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sobre Chapinería
Pueblo serrano rodeado de encinares; cuenta con un palacio histórico y un entorno natural protegido
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El turismo en Chapinería empieza entendiendo el material del que está hecho el pueblo. El granito berroqueño aparece en los muros, en los cercados y en buena parte del pavimento. Es la misma piedra que se extrae desde hace siglos en la sierra cercana y la que también se utilizó en grandes obras de la Comunidad de Madrid, entre ellas el monasterio de El Escorial. Aquí no hay monumentalidad cortesana, pero sí un uso constante de ese material duro que marca el aspecto del casco urbano.
Chapinería se sitúa en la Sierra Oeste, en una zona de transición entre la sierra y la campiña del Alberche. Ese paisaje explica bastante bien su historia: dehesas, caminos ganaderos y pequeños núcleos que crecieron al abrigo de rutas interiores.
El granito y el tiempo
La formación del pueblo suele situarse en la Baja Edad Media, cuando estos territorios empezaron a organizarse en aldeas estables tras siglos de uso ganadero estacional. Antes de eso el entorno funcionaba sobre todo como zona de paso para rebaños trashumantes.
Sobre el origen del nombre hay varias interpretaciones. Una de las más repetidas lo relaciona con el chapín, un tipo de calzado con suela elevada que protegía del barro. No es fácil saber hasta qué punto es exacto, pero sí da una pista del terreno: suelos húmedos en invierno y caminos poco firmes durante buena parte del año.
La iglesia de Nuestra Señora de la Concepción ocupa el punto más alto del casco. Su fábrica principal corresponde al siglo XVI, en un momento en que muchas iglesias de la zona se ampliaron o reconstruyeron. La arquitectura es sobria, cercana al lenguaje herreriano que se difundió en tiempos de Felipe II. El interior se transformó más tarde; el retablo mayor responde a gustos barrocos posteriores. Desde el entorno de la iglesia se entiende bien la lógica del asentamiento: control visual sobre el caserío y sobre los caminos que comunicaban la zona con San Martín de Valdeiglesias.
Los que dejaron huella
Uno de los nombres que aparece ligados al pueblo es el de Eloy Gonzalo, conocido después como el llamado “héroe de Cascorro”. Antes de su participación en la guerra de Cuba sirvió como guardia civil destinado en Chapinería siendo muy joven. El episodio se recuerda en el municipio con cierta discreción, como parte de la historia local más que como relato épico.
Otro edificio que llama la atención es el llamado Palacio de la Sagra. Se trata de una construcción vinculada a actividades cinegéticas de la nobleza en la zona, probablemente levantada en época moderna. Hoy alberga un pequeño museo etnográfico donde se conservan herramientas agrícolas, utensilios domésticos y piezas relacionadas con los oficios tradicionales. No son objetos excepcionales, pero ayudan a entender cómo se trabajaba en esta parte de la Sierra Oeste hasta bien entrado el siglo XX.
El refugio y la cruz
En los caminos que rodean Chapinería todavía aparecen pequeñas construcciones asociadas a la circulación antigua. Una de las más conocidas es el refugio conocido como El Bombo, levantado junto al antiguo camino hacia San Martín de Valdeiglesias. Servía de resguardo para arrieros, pastores o viajeros cuando el trayecto se hacía a pie o a caballo. La estructura es sencilla: muros de mampostería gruesa, cubierta inclinada y un hogar interior.
Más cerca del casco urbano se conserva un Vía Crucis de piedra que asciende hacia la ermita del Santo Ángel de la Guarda. Las cruces están talladas en granito y marcan las catorce estaciones tradicionales. La ermita, de construcción humilde, se levanta directamente sobre las lanchas de granito del terreno. En la segunda mitad del siglo XX fue desmontada y recolocada unos metros más arriba debido a las obras de la carretera.
Cuando el pueblo respira
La Semana Santa mantiene un carácter muy local. La cofradía de los Cuatro Pasos reúne a vecinos que recorren las calles del casco antiguo con las imágenes, en un ambiente bastante sobrio.
Alrededor del pueblo se extiende una dehesa de encinas y robles bien conservada. Desde el Centro de Educación Ambiental El Águila parten varios itinerarios señalizados que atraviesan estas zonas. Algunas rutas pasan por pequeñas lagunas estacionales y por antiguas fuentes que durante décadas sirvieron para el abastecimiento cotidiano.
No son caminos espectaculares en el sentido montañero. Son recorridos tranquilos que ayudan a entender cómo se relacionaba el pueblo con su entorno inmediato: pastos, huertas, zonas de leña.
Cómo llegar y qué encontrar
Chapinería está conectada con Madrid por la carretera M‑501, en dirección a San Martín de Valdeiglesias. El trayecto desde la capital ronda la hora en coche, dependiendo del tráfico. También hay líneas de autobús interurbano que enlazan con el intercambiador de Príncipe Pío.
El casco urbano se recorre sin dificultad a pie. Iglesia, palacio‑museo, ermita y el Vía Crucis quedan a poca distancia entre sí. Más allá de esos puntos concretos, merece la pena fijarse en la arquitectura popular: muros de granito, patios interiores y casas levantadas con materiales de la propia zona. Ahí se entiende mejor cómo ha evolucionado el pueblo a lo largo de los siglos.