Artículo completo
sobre Parla
Gran ciudad del sur con importante red de transporte y parques; destaca su tranvía y diversidad
Ocultar artículo Leer artículo completo
Parla queda al sur de Madrid, a unos veinte kilómetros de la capital, en una llanura que durante siglos fue agrícola. Hoy supera con claridad los cien mil habitantes y forma parte del continuo urbano del sur metropolitano. Su crecimiento es reciente: durante buena parte del siglo XX seguía siendo un pueblo de labradores, dedicado sobre todo al cereal y al olivo, que cambió de escala cuando empezaron a llegar vecinos que trabajaban en Madrid.
Ese contraste —entre el antiguo núcleo alrededor de la iglesia y los barrios construidos a partir de los años setenta y ochenta— explica buena parte de lo que se ve hoy.
El cerro de la iglesia y el origen del pueblo
El casco antiguo se levanta en torno al llamado Cerro de la Iglesia, una pequeña elevación que rompe la horizontalidad de la campiña. No es una altura espectacular, pero en una llanura como esta basta para organizar el asentamiento. Muchas poblaciones de la zona nacieron de la misma manera: una iglesia, unas cuantas casas alrededor y campos abiertos en todas direcciones.
La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción empezó a levantarse a comienzos del siglo XVI y ha tenido reformas posteriores. El edificio mezcla soluciones del gótico tardío con añadidos posteriores, algo habitual en las parroquias castellanas que han ido adaptándose con el tiempo. Más que el estilo, interesa su papel como centro del antiguo pueblo: la plaza, las calles más viejas y buena parte de la vida pública se organizaron durante siglos en torno a este punto.
Bartolomé Hurtado y la ermita de la Soledad
Uno de los nombres históricos asociados a Parla es el de Bartolomé Hurtado, arquitecto del siglo XVII que trabajó para la Corona. Se le suele vincular con obras relacionadas con el entorno de El Escorial y con proyectos vinculados a la arquitectura real de su tiempo. La tradición local sostiene que nació aquí y que mantuvo relación con el pueblo incluso después de su carrera en la corte.
A él se le atribuye la construcción o el impulso de la ermita de la Soledad, situada a las afueras del núcleo antiguo. Es un edificio sencillo, propio de las ermitas de devoción popular, y está ligado a una de las celebraciones más arraigadas del municipio. Durante la romería de septiembre, muchos vecinos caminan hasta allí siguiendo el camino que asciende suavemente desde el centro.
Dentro de la ermita se conserva un pozo conocido como el Calderillo, al que la tradición popular atribuye propiedades curativas.
Del pueblo agrícola a la ciudad del sur metropolitano
Hasta la segunda mitad del siglo XX, Parla vivía principalmente del campo. Los cultivos de secano —trigo, cebada, olivo— ocupaban la mayor parte del término municipal. El cambio llegó con la expansión de Madrid y la construcción de nuevos barrios para quienes buscaban vivienda fuera de la capital.
Entre los años setenta y noventa la población creció con rapidez y el paisaje urbano cambió por completo. Aparecieron grandes áreas residenciales, avenidas anchas y nuevas infraestructuras que conectan la ciudad con el resto del sur madrileño. Aun así, el núcleo histórico alrededor de la iglesia conserva la escala de pueblo y algunos tramos de calles estrechas que recuerdan ese pasado agrícola.
Paseos por los alrededores del casco antiguo
Aunque el municipio está muy urbanizado, en los bordes del casco antiguo todavía quedan caminos que permiten entender cómo era el territorio antes de la expansión reciente. Algunos senderos salen hacia las zonas de olivares y antiguos campos de cultivo que rodeaban el pueblo.
También hay recorridos que siguen pequeños arroyos estacionales y barrancos suaves del terreno. En primavera, cuando vuelve algo de agua y la vegetación brota, estos caminos muestran una cara menos conocida de Parla: la de la campiña del sur madrileño, abierta y sin grandes relieves.
Son paseos cortos, más de escala local que excursionista, pero ayudan a situar el pueblo en su paisaje original.
Tradición de peñas y cocina de barrio
En Parla muchas de las comidas ligadas a las fiestas no salen de restaurantes sino de asociaciones vecinales y peñas. Durante las celebraciones patronales o en eventos del calendario local, son estas agrupaciones las que organizan comidas populares.
Aparecen platos muy propios del interior madrileño: gachas, guisos contundentes de invierno, rosquillas ligadas a las fiestas de primavera o dulces tradicionales que también se encuentran en otros pueblos de la región. Es una cocina más de reunión que de carta, vinculada a las fiestas y al barrio.
Cómo orientarse al llegar
Desde Madrid se llega fácilmente en tren de cercanías o por carretera. La estación queda a poca distancia del centro.
Si quieres entender el origen del pueblo, lo más lógico es empezar por la zona de la iglesia y las calles que la rodean. En menos de una hora se recorre ese núcleo antiguo y se percibe la diferencia entre el antiguo asentamiento agrícola y la ciudad que creció alrededor en las últimas décadas. A partir de ahí, basta con seguir alguno de los caminos que salen hacia la periferia para ver cómo la llanura del sur madrileño rodea todavía el municipio.