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sobre Ciempozuelos
Municipio de la vega del Jarama con tradición agrícola; posee un interesante patrimonio arquitectónico y salinas históricas
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Las campanas de Santa María Magdalena repican a última hora de la tarde, cuando el sol todavía cae de lado sobre la plaza. El suelo guarda el calor del día y la gente se arrima a las franjas de sombra que dejan los edificios. En Ciempozuelos, a esa hora tranquila entre la merienda y la cena, se oyen conversaciones desde las terrazas y el murmullo de la fuente. El pueblo se mueve despacio, con ese ritmo de las localidades del sur de Madrid donde la vega del Jarama siempre ha marcado los tiempos.
El sabor de la vega
En los pueblos de la vega hay muchas formas de aprovechar el pan duro, y en Ciempozuelos todavía se oye hablar de un gazpacho blanco, espeso, hecho con pan, ajo, aceite y vinagre. No lleva tomate y se parece más a otros gazpachos antiguos de Castilla que a los andaluces. Cada casa lo prepara a su manera: más ligero para beber en verano o casi como una crema cuando hace frío.
La explicación suele repetirse entre la gente mayor: antes las huertas daban ajos, cereal y poco más, así que la cocina se apañaba con lo que había. En invierno, dicen, ese mismo gazpacho podía acabar con un buen chorro de aceite por encima y hacer de cena.
Bajo tierra
Bajo el casco urbano hay galerías excavadas para captar agua. En Ciempozuelos se conocen como Minas de Agua, y forman parte de esos sistemas hidráulicos antiguos que aparecen en varios pueblos de la vega del Jarama.
Al bajar, el aire cambia enseguida: humedad, olor a tierra fría y a cal. Los pasillos son estrechos y las paredes conservan las marcas de las herramientas. Durante mucho tiempo sirvieron para llevar agua a las huertas cercanas, que aquí siempre han sido parte importante del paisaje.
A veces se organizan visitas para recorrer una parte de estas galerías, normalmente con guía local. Conviene informarse antes en el ayuntamiento porque no siempre están abiertas.
Las salinas olvidadas de la vega
A pocos kilómetros del centro, en dirección a los campos abiertos de la comarca, están las Salinas de Espartinas. Hoy el lugar tiene algo de paisaje detenido: balsas poco profundas, tierra blanquecina y restos de construcciones bajas que recuerdan el antiguo trabajo de la sal.
Durante siglos se explotaron estas salinas de interior, algo poco habitual tan lejos del mar. El agua salobre se evaporaba en las balsas y dejaba una costra blanca que después se recogía a mano. La actividad desapareció hace décadas, y ahora el conjunto se ve más como un espacio histórico dentro de la vega.
Cuando sopla viento en primavera, la tierra seca levanta un polvo fino que sabe ligeramente a sal. El entorno es abierto y sin demasiada sombra, así que conviene ir temprano o al final del día, sobre todo en verano.
El tren que conectó el pueblo con Madrid
La línea ferroviaria que une Madrid con Aranjuez pasa por Ciempozuelos desde mediados del siglo XIX. La estación sigue siendo un edificio de ladrillo sobrio, pegado a las vías, con el trasiego constante de los trenes de Cercanías.
Ese tren cambió bastante la relación del pueblo con la capital. Hoy muchos vecinos trabajan o estudian en Madrid y vuelven por la tarde, y en el andén se mezclan mochilas, bolsas de compra y bicicletas. Si te fijas en el pavimento y en algunos elementos del edificio, todavía se perciben rastros de la estación antigua, la de cuando el ferrocarril era la gran novedad tecnológica.
Cuándo ir y qué tener en cuenta
Las fiestas patronales suelen celebrarse a comienzos de septiembre, cuando el calor ya afloja un poco y las calles se llenan de peñas, música y puestos de comida. Es un momento en el que el pueblo está especialmente animado.
En pleno agosto, en cambio, el calor puede ser duro a mitad del día. Si vienes entonces, mejor moverse por la mañana temprano o al caer la tarde.
Si llegas en coche, lo más práctico es dejarlo cerca de la zona de la estación y continuar andando. El centro de Ciempozuelos se recorre rápido y muchas calles son tranquilas, de esas en las que todavía se oye a los vecinos hablar de balcón a balcón cuando cae la noche.