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sobre Pozuelo del Rey
Pequeño pueblo agrícola de la Alcarria madrileña; destaca por su iglesia monumental
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A primera hora, cuando el aire todavía está frío y los coches pasan muy de vez en cuando por la carretera que atraviesa el pueblo, el silencio se queda suspendido entre las casas bajas. En ese momento se entiende bien el turismo en Pozuelo del Rey: no gira alrededor de monumentos ni de calles espectaculares, sino de un paisaje tranquilo donde el campo empieza prácticamente en la última acera.
La iglesia parroquial, dedicada a Santa María Magdalena, aparece entre árboles y viviendas de una o dos alturas. La piedra clara cambia mucho según la hora del día: por la mañana tiene un tono gris apagado y al atardecer se vuelve más cálida. No siempre está abierta, como ocurre en muchos pueblos de la zona, así que conviene contar con verla solo por fuera si no coincide con algún momento de culto o actividad local.
Un pueblo pequeño en la Cuenca del Henares
Pozuelo del Rey está en la Cuenca del Henares, una franja de campiña donde el horizonte suele ser ancho y el relieve apenas interrumpe la vista. Desde casi cualquier calle se intuye ya el campo: parcelas de cultivo, caminos de tierra y líneas de árboles que marcan lindes antiguas.
El centro del pueblo es breve. Algunas calles mantienen casas de muros gruesos y patios interiores que se adivinan tras portones metálicos. En ciertos tramos aún aparecen paredes de piedra o revocos envejecidos donde el sol deja marcas desiguales. No es un casco histórico pensado para pasear durante horas, más bien un lugar que se recorre despacio, fijándose en detalles pequeños: una parra que cruza una fachada, el sonido de un gallo en algún corral cercano, el olor a leña en invierno.
Caminar hacia el campo
Lo más natural aquí es salir andando hacia los caminos que rodean el núcleo urbano. Basta alejarse unos minutos para que el asfalto desaparezca y empiecen las pistas agrícolas que usan los vecinos para llegar a las parcelas.
El paisaje cambia mucho según la estación. En invierno predominan los tonos terrosos y el aire suele ser más limpio, con bandadas de aves cruzando los campos abiertos. En primavera aparecen verdes intensos entre las parcelas recién brotadas. Cuando llega el verano, el color dominante pasa a ser el dorado seco de la campiña, y el suelo desprende ese olor polvoriento tan típico de la meseta después de varios días de calor.
Son recorridos sencillos, sin señalización turística ni itinerarios oficiales. Precisamente por eso conviene caminar con sentido común: seguir los caminos principales, respetar los cultivos y evitar meterse en fincas privadas.
Las fiestas del verano
Las celebraciones dedicadas a Santa María Magdalena suelen marcar uno de los momentos más animados del año, alrededor de mediados de julio. Durante esos días el ritmo del pueblo cambia: más gente en la calle al caer la tarde, música que se escucha desde la plaza y reuniones largas cuando baja el calor.
No es raro que aparezcan actividades relacionadas con la tradición agrícola o con las costumbres del municipio. Son fiestas pensadas sobre todo para los vecinos y para quienes tienen familia aquí, algo que se nota en el ambiente cercano.
Cuándo acercarse y qué tener en cuenta
La primavera suele ser la época más agradecida para caminar por los alrededores. El campo está vivo y la temperatura permite moverse sin demasiado esfuerzo.
En verano conviene evitar las horas centrales del día. El sol cae fuerte sobre la campiña y apenas hay sombras fuera del pueblo. Lo más sensato es salir temprano o esperar al atardecer, cuando el aire se mueve un poco y el paisaje se vuelve más suave.
El invierno tiene su propio ritmo: días fríos, luz corta y calles muy tranquilas. Si se viene en esa época, es mejor llegar por la mañana para aprovechar las horas de claridad.
Cómo llegar desde Madrid
Desde Madrid se llega en coche atravesando el corredor del Henares y tomando carreteras comarcales que se internan en la campiña. El trayecto no es largo, pero el último tramo discurre por vías secundarias entre campos abiertos.
También existen conexiones en autobús desde el área metropolitana, aunque los horarios suelen estar pensados para los desplazamientos cotidianos de los vecinos más que para una visita pausada.
Pozuelo del Rey no tiene grandes reclamos turísticos, y quizá por eso conserva una sensación de normalidad que cuesta encontrar cerca de Madrid. Un lugar donde basta caminar unos minutos para escuchar solo el viento moviendo las hierbas de los márgenes y algún tractor trabajando a lo lejos.