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sobre Fuenlabrada
Gran ciudad del sur con fuerte identidad obrera; destaca por su universidad y oferta cultural y deportiva
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El nombre aparece por primera vez en las Relaciones de Felipe II: “fuenlabrada”, una fuente labrada en piedra que daba servicio a los arrieros en la antigua cañada real que venía de Extremadura. A unos 20 kilómetros de Madrid, aquel punto de parada acabaría convertido en una ciudad muy poblada. Entender el turismo en Fuenlabrada —si es que la palabra encaja aquí— pasa por aceptar esa condición de lugar de paso y de trabajo que ha marcado su historia desde el principio.
De aldea a ciudad en cuatro siglos
En 1375, los habitantes de Fregacedos y Loranca —dos asentamientos que hoy solo aparecen en documentos— pidieron a Juan I permiso para fundar un nuevo núcleo en terreno llano. Sus aldeas originales, levantadas sobre cerros arcillosos, tenían problemas de agua. Bajaron hacia la vega, excavaron pozos y levantaron un pequeño caserío rodeado por una cerca de tierra. Parte de ese límite antiguo todavía se intuye en el trazado irregular de la calle Mayor.
La primera Casa Consistorial debió de levantarse hacia finales del siglo XV, según referencias en documentación de la época. Durante siglos, Fuenlabrada fue un pueblo agrícola vinculado al regadío: trigo, cebada y huertas que abastecían a Madrid, además del tráfico de arrieros que seguía la cañada.
El cambio llegó en el siglo XX, sobre todo a partir de los años sesenta, cuando la carretera de Extremadura y la expansión industrial de Madrid empezaron a atraer población obrera. En pocas décadas el municipio multiplicó sus habitantes. El crecimiento fue tan rápido que el paisaje urbano quedó hecho de capas: la iglesia de San Esteban, del siglo XVI, aparece hoy rodeada de bloques levantados durante las grandes promociones residenciales del final del siglo pasado; el antiguo ayuntamiento del XIX convive con equipamientos municipales mucho más recientes.
La iglesia que quedó como referencia
San Esteban Protomártir es el edificio histórico más reconocible del centro. El templo actual fue reconstruido en el siglo XVII tras un incendio, aunque mantiene una portada renacentista anterior. En el interior hay un retablo barroco que, según parece, todavía no está estudiado con demasiado detalle dentro del patrimonio de la diócesis.
La iglesia ocupa el pequeño alto que dominaba la vega. Desde el atrio se entiende bien el territorio que organizaba el antiguo pueblo: hacia el sur discurría la Cañada Real Galiana; al oeste, el arroyo Culebro; al norte acabaría llegando el ferrocarril que conectaba esta parte de la llanura con Madrid.
Las celebraciones religiosas del municipio siguen tomando este punto como referencia. Una de las más conocidas es la procesión del Cristo de las Lluvias, vinculada a una tradición que recuerda una antigua sequía. Suele celebrarse a finales de primavera y recorre el casco antiguo.
Calles con memoria del siglo XIX
El callejero conserva referencias a la Guerra de la Independencia: 2 de Mayo, Daoiz y Velarde, o la calle de la Lealtad. La zona participó en el movimiento que se extendió desde Madrid en 1808, y los pueblos de alrededor colaboraron con suministros y animales de carga para las tropas que operaban en la región.
Cada año, alrededor del 2 de mayo, el municipio suele organizar actos conmemorativos en el centro. Son celebraciones sencillas, de carácter vecinal.
En lo cotidiano, hay otra escena bastante reconocible en la ciudad: las colas tempranas para comprar churros los fines de semana. No es una especialidad propia de Fuenlabrada, pero forma parte de esa rutina madrileña que aquí sigue muy viva, sobre todo entre quienes trabajan en los polígonos cercanos.
Un campus en la periferia
A comienzos de los años 2000 se abrió la estación de Cercanías y empezó a funcionar el campus de la Universidad Rey Juan Carlos. Desde entonces la ciudad incorporó una población universitaria que antes no existía. Facultades, bibliotecas y residencias han ido ocupando parcelas que en algunos casos habían tenido uso industrial.
El cambio se nota en la mezcla de perfiles que conviven en los mismos barrios: trabajadores vinculados a la logística y al comercio mayorista, estudiantes que comparten piso y familias que llegaron durante las décadas de mayor crecimiento urbano.
Cómo recorrer el centro
El casco antiguo se recorre rápido. El punto de partida lógico es la iglesia de San Esteban. Desde allí se baja por la calle Mayor, donde todavía sobreviven algunas casas bajas de ladrillo que recuerdan el antiguo pueblo agrícola. Muy cerca está el edificio del ayuntamiento histórico y, a poca distancia, uno de los parques creados durante la expansión urbana de finales del siglo XX.
Más que monumentos aislados, lo que interesa en Fuenlabrada es leer esa superposición de épocas: el pueblo agrícola, la ciudad obrera que creció deprisa y el municipio actual que funciona como parte del área metropolitana de Madrid.
Llegar es sencillo desde la capital. Hay tren de Cercanías en la línea que conecta el sur metropolitano con el centro de Madrid y acceso directo por la autovía de Extremadura. No es un lugar al que se venga buscando patrimonio monumental; tiene más sentido como parada para entender cómo se ha construido, en pocas décadas, buena parte de la periferia madrileña.