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sobre Patones
Famoso por Patones de Arriba; pueblo de arquitectura negra de pizarra considerado uno de los más bonitos
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El turismo en Patones tiene mucho que ver con la geología del lugar. El pueblo se levanta en una ladera de pizarra, en el extremo oriental de la Sierra Norte de Madrid, donde los barrancos y los arroyos han ido recortando el terreno. Esa condición explica la forma del caserío: calles que trepan por la pendiente y casas construidas con la misma piedra oscura que aflora en el entorno.
El municipio ronda hoy los seiscientos habitantes y se organiza en dos núcleos distintos. Patones de Arriba es el asentamiento histórico, documentado desde la Edad Moderna, donde el caserío se adapta a la ladera mediante terrazas y callejuelas estrechas. Durante buena parte del siglo XX quedó bastante aislado, lo que contribuyó a que se conservara su arquitectura tradicional. Los fines de semana cambia el ambiente por la llegada de gente de Madrid, pero entre semana sigue teniendo un ritmo mucho más tranquilo.
Patones de Abajo, en el fondo del valle, creció más tarde. Allí se concentran el ayuntamiento, las viviendas más recientes y los servicios básicos. El traslado progresivo de la población desde el núcleo alto se produjo sobre todo a mediados del siglo pasado, cuando vivir arriba empezaba a resultar poco práctico.
Patrimonio y arquitectura
El núcleo de Patones de Arriba fue protegido como conjunto histórico en la década de 1970. Lo que se protege, en realidad, es una forma de construir muy ligada al terreno: muros de pizarra colocada en seco o con mortero, cubiertas de teja y un trazado urbano que sigue las curvas de nivel de la ladera.
La pequeña iglesia de San José ocupa uno de los puntos centrales del pueblo alto. El edificio es sencillo y responde a reformas sucesivas realizadas a lo largo de los siglos. Más que por su tamaño, interesa por cómo se integra en la plaza y en la trama de calles que la rodean.
En Patones de Abajo se encuentra la parroquia dedicada a la Virgen de la Oliva, vinculada a una antigua devoción local. El edificio actual es relativamente reciente si se compara con el caserío tradicional del pueblo alto.
Caminos y paisaje alrededor del pueblo
El paisaje que rodea Patones es áspero, dominado por laderas de pizarra, encinas dispersas y matorral mediterráneo. Durante siglos se utilizó para el pastoreo y para actividades como la obtención de carbón vegetal, de ahí que aún aparezcan senderos que conectaban corrales, huertos y pequeños bancales.
Hoy varios de esos caminos se utilizan como rutas de senderismo. Algunos salen desde el propio Patones de Arriba y recorren las lomas cercanas, desde donde se entiende bien cómo se encaja el pueblo en la pendiente. En primavera el monte bajo se llena de flores; en verano conviene madrugar porque apenas hay sombra.
Las paredes de roca de los alrededores también atraen a gente que practica escalada, sobre todo en ciertos sectores del valle.
Cocina de la zona
La cocina que se asocia a Patones es la de la sierra madrileña: platos contundentes pensados para jornadas de campo y de invierno. El cordero asado, las migas o distintos guisos de legumbres aparecen con frecuencia cuando se habla de la tradición culinaria de la zona. También son habituales las verduras de temporada procedentes de huertas cercanas al valle del Jarama.
Cómo organizar una visita breve
Lo habitual es dejar el coche en Patones de Abajo y subir andando hasta Patones de Arriba. El camino principal tarda alrededor de un cuarto de hora y gana altura con rapidez, así que conviene tomárselo con calma.
Una vez arriba, lo mejor es caminar sin prisa por las calles que ascienden entre las casas de pizarra. El pueblo no es grande y en una hora se recorre entero. Desde varios puntos del borde del caserío se abren vistas hacia el valle y hacia las lomas que rodean el municipio.
Consejos prácticos
Los fines de semana suele haber bastante movimiento y el aparcamiento en el pueblo bajo se llena pronto. Si se busca algo de tranquilidad, compensa llegar temprano o entre semana.
Las calles de Patones de Arriba son empinadas y con tramos empedrados. Un calzado con buena suela ayuda, sobre todo si ha llovido. En verano el sol pega fuerte en las laderas abiertas; en invierno el viento puede hacerse notar en las zonas más altas.