Artículo completo
sobre Fresno de Torote
Municipio que incluye la urbanización Serracines; destaca por su iglesia mudéjar en el núcleo antiguo casi despoblado
Ocultar artículo Leer artículo completo
El cartel cuelga torcido de una farola a la entrada. Advierte que el casco urbano es propiedad privada. Al cruzar el arco se entiende mejor el aviso. Esto también forma parte del turismo en Fresno de Torote.
Las casas son bajas, de tapial y teja. Muchas siguen en pie, pero están vacías. No se oye vida cotidiana. Solo el viento en la plaza y algún paso que resuena en la calle de la Iglesia. Desde finales del siglo XX casi nadie vive ya en este núcleo. La población del municipio se concentra hoy en Serracines, a pocos kilómetros.
El origen de un pueblo de señorío
Fresno nació ligado a la tierra y a quien la poseía. A mediados del siglo XV, Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, organizó aquí un pequeño núcleo agrícola. El objetivo era sencillo: asegurar mano de obra para los campos de cereal.
Las casas se agruparon en torno a la iglesia. Ese patrón se repite en muchos pueblos de la campiña del Jarama. La parroquia de la Asunción fue el centro religioso y también social.
Con el tiempo el lugar pasó por varias manos dentro de la nobleza vinculada a los Mendoza. La administración del término siguió ligada a las rentas agrícolas y ganaderas. Bajo la iglesia se enterraron algunos miembros de esa familia. Durante unas obras aparecieron restos asociados a uno de esos señores. El hallazgo confirmó una tradición que circulaba entre los vecinos.
Un casco histórico que sigue siendo privado
La situación jurídica de Fresno es poco habitual. Gran parte del casco histórico y de las tierras del entorno pertenecen a una propiedad privada desde hace generaciones.
Cuando desaparecieron los antiguos señoríos en el siglo XIX, muchas fincas cambiaron de régimen. Aquí el proceso fue distinto. Las tierras quedaron vinculadas a una gran explotación agrícola.
Por eso el antiguo pueblo no funciona como un núcleo urbano corriente. No hay actividad municipal dentro del recinto histórico. El día a día del municipio se desarrolla en Serracines, donde vive la mayoría de la población.
Ese contraste explica la sensación extraña al recorrer las calles de Fresno. El trazado sigue intacto, pero falta la vida que antes lo sostenía.
Historias que circulan alrededor del lugar
Alrededor de Fresno han circulado varias historias. Una de las más repetidas relaciona el pueblo con Francisco de Quevedo. La tradición local habla de un clérigo del lugar que habría inspirado uno de sus sonetos más conocidos. No existe documento que lo confirme.
Más cercana en el tiempo es la relación del entorno con la caza. Durante parte del siglo XX hubo fincas cinegéticas en esta zona del valle del Jarama. Algunas visitas de personajes públicos quedaron en la memoria oral de la comarca. Los detalles, sin embargo, no siempre están claros.
Qué ver hoy y cómo acercarse
Fresno de Torote se sitúa en la campiña del medio Jarama. El paisaje es abierto y agrícola. Predominan los cultivos de cereal y algunos olivares dispersos.
El acceso habitual se hace desde Serracines. Desde allí sale un camino que sigue el curso del arroyo de Torote. El recorrido es corto y llano. Entra al pueblo por la parte baja, cerca del antiguo lavadero.
La iglesia de la Asunción es el edificio más visible. Su volumen domina la pequeña plaza. El interior no siempre está abierto. Aun así, el exterior permite entender bien la escala del antiguo núcleo.
Conviene fijarse en la arquitectura doméstica. Muchas casas conservan muros de tapial reforzados con piedra en las esquinas. Los aleros de teja sobresalen bastante. Esa solución protegía los muros de la lluvia.
No hay servicios ni comercios en el casco antiguo. Lo práctico es llevar agua y mantener una visita breve y respetuosa. El pueblo se entiende mejor caminando despacio y observando cómo se organizaban sus calles.