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sobre Navarredonda y San Mamés
Municipio formado por dos pequeños núcleos en el valle del Lozoya; destaca por la cascada del Chorro
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Hay pueblos a los que llegas casi por accidente. Navarredonda y San Mamés son un poco eso: vas conduciendo por la Sierra Norte, enlazando curvas y más curvas, y de repente el asfalto se estrecha, el monte se te echa encima y aparece un pequeño núcleo de casas de granito. Ese momento en el que piensas: “vale, aquí la cosa va más despacio”.
Navarredonda y San Mamés están en una de las zonas más tranquilas de la Sierra Norte de Madrid. No porque haya algo que “ver” en el sentido clásico, sino porque el paisaje y la forma de vida siguen bastante pegados al terreno. Granito, praderas y bosque alrededor. Poco más… y, en realidad, tampoco hace falta mucho más.
Dos núcleos pequeños, mucha piedra y vida rural
Cuando entras en Navarredonda lo primero que llama la atención es lo compacto que es todo. Casas bajas, muros de granito bien colocados y portones de madera que parecen llevar ahí décadas. No hay grandes plazas ni edificios llamativos. Es más bien ese tipo de pueblo que se recorre sin darse cuenta mientras vas mirando detalles: una pila antigua, una cerca cubierta de musgo, un huerto todavía en uso.
La iglesia parroquial dedicada a San Bartolomé suele mencionarse como el edificio más antiguo del conjunto, con origen en el siglo XVI. No es una iglesia monumental; más bien sobria, de muros gruesos, de las que se construían pensando en aguantar inviernos duros.
San Mamés, a muy poca distancia, mantiene el mismo aire. Otro pequeño núcleo con arquitectura muy parecida: piedra, tejados rojizos y calles cortas. Da la sensación de que ambos pueblos han crecido lo justo para seguir funcionando, sin grandes cambios.
Lo que realmente hay alrededor: monte
Aquí lo interesante empieza cuando sales del casco urbano.
Los alrededores están llenos de robledales, praderas donde pasta el ganado y pequeños arroyos que bajan de la sierra. Hay senderos y pistas que utilizan vecinos y ganaderos, algunos señalizados y otros no tanto. Si te gusta caminar, basta con seguir uno de esos caminos y dejar que el paisaje haga lo suyo.
En los mapas aparecen cumbres cercanas como el Alto del Tolmo o elevaciones de la zona que miran hacia el valle del Lozoya. No son rutas técnicas, pero sí conviene llevar mapa o track porque el terreno se enreda rápido entre pistas forestales y caminos de ganado. Y en esta parte de la sierra el tiempo cambia con facilidad.
Un sitio para caminar sin demasiada agenda
Lo que suele funcionar aquí es algo muy simple: aparcar, caminar un rato por el pueblo y luego salir hacia el monte.
Sabes cuando vas sin prisa por un camino y lo único que oyes es el viento moviendo las ramas y alguna oveja a lo lejos. Pues ese tipo de paseo. Nada de miradores preparados ni rutas “de foto obligatoria”. Solo senderos de tierra y bosque alrededor.
En primavera el paisaje se vuelve muy verde y los prados se llenan de flores silvestres. En otoño, en cambio, los robles cambian de color y los caminos se cubren de hojas. En invierno no es raro que aparezca nieve o hielo, porque aquí las temperaturas bajan bastante.
Comer y seguir camino
La cocina de la zona sigue la lógica de la sierra: platos contundentes que ayudan a entrar en calor. Tradicionalmente se han preparado guisos con judías de la zona, chorizo, carnes estofadas o asadas. Comida sencilla, de la que apetece después de una caminata larga.
No es un lugar de grandes rutas gastronómicas; más bien de parar, comer algo caliente y continuar el día.
Un par de cosas prácticas antes de ir
Las calles dentro de los pueblos son estrechas. Si ves que hay poco espacio para maniobrar, suele ser mejor dejar el coche en la entrada y caminar unos minutos.
También conviene tener en cuenta dos cosas bastante típicas de la Sierra Norte:
- En invierno algunas carreteras secundarias pueden tener hielo.
- La cobertura móvil falla en varios puntos de la zona.
Nada dramático, pero es mejor saberlo antes de salir a caminar.
Si te acercas a Navarredonda y San Mamés con la idea de “tachar un sitio del mapa”, probablemente te sabrá a poco. Si vienes a dar un paseo tranquilo por la sierra y pasar unas horas entre monte y piedra… entonces encaja bastante bien. Es uno de esos lugares pequeños donde, más que hacer cosas, simplemente estás. Y a veces eso ya es suficiente.