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sobre Alpedrete
Tradicional pueblo cantero de la sierra; famoso por sus canteras de granito y su entorno ideal para el veraneo
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El turismo en Alpedrete se hace rápido. Si vienes en tren, las estaciones más cercanas son Los Negrales y Mataespesa. Están dentro del término municipal, pero el centro queda a unos tres kilómetros. En coche lo normal es dejarlo cerca del Ayuntamiento o en calles de alrededor y moverte andando. El casco es pequeño y no merece la pena dar vueltas buscando algo mejor.
La piedra que construyó medio Guadarrama
Alpedrete huele a granito cuando llueve. No es metáfora. Durante siglos se sacó piedra de aquí para obras grandes de la zona, incluido el entorno de El Escorial. Las canteras siguen existiendo, aunque la actividad hoy es menor.
Desde el cementerio sale una pista forestal que sube hacia antiguas explotaciones. No está especialmente señalizada. Es una subida constante de unos tres kilómetros. A ratos aparecen bloques abandonados y cortes de cantera donde aún se ven marcas de herramienta en la piedra. No hay control ni entrada.
Cerca de la carretera está el dolmen de Entretérminos. Lo localizaron en los años treinta del siglo pasado al trabajar una finca. En el interior aparecieron piezas de ajuar funerario; una de ellas acabó en el Museo Arqueológico Nacional. Desde lejos parece solo un montón de piedras. Hay que acercarse para entender la estructura. Los fines de semana suele haber ciclistas parando un rato.
La iglesia vieja del pueblo
La Asunción es de lo poco que queda del Alpedrete anterior al crecimiento moderno. La parte más antigua suele fecharse en época medieval. La portada de piedra, con arquivoltas y canecillos, es lo que más llama la atención.
Dentro hay un retablo barroco sencillo. No cambia el viaje. Lo interesante está fuera: el granito. Es la misma piedra que aparece en muros, zócalos y muchas casas del casco antiguo. Alpedrete se construyó con lo que tenía debajo de los pies.
Un pueblo de veraneo que se quedó todo el año
Hasta bien entrado el siglo XX esto era un pueblo pequeño. En verano se llenaba de madrileños que venían a pasar el calor en chalets con jardín. Con el tiempo muchos se quedaron y el municipio creció hasta los más de 15.000 vecinos actuales.
Ese crecimiento se nota. Hay bloques de pisos junto a casas bajas y urbanizaciones de los años sesenta mezcladas con construcciones recientes. La carretera M‑608 atraviesa el pueblo y parte el centro en dos. Cruzarla a ciertas horas tiene su tráfico.
En la zona de La Ventilla aún quedan varias casas de veraneo de aquella época: una planta, muros de piedra y parcelas amplias con robles o madroños. Algunas se han reformado bastante; otras mantienen el aire original.
En otoño muchos vecinos salen al monte a por setas. El níscalo es lo habitual. Si ves a gente con cesta y bastón, seguramente van a eso.
Cómo llegar y cuándo ir
El tren de cercanías conecta con Madrid y para en Los Negrales o Mataespesa. Desde allí toca caminar, coger autobús o acercarse en coche hasta el centro.
Por carretera se llega desde la A‑6 tomando la salida hacia la zona de Guadarrama y enlazando con la M‑608. Entre semana el tráfico es llevadero; los fines de semana de invierno o nieve en la sierra la cosa se complica.
Primavera y otoño son los momentos más tranquilos. En verano hay más movimiento por las segundas residencias. Cuando nieva, que algunos inviernos ocurre, el pueblo se ralentiza bastante.
Lo que no vas a encontrar
No esperes un casco histórico grande ni monumentos en cada esquina. Esto es un pueblo que creció como lugar de veraneo y luego como zona residencial.
La hostelería es la habitual en municipios de paso de la sierra: bares de raciones, menús del día y parrillas de carne. Nada especialmente llamativo.
Alpedrete funciona más como parada que como destino largo. Puedes ver la iglesia, acercarte al dolmen y caminar hacia las canteras. Con un par de horas tienes una idea clara del lugar.
Si vas camino de Navacerrada o de rutas por el Guadarrama, parar aquí tiene sentido. Si buscas un casco histórico grande, mejor mirar otros pueblos de la sierra.