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sobre Arganda del Rey
Importante núcleo industrial y vinícola; conecta la capital con el sureste y cuenta con patrimonio histórico y natural
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Las cigüeñas cruzan el cielo del Parque Regional del Sureste cuando el autobús entra en Arganda del Rey. Son las siete y algo de la mañana y el cielo tiene ese violeta pálido que dura muy poco, apenas unos minutos antes de que el sol asome por la llanura del Jarama. Desde la ventanilla aparece la torre de la iglesia de San Juan Bautista, visible desde bastante lejos cuando llegas por la vega. A esa hora las persianas aún están bajadas y las calles suenan a motores arrancando y a alguna persiana metálica que se levanta.
Arganda del Rey forma parte de la comarca de Las Vegas, en el sureste de la Comunidad de Madrid. Aunque la ciudad ha crecido mucho en las últimas décadas, todavía mantiene ese borde agrícola que se nota en cuanto sales un poco del casco urbano: viñas bajas, campos abiertos y caminos de tierra que en verano levantan polvo fino.
El sabor de los vinos de Arganda
En esta zona el vino no es una novedad reciente. Arganda da nombre a una de las subzonas de la denominación de origen de Madrid, y las viñas siguen apareciendo entre caminos, naves agrícolas y pequeñas lomas de tierra clara. En días de vendimia, a finales del verano o principios del otoño según venga el año, el aire huele ligeramente dulce, como a fruta madura.
Las bodegas de la zona suelen trabajar con variedades que aguantan bien el clima seco de la vega. Los blancos suelen salir frescos y algo herbáceos; los tintos, más suaves de lo que uno espera viendo el paisaje áspero de alrededor.
En las fiestas de septiembre todavía se mantiene la costumbre de pisar uvas en la plaza. No es una recreación pensada para visitantes: es más bien una tradición local que se hace porque siempre se ha hecho. El mosto corre por las tablas y más de uno acaba con los calcetines pegajosos.
El Jarama y las lagunas del sureste
El paisaje alrededor de Arganda cambia en cuanto te acercas al río. El Jarama baja lento por esta parte de la vega y forma meandros amplios entre graveras antiguas y zonas húmedas que hoy están protegidas dentro del Parque Regional del Sureste.
Una de las caminatas más habituales por aquí es la de las Lagunas de Las Madres. El sendero avanza entre carrizos, tierra clara y parches de tomillo que desprenden olor cuando el sol empieza a calentar. En algunos tramos el suelo se vuelve más oscuro y húmedo, señal de que el agua está cerca aunque no se vea.
Hay observatorios de aves repartidos por el recorrido. A finales del invierno y durante la primavera es frecuente ver cigüeñas, garzas y otras aves ligadas al agua. En verano conviene madrugar: el calor en esta llanura cae de golpe a media mañana y la sombra escasea.
Memoria en los cerros del Jarama
Los cerros que rodean la vega guardan otra capa de historia más reciente. En varios puntos del término municipal todavía se distinguen restos de trincheras y posiciones defensivas relacionadas con la batalla del Jarama durante la Guerra Civil.
El terreno es seco, de tierra rojiza y piedras sueltas. Cuando caminas por estas lomas —sobre todo en otoño, cuando los árboles de la ribera empiezan a amarillear— el contraste es extraño: un paisaje tranquilo donde, si miras bien, aparecen zanjas excavadas a mano y pequeñas hondonadas que no son naturales.
No hay grandes señales ni museos al aire libre en todos los puntos, así que conviene informarse antes de salir a buscar estas zonas o hacerlo acompañado de alguna ruta interpretada que a veces organizan asociaciones locales.
Fiestas y memoria popular
En Arganda se recuerda un antiguo levantamiento vecinal contra un intento de apropiación de la villa por parte de un poderoso de la corte en el siglo XVII. Ese episodio histórico suele representarse durante las fiestas patronales de septiembre con vecinos vestidos de época y diálogos ensayados durante semanas.
También se mantiene la romería que sube hasta la ermita situada en uno de los cerros cercanos. El camino serpentea entre matorral bajo y tierra clara, y ese día se llena de grupos que suben caminando, algunos con carros adornados. El olor a romero pisado y a vino compartido acompaña casi todo el recorrido.
Entre la vega agrícola y los grandes recintos
En la periferia de Arganda se construyó hace años un gran recinto para conciertos y eventos multitudinarios. Cuando no hay actividad, el lugar queda silencioso, con explanadas enormes y estructuras metálicas que sobresalen sobre la llanura.
Los días de concierto la escena cambia por completo: tráfico denso en los accesos, camisetas negras, gente caminando hacia el recinto desde aparcamientos improvisados. Muchos vecinos lo notan sobre todo en el ambiente del pueblo esos días, más movido de lo habitual.
En el centro todavía se encuentran bares de barrio donde la cocina sigue tirando de recetario castellano: guisos con salsa espesa, pescado de río cuando aparece en temporada y dulces tradicionales de hojaldre y almendra que suelen verse en las pastelerías locales.
Cómo y cuándo ir
Arganda del Rey está conectada con Madrid por Cercanías y también por carretera a través de la A‑3, una de las salidas más utilizadas hacia el sureste de la región. En coche se llega rápido desde la capital, aunque los fines de semana esa autovía suele cargarse bastante de tráfico.
El verano aquí se hace pesado. El calor se queda atrapado en la llanura y las tardes pueden ser largas y secas. Si quieres caminar por las lagunas o por los cerros del Jarama, es mucho más agradecido venir en primavera o a principios de otoño.
En septiembre, cuando empieza la vendimia, el aire de la vega cambia un poco: huele a uva machacada y a tierra húmeda al caer la noche. Es un momento tranquilo para ver cómo Arganda del Rey sigue viviendo entre ciudad creciente y paisaje agrícola.