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sobre Camarma de Esteruelas
Municipio en crecimiento cercano a Alcalá; conserva restos de su pasado mudéjar en un entorno de campiña
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Hay algo curioso en los pueblos que orbitan alrededor de Madrid. Se despiertan a la misma hora que media capital, pero aquí en vez de bajar al metro se oye arrancar una furgoneta de reparto o un tractor. Camarma de Esteruelas es bastante así: un pueblo que sigue teniendo ritmo de campo aunque Alcalá esté a un suspiro y Madrid no quede lejos. Aquí la gente se conoce, se saluda por la calle y suele saber de quién es cada perro que pasa.
La iglesia que creció con el pueblo
La primera vez que me fijé en la iglesia de San Pedro Apóstol tuve la sensación de que alguien había mezclado dos edificios distintos. La parte más antigua, más baja y redondeada, es románica y viene de la Edad Media. Encima aparecen añadidos posteriores de ladrillo que cambian bastante el aspecto.
No es raro en pueblos de esta zona: el templo original se quedó pequeño y con los siglos se fue ampliando. El resultado es un edificio un poco híbrido, pero con gracia. Si rodeas la cabecera se aprecia mejor lo antiguo.
Dentro hay imágenes y elementos que llevan aquí generaciones viendo pasar bautizos, funerales y fiestas patronales. Y en el ábside todavía se distinguen relieves del Tetramorfos que conservan ese tono gris gastado que solo dan muchos años encima.
Cuando el calendario del pueblo se llena
Camarma no es un pueblo parado. A lo largo del año siempre hay alguna excusa para juntarse en la calle.
En invierno se celebra San Sebastián, con una tradición que aquí llaman “caridad”: se reparten dulces entre los vecinos. Es de esas escenas donde la procesión huele más a azúcar que a incienso.
En verano llega la Virgen del Amor Hermoso, con las niñas vestidas de blanco acompañando la celebración. Y cuando acaba el verano vienen las fiestas patronales, que son las que realmente mueven al pueblo.
Durante esos días hay encierros, vaquillas y bastante vida en la calle. También una romería al cerro del Altillo que suele terminar alrededor de una caldereta que se reparte entre mucha gente. No es algo pensado para visitantes: es más bien el pueblo celebrándose a sí mismo.
Y en otoño aparece otra cita muy castiza: la fiesta de las gachas. Harina, aceite, pimentón… dicho así parece poca cosa, pero cuando se juntan varias cuadrillas alrededor del fuego la cosa se convierte en todo un ritual.
Campo abierto a las afueras
En cuanto sales un poco del casco urbano vuelve el paisaje típico de la campiña del Henares: parcelas de cereal, caminos agrícolas y horizontes bastante abiertos.
Por el término pasa la Cañada Real Galiana, una de las rutas históricas de la trashumancia. Hoy se puede recorrer andando o en bici. El terreno es llano, así que es de esos paseos en los que vas más pendiente del cielo y del viento que de las cuestas.
Si te apetece algo con un poco más de altura, por la zona también se puede subir hacia el cerro del Ecce Homo, ya en el entorno de Alcalá. Desde arriba se entiende bien cómo es toda esta comarca: pueblos separados por campos y carreteras comarcales que los conectan.
En primavera, cuando el cereal empieza a crecer, el paisaje cambia bastante. Los vecinos mayores todavía dicen aquello de “antes todo esto era campo”, aunque la verdad es que en Camarma todavía queda bastante.
Tortilla, vaquillas y orgullo de peña
Una de las cosas más comentadas de las fiestas es el concurso de tortilla de patata. Cada cuadrilla tiene su receta y su teoría: que si la patata de la huerta de un familiar, que si el punto de la cebolla, que si el aceite.
Más que un concurso serio, es una excusa para picarse un poco entre vecinos. Al día siguiente lo normal es escuchar debates sobre quién debería haber ganado.
Luego están las vaquillas, con un ambiente bastante de peña. Nada que ver con los grandes encierros de otras ciudades: aquí la plaza suele ser provisional y el que entra al ruedo lo hace porque quiere. Verás camisetas de peñas, padres mirando desde la barrera y críos intentando imitar a los mayores.
Es el típico ambiente de fiestas de pueblo que se entiende rápido en cuanto pasas un rato allí.
Cómo llegar y qué hacer al llegar
Camarma de Esteruelas está en la cuenca del Medio Jarama, cerca de Alcalá de Henares. Desde Madrid se llega en coche en algo menos de una hora, normalmente por la A‑2 y carreteras locales de la zona.
Una vez en el pueblo, lo más práctico es aparcar cerca del centro y moverse andando. La plaza de la iglesia marca bastante el ritmo del casco urbano. Desde allí puedes dar una vuelta tranquila por las calles cercanas y acercarte al antiguo lavadero, que hoy forma parte de un pequeño parque.
No es un lugar donde vayas tachando monumentos todo el día. Es más bien de pasear un rato, ver cómo funciona el pueblo y, si coincide con alguna fiesta, quedarse a mirar el ambiente. A veces ese tipo de plan es más que suficiente.