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sobre Ajalvir
Municipio cercano a la capital que conserva tradiciones agrícolas; situado en una zona de transición entre la campiña y el área urbana
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A 35 kilómetros de Madrid, Ajalvir se asienta en el Medio Jarama, entre campos de cultivo y lomas suaves. Con algo menos de 5.000 habitantes, mantiene un ritmo tranquilo y una escala cómoda para recorrer a pie. El topónimo, de raíz árabe, recuerda que esta zona ha sido tierra de paso y de mezcla durante siglos.
Qué ver en Ajalvir
La Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol es el edificio que más marca el perfil del pueblo. Merece la pena acercarse también a la Plaza Mayor y perderse un rato por las calles del casco urbano, donde se aprecia la arquitectura popular: viviendas bajas, patios y tejados de teja curva.
En los alrededores mandan los campos de cereal, muy fotogénicos cuando cambian de color con la temporada. Hacia el valle, las riberas del Jarama aportan un paisaje distinto, con vegetación de ribera y buena presencia de aves.
Qué hacer
Los caminos agrícolas de la zona se prestan a paseos y rutas en bici de perfil suave, enlazando con municipios cercanos. Si te interesa el lado más gastronómico, la cocina de tradición —guisos, carnes asadas y producto de huerta— suele asomarse en la oferta local. Y si te tira el vino, en la Comunidad de Madrid han ido ganando presencia las catas y visitas en la región.
Fiestas y tradiciones
Las Fiestas Patronales de San Pedro Apóstol se celebran a finales de junio, con actos religiosos y actividades populares. En agosto suele haber fiestas de verano con programación variada, y la Semana Santa se vive con procesiones por el casco urbano. También se celebran los mayos en el mes de mayo, vinculados a la tradición primaveral.
Si solo tienes 2 horas
- Paseo por la Plaza Mayor y un par de calles del centro para tomarle el pulso al pueblo.
- Visita a la Iglesia de San Pedro Apóstol (aunque sea por fuera).
- Salida breve por algún camino rural de las afueras: en seguida estás entre campiña.
Errores típicos
- Ir en verano a mediodía: el calor aprieta y la campiña se hace dura a pie o en bici.
- Quedarse solo en el casco urbano: lo más agradecido está en los caminos y vistas abiertas.
- Salir sin agua ni gorra si vas a caminar fuera del pueblo: hay poca sombra en los campos.