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sobre Miraflores de la Sierra
Elegante villa de veraneo con fuentes y jardines; acceso a los puertos de la Morcuera y Canencia
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Hay pueblos que te reciben con un monumento. Miraflores no. Entras en coche y, en una de las curvas que bajan de la Morcuera, el coche se llena de olor a pino. Ese momento resume bastante bien el turismo en Miraflores de la Sierra: menos espectáculo y más sierra de verdad.
El pueblo que se inventó un nombre para impresionar a la reina
Miraflores no siempre se llamó así. Antes era Sajra, que suena más a medicamento que a pueblo. La historia que se cuenta por aquí es que, tras una visita de Isabel la Católica, alguien pensó que aquel paisaje merecía un nombre más vistoso. Y salió Miraflores. Si es verdad o no, ya es otra cosa, pero el nombre se quedó.
Lo primero que ves es el ayuntamiento con sus ocho columnas. Tiene algo de escenario improvisado. La gente se sienta en los escalones como si fueran butacas, mirando al valle. No hay mar, pero sí una panorámica amplia del Jarama que se abre delante del pueblo.
La iglesia que tardó décadas en terminarse
La iglesia de la Asunción es de esas obras que se tomaron su tiempo. Empezó a levantarse en el siglo XV y la cosa se alargó durante décadas. Cuando la miras con calma se entiende: piedra seria, proporciones grandes para un pueblo que en su día era bastante más pequeño.
El estilo se parece al de otras iglesias ligadas a los Mendoza en esta parte de la sierra. Si has pasado por Manzanares el Real o Buitrago, reconocerás ese aire. Dentro conservan una talla gótica de la Virgen que tradicionalmente sale en procesión a mediados de agosto, cuando el pueblo está lleno y el ambiente cambia bastante.
Setas, chuletones y piononos: tres motivos bastante serios
Si vienes con hambre, Miraflores suele girar alrededor de tres cosas muy concretas.
La primera son las setas cuando llega el otoño. En los pinares de alrededor aparece boletus, y durante unas semanas todo el mundo habla de lo mismo. El segundo asunto es la carne de la sierra, con esa etiqueta de Guadarrama que aquí se toma bastante en serio.
Y luego están los piononos. Pequeños, dulces y peligrosos si empiezas y no paras.
Por cierto, en invierno es fácil oír hablar de platos de bacalao ligados a la fiesta de San Blas. Es una tradición del pueblo más que un reclamo para visitantes, de esas cosas que siguen existiendo porque siempre se han hecho así.
El camino del embalse
Hay un sendero muy conocido por la gente del pueblo que baja hacia el embalse de Miraflores. No esperes pasarelas de madera ni miradores de postal. Es un camino sencillo, junto al agua y entre árboles, donde ves a gente paseando al perro o caminando sin prisa.
Si te animas a seguir subiendo por la zona de monte, acabas ganando altura hacia cumbres cercanas como el Pico de la Pala. No es una ascensión épica, pero sí lo suficiente para tener una buena vista del valle y del pueblo encajado abajo.
La Colonia y las casas de veraneo
A finales del siglo XIX empezó a pasar algo curioso: familias acomodadas de Madrid descubrieron que aquí arriba se dormía mejor en verano. Así nació la zona que se conoce como La Colonia.
Paseas por esas calles y aparecen chalés antiguos, algunos con nombres en la fachada como si fueran pequeñas fincas. No son palacios, pero sí recuerdan a aquella época en la que la sierra era el refugio contra el calor de la capital.
Con los años, muchas de esas casas dejaron de ser solo de verano. Hoy hay gente que vive aquí todo el año. Lo que empezó como escapada terminó siendo hogar.
¿Compensa venir a Miraflores?
Te lo digo como lo diría a un amigo: Miraflores no es el pueblo más espectacular de la sierra. Si buscas una foto muy concreta de casas medievales alineadas, hay otros sitios que juegan mejor esa liga.
Lo que tiene Miraflores es otra cosa. Está cerca de Madrid, sigue teniendo vida de pueblo y la sierra empieza prácticamente al salir de la última calle. Puedes pasear, comer bien y dar una vuelta por el monte sin montar un plan complicado.
Mi consejo es simple. Ven sin prisa, da una vuelta por la plaza, camina hacia el embalse y vuelve antes de que caiga la tarde. Es de esos sitios que funcionan mejor cuando no intentas exprimirlos demasiado.