaña y esquí histórico
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Cercedilla es como ese compañero de piso que no sabías que querías: llega el invierno y de repente es el más popular del grupo. De repente todo el mundo quiere venir a tu casa porque “está más cerca que Navacerrada” y “oye, ¿no hay un tren que va directo?”. Sí, hay tren. Y sí, se llena de madrileños en cuanto caen las primeras nieves.
La estación que no es estación
Lo primero que te sorprende de Cercedilla es que no es un pueblo de postal. Tiene el mismo aire de pueblo de sierra que muchos otros de la sierra madrileña: casas de granito, calles con pendiente, el típico bar donde el café con leche te lo ponen en vaso de cristal.
Pero hay algo que funciona. Quizá sea que nunca ha intentado aparentar nada. Lleva mucho tiempo siendo el lugar donde la gente de Madrid sube a respirar un rato de aire que no huele a gasolina.
La estación de tren es un buen ejemplo: no es bonita, tampoco pretende serlo. Es práctica. El tren llegó aquí a finales del siglo XIX y desde entonces ha sido la puerta de entrada para madrileños con botas de montaña, trineos cuando nieva o simplemente ganas de caminar un rato. Lo curioso es que hoy el tren sigue siendo una de las formas más sensatas de llegar.
Donde los romanos ya sabían lo que hacían
La Calzada Romana de la Fuenfría es como ese amigo que se fue de Erasmus y todavía saca el tema en cada conversación. Lleva ahí siglos, subiendo hacia el puerto por mitad del pinar.
No hace falta recorrerla entera para entender la gracia. Basta caminar un tramo y fijarte en las piedras bien colocadas, en cómo la traza busca siempre la pendiente más llevadera. Los romanos sabían muy bien por dónde pasar la sierra.
La subida serpentea entre pinos silvestres y claros de bosque. Cuando el día está limpio, desde arriba se abre la vista hacia el sur y se intuye la llanura donde está Madrid. O eso dicen los carteles. Muchas veces la sierra decide cubrirlo todo con niebla y listo.
Un pueblo donde se viene a comer y a caminar
Cercedilla tiene muchos sitios donde sentarse a comer algo caliente después de una ruta. Se nota que el pueblo vive bastante de la gente que sube a pasar el día.
Aquí no hay demasiadas florituras. Lo que suele aparecer en las cartas es lo que apetece cuando hace frío: sopa de ajo, judiones, carne a la brasa, platos de cuchara que te dejan con la sensación de haber parado el reloj un rato.
Es de esos lugares donde entras en un comedor con las botas todavía húmedas y nadie se extraña demasiado. Comes, alargas el café, miras por la ventana a ver si ha despejado un poco… y luego vuelves al monte.
La Senda de los Poetas, paseo tranquilo junto al río
La Senda de los Poetas suena a excursión de instituto y, en cierto modo, lo es. Es un paseo corto y bastante cómodo que discurre junto al río, entre pinos y praderas.
A lo largo del camino aparecen paneles con versos de autores vinculados al pueblo, entre ellos Luis Rosales, que pasó muchos veranos aquí durante décadas. La ruta no busca impresionar con grandes paisajes ni miradores espectaculares.
Es más bien un paseo tranquilo, de esos que haces sin mirar demasiado el reloj. Caminar un rato, escuchar el agua, leer un par de versos y seguir.
Personajes que pasaron por aquí
Cercedilla ha tenido veraneantes ilustres desde hace más de un siglo. Ramón y Cajal, por ejemplo, pasaba temporadas en el pueblo cuando la sierra era uno de los refugios habituales para escapar del calor de Madrid.
También está muy presente la figura de Francisco Fernández Ochoa, campeón olímpico de esquí y vecino del pueblo durante toda su vida. Su nombre aparece a menudo cuando se habla de la estación de esquí de Navacerrada y de la tradición de esquí en la zona.
A veces también se menciona a Sorolla, que pasó temporadas en Cercedilla a principios del siglo XX, como tantos artistas y científicos que buscaban aire fresco en la sierra.
Cómo no fastidiarlo
Si puedes, llega en tren. La línea que sube desde Madrid te deja a un paseo del centro del pueblo y te ahorra el atasco clásico de la carretera de Navacerrada los fines de semana.
Entre semana todo se mueve a otro ritmo. Hay menos gente en los senderos y el pueblo se parece más a lo que es realmente: un lugar donde vive gente todo el año, no solo un punto de salida para excursiones.
Y tampoco hace falta plantearlo como una hazaña deportiva. En Cercedilla puedes caminar una hora, sentarte a comer algo caliente y volver a bajar en el tren de la tarde. A veces la sierra funciona mejor así, sin convertir cada salida en una prueba de resistencia.