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sobre San Martín de Valdeiglesias
Capital de la Sierra Oeste; destaca por su castillo y el Pantano de San Juan (la playa de Madrid)
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Si vienes a hacer turismo en San Martín de Valdeiglesias, lo primero es resolver el coche. El centro es antiguo y las calles son estrechas. Aparca en las zonas de entrada al casco y baja andando. En verano y fines de semana la cosa se complica porque medio Madrid tira hacia el embalse.
Llegas por la M‑501 y lo primero que aparece es el castillo. Piedra del siglo XV, sin adornos. El Castillo de la Coracera vigila el valle desde que Álvaro de Luna lo mandó levantar. Aquí durmió Isabel la Católica en 1468 después de firmar los Toros de Guisando. Hoy el interior suele estar vacío, pero al menos no lo han llenado de tiendas ni recreaciones raras.
El pueblo que hay
San Martín ronda los 9.000 habitantes y funciona como cabecera de la zona. El centro tiene lo esperable: calles empinadas, casas bajas y bastante piedra.
La Iglesia de San Martín ocupa medio perfil del casco antiguo. Es del siglo XVI y se le notan influencias herrerianas. Grande, sobria. No es un edificio que te haga venir desde lejos, pero si estás aquí merece la vuelta alrededor.
El conjunto histórico se protegió en los años sesenta, cuando todavía no todo pueblo buscaba esa etiqueta.
El embalse que cambió todo
El embalse de San Juan explica buena parte de lo que es hoy San Martín. Se construyó a mediados del siglo XX y cambió la economía local. Antes había cereal y algo de olivo. Después llegaron las segundas residencias.
En agosto el ambiente es de sombrillas, radios y motos de agua. Mucho movimiento. El resto del año se puede pasear con más calma, aunque nunca está vacío.
La llamada playa es artificial, con arena traída. El agua suele estar clara porque entra del Alberche. Se puede nadar, pero el fondo es blando y algo embarrado. Mejor llevar chanclas.
Lo que se come aquí
Las patatas revolconas aparecen en muchas cartas de la zona. Patata machacada con pimentón, chorizo y tocino. Platos de cuchara que no buscan ser ligeros.
El arrope es otro clásico local: mosto cocido durante horas con fruta. Dulce oscuro, bastante denso. Receta de casa más que de restaurante.
En verano el ambiente cambia bastante. Llegan muchos madrileños a pasar el día y los bares se llenan rápido.
Caminar por los alrededores
La llamada ruta de las ermitas enlaza varias capillas pequeñas por los cerros cercanos. Son unas tres horas largas, con bastante sube y baja. No esperes miradores espectaculares. Es más bien un paseo por monte bajo y caminos antiguos.
La señalización a veces se pierde. Lleva agua y un mapa en el móvil. Más de uno acaba en el cementerio buscando la ermita de la Salud.
A pocos minutos en coche está el Bosque Encantado, un jardín con figuras vegetales recortadas. Animales, setas gigantes y cosas así. Suena kitsch, pero a los niños les hace gracia.
Consejo claro
Evita los fines de semana fuertes de julio y agosto si no te gustan las multitudes. El pueblo se llena y el embalse más.
Si puedes elegir, ven entre semana o en primavera. Aparca arriba, baja andando al castillo, da una vuelta por el casco y luego decide si te acercas al agua.
Con una mañana larga lo ves todo. Y tampoco pasa nada. San Martín es eso: un pueblo grande de la Sierra Oeste que vive entre el castillo y el embalse. Sin más vueltas.