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sobre Pedrezuela
Villa serrana junto al embalse; conserva su carta puebla medieval y arquitectura tradicional
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Pedrezuela está en la Cuenca del Medio Jarama, en un punto donde el valle del Guadalix se abre antes de que empiece la sierra. Durante siglos fue lugar de paso entre las tierras de Guadalajara, Segovia y el interior de Madrid. Ese cruce de caminos explica bastante bien el origen del pueblo. La carta de poblamiento que Alfonso XI otorgó en 1331 formalizó un asentamiento que tenía sentido precisamente por eso: el puente sobre el río y los caminos que convergían aquí.
Hoy el municipio supera los seis mil habitantes y forma parte de la corona norte de Madrid, con mucha vida diaria ligada a la capital. Aun así, algunos elementos del paisaje —las construcciones de pastores en los cerros o el embalse en el valle— recuerdan que hasta hace relativamente poco este era un territorio de ganadería y tránsito.
El documento que fundó un pueblo
La Carta Puebla de 1331 sigue teniendo presencia en la vida local. Cada septiembre suele leerse públicamente durante las fiestas vinculadas a su conmemoración, una manera bastante literal de recordar el momento en que el lugar quedó reconocido como núcleo de población estable.
El documento respondía a una necesidad política y práctica: asegurar un enclave en una zona que había sido frontera durante siglos y que controlaba el paso por el valle del Guadalix.
La iglesia de San Miguel, levantada en el siglo XVI sobre una construcción anterior, guarda una de las copias antiguas del documento. El edificio pertenece a ese gótico tardío bastante sobrio que aparece en muchos pueblos de la zona. Más que la decoración, importa la posición: la torre se levanta sobre el caserío y durante siglos funcionó también como referencia visible desde los caminos que llegaban al pueblo.
Los casítos: piedra ligada a la trashumancia
En los cerros que rodean Pedrezuela aparecen pequeñas construcciones circulares de piedra seca conocidas como casítos. El municipio conserva un número considerable, probablemente el mayor dentro de la Comunidad de Madrid.
Los documentos del siglo XVI mencionan estructuras similares con el nombre de “haros”. Servían como refugio para pastores que acompañaban rebaños trashumantes camino de los pastos de la sierra. Son construcciones muy simples: muros de piedra sin argamasa, planta circular de pocos metros y una entrada baja, normalmente orientada al sur para protegerse del viento.
La ruta que conecta varios de estos refugios discurre entre encinares y lomas suaves. No es un recorrido monumental ni especialmente señalizado en algunos tramos. Más bien funciona como una forma de entender cómo se utilizaba este paisaje cuando la ganadería trashumante todavía organizaba buena parte de la economía rural.
El embalse y la presa anterior
El embalse de Pedrezuela ocupa hoy el valle del Guadalix y forma parte del sistema de abastecimiento de agua de Madrid desde la segunda mitad del siglo XX.
Antes de esta infraestructura existió otra presa, conocida como la Presa del Mesto, construida a mediados del siglo XIX. Fue un intento temprano de regular el río para llevar agua a la capital, pero el proyecto no funcionó como se esperaba y apenas estuvo operativo durante un periodo muy breve. Cuando el nivel del embalse actual baja, todavía se pueden ver restos de aquella obra de piedra.
El entorno del embalse está incluido en espacios protegidos vinculados a la Red Natura 2000 y a zonas de especial protección para aves. No es un lugar preparado como zona de baño ni como área recreativa masiva. Lo que hay son pistas forestales, encinares y tramos de orilla donde a menudo se observan aves rapaces y acuáticas.
Un camino rodea buena parte del perímetro del agua. Mucha gente lo recorre andando o en bicicleta porque el desnivel es moderado.
El cabrito en la tradición local
Pedrezuela arrastra desde hace décadas una relación muy directa con el cabrito asado. La presencia de varios hornos tradicionales en el pueblo tiene que ver con su antigua situación junto a la carretera que conectaba Madrid con el norte peninsular, cuando muchos viajeros paraban aquí a comer.
La preparación es la habitual en la zona norte de Madrid: horno de leña, cazuela de barro y cabrito lechal. Es una cocina bastante directa, con pocas variaciones. En las mesas siguen apareciendo también postres tradicionales como las gachas dulces, hechas con harina, leche, anís y limón.
Más que una especialidad creada para atraer visitantes, es una continuidad de la cocina de siempre en un territorio ganadero.
Cómo moverse por el pueblo y el entorno
Pedrezuela está a unos 45 kilómetros de Madrid por la A‑1, con salida cercana al municipio. No tiene estación de tren, así que la llegada habitual es en coche.
El casco urbano se recorre rápido. Desde la iglesia de San Miguel se entiende bien la posición del pueblo sobre el valle y la llanura que se abre hacia el sur.
Quien quiera acercarse a los casítos suele empezar por los caminos que salen hacia los cerros cercanos al cementerio y las zonas de campo. Conviene llevar mapa o track porque no todos los refugios están señalizados de forma evidente.
Para ver el embalse hay varios accesos por pistas y carreteras secundarias que bajan hacia la presa o hacia distintos tramos de orilla.
La primavera y el otoño suelen ser los momentos más agradecidos para caminar por la zona: el valle está más verde y los senderos se recorren con temperaturas más suaves. Durante las fiestas vinculadas a la Carta Puebla, a comienzos de otoño, el pueblo organiza actividades y un pequeño mercado ligado a productores de la comarca. No está planteado como recreación turística a gran escala, sino como celebración local del origen del municipio.