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sobre San Fernando de Henares
Real Sitio histórico con trazado ilustrado; unido urbanísticamente a Coslada
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San Fernando de Henares es como ese compañero de trabajo que te cae bien pero nunca invitas a cenar: está ahí, lo ves a diario, cumple su función, pero no se te ocurre preguntarle qué hace el fin de semana. Y mira que tiene cosas que contar.
El pueblo que fue palacio
La primera vez que vine a San Fernando de Henares fue por trabajo, como casi todo el mundo. Me bajé del tren y pensé: “Vale, otro dormitorio de Madrid con aires de grandeza”. Pero hay algo raro en San Fernando, algo que no encaja del todo con la imagen que te llevas cuando lo ves desde la A‑2.
La Plaza de España es ese algo. No es grande ni espectacular, pero te plantas ahí y de repente parece que alguien ha movido el calendario un par de siglos hacia atrás. La Real Fábrica de Paños —hoy Ayuntamiento— es uno de esos edificios que te colocan en otra época aunque dentro haya gente entrando y saliendo con café en la mano y el móvil en la otra. Si el patio interior está abierto, merece la pena asomarse: columnas, escaleras de piedra y ese aire de edificio público antiguo donde se tomaban decisiones importantes.
A unos minutos andando está el Castillo de Aldovea. O mejor dicho: el castillo que queda. Lo mandó levantar en el siglo XVIII el infante Luis Antonio de Borbón como residencia de recreo. Hoy el edificio no suele estar abierto para visitas normales; a veces se utiliza para rodajes o eventos, y lo más habitual es verlo desde fuera. Aun así, las torres y el recinto siguen teniendo presencia, sobre todo cuando llegas andando por los caminos de alrededor.
Donde el río suena
El Henares pasa por aquí, y eso siempre ayuda. No es un río de postal monumental, pero cambia bastante el paisaje de la zona. A un lado del municipio empieza el Parque Regional del Sureste, que es básicamente la escapatoria verde de todo este corredor.
Hay caminos de tierra que se meten entre árboles, huertas y zonas de ribera. No esperes rutas con paneles cada cien metros ni miradores preparados para la foto, pero sí senderos tranquilos donde caminar un rato y olvidarte de que Madrid está a poco más de quince kilómetros.
Dentro del parque está el Caserío de Henares, un centro ambiental donde suelen organizar actividades y talleres relacionados con el río y el entorno. Si vas con críos o simplemente te apetece entender un poco mejor el paisaje que tienes delante, es de los pocos sitios de la zona donde alguien se toma el tiempo de explicarlo.
Un consejo sencillo: llévate agua o algo de comer si vas a pasar la mañana. En cuanto sales del núcleo urbano, aquí no hay quioscos ni máquinas de refrescos.
La gastronomía que no existe (pero llena bares)
Buscando platos típicos de San Fernando de Henares encontré… pollo asado. Sí, tal cual. No una receta histórica ni un plato ligado al municipio desde hace siglos. Pollo asado de barrio.
Y, oye, la gente lo dice con bastante orgullo.
No hay una tradición gastronómica muy marcada, pero lo que sí hay son bares de toda la vida alrededor de la calle Mayor y las calles cercanas. Menú del día, raciones generosas y ese ambiente de barra donde se mezclan trabajadores, vecinos y alguno que ha salido a dar una vuelta.
No te voy a decir que aquí he comido algo que me cambiara la vida. Pero tampoco he tenido esa comida que te hace mirar el reloj deseando pagar e irte. Son bares de barrio en el sentido más literal: comida sencilla, cerveza bien tirada y conversación en la barra. A veces eso es justo lo que apetece después de caminar un rato por el río.
San Fernando, el día que no es San Fernando
Las fiestas patronales se celebran en mayo, alrededor de San Fernando Rey. El calendario suele ajustarse al fin de semana que toque ese año, así que conviene mirar el programa antes de venir.
Durante esos días la plaza y las calles cercanas se llenan de escenarios, peñas y casetas. Hay conciertos, procesión y bastante ambiente de barrio. No es una fiesta gigantesca, pero se nota que participa medio pueblo.
Curiosamente, en agosto pasa lo contrario. Mucha gente trabaja en Madrid y en cuanto llegan las vacaciones el municipio se queda bastante tranquilo. Algunos bares cierran unas semanas y puedes cruzar la Plaza de España sin ese trasiego habitual de diario. Tiene algo de ciudad en pausa.
Vale, ¿y ahora qué?
San Fernando de Henares no va a cambiarte la vida. Tampoco compite con pueblos históricos de la región que concentran más monumentos. Pero tiene algo que muchos sitios muy visitados han perdido: aquí la gente vive su vida normal.
Hay niños saliendo del colegio, vecinos haciendo la compra y gente que vuelve del trabajo en tren. Entre medias aparecen un castillo medio escondido, un ayuntamiento que fue fábrica real y un río que te deja caminar un rato sin ruido de coches.
Mi consejo: ven una mañana tranquila. Date una vuelta por la Plaza de España, entra al edificio de la antigua fábrica si está abierto, acércate al castillo y termina caminando hacia el parque del Henares con algo de comer en la mochila.
En dos o tres horas lo tienes bastante visto. Y te vas con la sensación de haber estado en un sitio que no está montado para turistas, sino para la gente que vive aquí todos los días. Que, a veces, también tiene su gracia.