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sobre Collado Villalba
Capital de la sierra y centro de servicios; combina zonas comerciales con áreas naturales como la Dehesa
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Collado Villalba ocupa una posición peculiar dentro de la sierra madrileña. Está a las puertas del Guadarrama y, al mismo tiempo, forma parte del área metropolitana de Madrid. Esa doble condición explica buena parte de su carácter: un municipio grande para estándares serranos, con estación de cercanías y mucho movimiento diario, pero asentado en un terreno de granito y encinas que sigue respondiendo a la lógica de la sierra.
El casco antiguo —lo que muchos vecinos aún llaman Villalba Pueblo— conserva ese origen. Allí las calles son más estrechas, la piedra aparece en muchas fachadas y la plaza del Ayuntamiento mantiene soportales que durante siglos sirvieron de punto de reunión y resguardo. Con el crecimiento del siglo XX, el municipio se expandió hacia la zona de la estación, hoy el centro comercial y administrativo más activo de la comarca.
Entre caminos ganaderos
El territorio donde hoy está Collado Villalba fue, durante siglos, un lugar de paso. Por aquí discurrían rutas ganaderas vinculadas a la trashumancia que conectaba las dos mesetas. La cercanía de varias cañadas históricas explica que en la zona surgieran ventas, pequeños mercados y lugares donde cobrar ciertos derechos de paso.
La iglesia de Nuestra Señora del Enebral, situada en la parte más alta del casco antiguo, refleja ese pasado. El edificio actual se levantó entre los siglos XVI y XVII sobre construcciones anteriores y domina el pequeño promontorio donde se asentó el primer núcleo estable. Más que monumental, interesa por su posición: desde allí se entiende la topografía del pueblo y la relación con los antiguos caminos que cruzaban el collado.
La memoria del concejo abierto
En una de las calles del centro se conserva la llamada Piedra del Concejo. Se trata de una roca labrada con forma de banco corrido donde, según la tradición local, se reunía el concejo del pueblo cuando las decisiones se tomaban al aire libre. Este tipo de espacios no era raro en los pueblos castellanos: antes de que existieran edificios municipales, las asambleas vecinales se celebraban en plazas o junto a fuentes.
Muy cerca está el Caño Viejo, una de las fuentes históricas del municipio. Durante mucho tiempo fue un punto fundamental de abastecimiento de agua para el vecindario y el ganado que transitaba por la zona. Hoy el entorno se ha urbanizado, pero aún conserva algo del papel que tuvo como lugar de encuentro cotidiano.
La llegada del ferrocarril
El gran cambio llegó en el siglo XIX con el ferrocarril. La línea que conecta Madrid con el norte de la sierra convirtió a Collado Villalba en un nudo de comunicaciones y facilitó el crecimiento del municipio. A partir de entonces comenzaron a levantarse segundas residencias y, con el tiempo, barrios enteros vinculados a quienes trabajaban en la capital.
Durante la Guerra Civil la sierra del Guadarrama fue frente activo, y las infraestructuras ferroviarias de la zona tuvieron importancia estratégica. Aunque el casco urbano actual ha cambiado mucho, ese pasado todavía explica por qué la estación sigue siendo uno de los puntos más transitados del municipio.
Granito y paisaje serrano
El granito es el material dominante en toda esta parte de la sierra y aparece de forma constante en muros, viviendas antiguas y construcciones agrícolas. No es casualidad: durante siglos fue la piedra disponible y la que mejor resistía el clima de la zona.
En los alrededores del municipio hay pequeñas elevaciones y caminos que permiten entender la geografía local: la transición entre el piedemonte del Guadarrama y la llanura que desciende hacia Madrid. Desde algunos cerros cercanos se aprecia bien cómo el núcleo urbano ha ido creciendo hacia el sur mientras las zonas más próximas a la sierra mantienen un paisaje de dehesa y monte bajo.
Cocina de la sierra madrileña
La cocina local se mueve dentro de la tradición serrana de Madrid y Segovia. Los platos de cuchara —cocidos, guisos con legumbres, carnes de matanza— han tenido históricamente más peso que la cocina ligera. El clima frío del invierno y la vida rural marcaron esa forma de comer.
En celebraciones y reuniones familiares todavía aparecen dulces clásicos de la zona y recetas vinculadas a la matanza, costumbre que durante mucho tiempo formó parte del calendario doméstico de los pueblos de la sierra.
Cómo llegar y cuándo ir
Collado Villalba está bien comunicado con Madrid por la autovía A‑6 y por las líneas de cercanías que continúan hacia la sierra. La estación es uno de los principales puntos de acceso ferroviario a toda la comarca.
El municipio se puede recorrer con calma en una mañana, sobre todo el entorno del casco antiguo. Muchos visitantes lo utilizan también como base para moverse por la Sierra de Guadarrama o por localidades cercanas como Guadarrama, Alpedrete o El Escorial. En primavera y otoño el clima suele ser más agradable para caminar por los alrededores.