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sobre Prádena del Rincón
Pueblo de la Sierra del Rincón con encanto rural; su iglesia conserva una necrópolis medieval visitable
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En el extremo noreste de la Comunidad de Madrid, donde la Sierra Norte se encaja entre valles y laderas, está Prádena del Rincón. Con unos 150 habitantes y a 1.104 metros de altitud, conserva ese aire de pueblo serrano tranquilo: piedra, pizarra, madera y calles que se recorren sin prisa.
Qué ver
La iglesia parroquial de San Blas, de origen medieval y reformada después, marca el centro. Merece una vuelta alrededor para fijarse en la fábrica de piedra y en el campanario, que domina el perfil del pueblo.
En el casco urbano se reconoce la arquitectura popular serrana: casas de mampostería, tejados de pizarra y balcones de madera. Los lavaderos y algunas fuentes de piedra completan esa imagen sencilla de la vida rural.
A pocos pasos del pueblo empieza el entorno natural, con roble melojo y pino silvestre, y manchas de caducifolio que en otoño cambian el tono del paisaje.
Qué hacer
Hay opciones de paseos y rutas de senderismo por pistas y sendas tradicionales que conectan con otras localidades de la Sierra Norte. La altitud y el terreno piden calzado decente, incluso en recorridos cortos.
La observación de fauna funciona si se va con calma y a primeras o últimas horas: corzo, jabalí y rapaces forman parte del día a día del monte. En temporada, la búsqueda de setas aparece como actividad ligada a la zona; conviene informarse bien y actuar con prudencia.
Si solo tienes 2 horas
- Vuelta por el casco: iglesia, lavaderos, fuentes y las calles principales.
- Salida breve a las afueras para asomarte al valle y volver sin meterte en rutas largas.
Errores típicos
- Llegar sin abrigo “porque es Madrid”: aquí refresca en cuanto cae el sol, incluso en verano.
- Confiarse con la cobertura: puede flojear; lleva el mapa descargado si vas a caminar.
Información práctica
Desde Madrid se llega por la A-1 hasta Buitrago del Lozoya y después por carreteras comarcales hacia la zona. En el pueblo conviene moverse a pie: es pequeño y se disfruta más despacio.