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sobre Griñón
Municipio residencial conocido por sus aguas termales y conventos; ambiente tranquilo y familiar
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Un jueves por la mañana el mercado se llena pronto. Las bolsas pesan con verdura de la vega cercana. En Griñón la coliflor aparece en muchas conversaciones. No es casualidad. Durante décadas ha sido uno de los cultivos que marcaron el paisaje agrícola del sur de Madrid.
Griñón forma parte de la Comarca Sur, a pocos kilómetros de la capital. Hoy ronda los once mil habitantes. Durante siglos fue una pequeña villa agrícola situada en el camino hacia Toledo. Esa posición explica su crecimiento lento, ligado al campo y a los mercados de Madrid.
El nombre que atravesó la historia
El origen del nombre de Griñón suele relacionarse con el periodo andalusí. Algunos estudios mencionan formas antiguas del topónimo, quizá adaptadas después al castellano. No hay acuerdo total sobre su significado, pero sí sobre la presencia agrícola en la zona desde época medieval.
Tras la conquista cristiana del territorio por Alfonso VI, el lugar pasó a manos de distintos señores. En la Baja Edad Media recibió el título de villa. Ese cambio permitió organizar mercado y cierta administración propia. Para un asentamiento pequeño, eso marcaba diferencias.
El convento de las Clarisas de la Encarnación se levantó en el siglo XVI. Su presencia tuvo peso en la vida local durante siglos. No era raro que conventos así funcionaran como centros económicos y sociales. Aún hoy el edificio forma parte del perfil histórico del municipio.
La iglesia de la Asunción
La iglesia parroquial de la Asunción ocupa el centro del casco antiguo. El edificio actual se levantó sobre construcciones anteriores. Algunas fuentes mencionan una ermita medieval en el mismo lugar.
La fábrica principal corresponde al siglo XVI, con reformas posteriores. La mezcla de estilos es visible. Hay elementos tardogóticos y añadidos ya cercanos al Renacimiento. La piedra utilizada es la habitual en la zona, más blanda que el granito de la sierra.
Dentro se conserva un retablo mayor de época posterior. Más interesante resulta la devoción a la Virgen de la Antigua, muy arraigada en el pueblo. Cada verano la imagen sale en procesión. Coincide con el final de la cosecha en muchos campos cercanos.
Desde el entorno de la iglesia se entiende bien la geografía local. El terreno desciende hacia vegas agrícolas. Durante siglos esas tierras dieron cereal, huerta y algo de viñedo.
La tradición de la coliflor
La agricultura marcó la economía de Griñón hasta hace pocas décadas. Entre los cultivos más conocidos aparece la coliflor. Se adaptaba bien a los suelos y al clima del sur madrileño.
Con el tiempo surgió una fiesta dedicada a esta hortaliza. Se celebra en marzo, cuando termina la temporada fuerte del cultivo. Los vecinos preparan recetas tradicionales. Suelen aparecer potajes, tortillas y coliflor asada.
En una de las plazas hay una escultura dedicada a las colifloreras. Recuerda a las mujeres que vendían la producción en mercados cercanos. Muchas familias completaban así la economía doméstica.
Un territorio con capas de historia
Al caminar por el pueblo aparecen rastros de épocas distintas. Casas bajas de labor conviven con construcciones recientes. El crecimiento de Madrid llegó aquí sobre todo a finales del siglo XX.
En las afueras hay restos arqueológicos asociados a asentamientos antiguos. También se conocen enterramientos de periodos distintos, cristianos y musulmanes. Los estudios sobre estos espacios continúan y no siempre ofrecen conclusiones definitivas.
Durante la Guerra Civil varios edificios del municipio cambiaron de uso. Algunos funcionaron como instalaciones sanitarias improvisadas. Es una memoria que permanece, aunque pocas veces se explica en voz alta.
Pasear hoy por Griñón
Griñón está a unos 25 o 30 kilómetros de Madrid, según la ruta elegida. El acceso más habitual se hace por carretera desde la zona sur de la capital.
El casco urbano se recorre sin prisa en una tarde. Conviene fijarse en las casas más antiguas cerca de la iglesia y la plaza. Muchas conservan proporciones propias de la arquitectura rural madrileña.
En las afueras discurren caminos agrícolas y pequeños senderos junto a arroyos estacionales. Son rutas sencillas. Sirven para entender el paisaje que sostuvo al pueblo durante generaciones.
Griñón ya forma parte del cinturón metropolitano de Madrid. Aun así, su historia sigue ligada al campo. La coliflor, las huertas y las ferias locales explican mejor el lugar que cualquier eslogan turístico.