Artículo completo
sobre Abanilla
Ocultar artículo Leer artículo completo
El 3 de mayo, cuando el sol aún no ha castigado la ladera, la gente de Abanilla sube hacia Mahoya. No es una procesión al uso: es la romería de la Santa Cruz, donde el conejo frito en fiambreras es el protagonista de una jornada en la sierra. La subida permite entender el nombre del municipio: Al-Bayada, "la blanca", un reflejo de la cal que cubría las fachadas para mitigar el impacto del sol murciano.
La geografía que dicta el trazado
Abanilla se asienta en un repliegue del Prebético donde el terreno se fractura en barrancos que drenan hacia el Chícamo. Este río, de caudal intermitente, ha condicionado el asentamiento humano desde época argárica. A 222 metros de altitud, la sierra de Quibas actúa como barrera natural al norte, obligando a una disposición urbana en terrazas. El casco antiguo funciona como una escalera que asciende hacia el cerro Testigo, donde se ubicó el castillo del que hoy solo restan cimientos bajo la vegetación. La caliza del entorno fue el material empleado para levantar la iglesia de San José entre 1700 y 1750, bajo la influencia de la Orden de Calatrava, que ejerció el señorío sobre estas tierras.
Huellas de un pasado fronterizo
El yacimiento de Quibas conserva restos paleontológicos del Pleistoceno inferior, mucho antes de que el paisaje se transformara en el mosaico de olivos y almendros actual. Los árabes configuraron el sistema de regadío que aún define la vista desde la carretera de Barinas: bancales de tierra roja que en marzo se cubren de flor. Tras la conquista, los caballeros de Calatrava recibieron Abanilla en 1287, manteniendo el control hasta la desamortización de Mendizábal en 1836. De este periodo de transición cultural dan fe las Ordenanzas Mudéjares de 1422, un documento que regulaba la convivencia y que incluía restricciones explícitas sobre las prácticas religiosas de los moriscos.
Tradiciones y memoria local
La romería de la Santa Cruz es el momento en que los abanilleros ocupan la sierra. Por su parte, los Moros y Cristianos, que se celebran el primer fin de semana de mayo, tienen un origen reciente: surgieron en 1984 como una forma de reivindicar el archivo histórico local. La Semana Santa mantiene un carácter austero, especialmente durante el Silencio del Jueves Santo, donde la procesión transcurre a la luz de los cirios desde la plaza hasta la iglesia.
Caminar por el terreno
La ruta de las Ermitas conecta Mahoya, San Antón y Santa Ana en un recorrido de ocho kilómetros. El sendero del Chícamo desciende cinco kilómetros hasta el nacimiento del río; el estado del cauce depende estrictamente de la pluviometría estacional. La subida al castillo, de unos tres kilómetros, ofrece una perspectiva clara de la vega del Segura y explica la importancia estratégica de Abanilla como avanzadilla de Orihuela. Asimismo, la ruta de los Barrancos hacia Barinas permite observar los muros de piedra en seco, una técnica constructiva necesaria para evitar la erosión de los bancales en terrenos con pendiente.
Notas prácticas
Abanilla se encuentra a unos 40 minutos de Murcia por la A-30 y a 25 de Orihuela. No cuenta con conexión ferroviaria; el transporte público depende de las líneas de autobús que conectan con la capital. El casco urbano se recorre a pie en una tarde, siguiendo el eje que va desde la iglesia de San José hasta la fuente, pasando por la escalera de la Concepción. En primavera, las temperaturas son adecuadas para las rutas de senderismo, mientras que en agosto el calor condiciona cualquier actividad al aire libre. Si se planea la visita durante los primeros días de mayo, es conveniente prever la alta ocupación de los alojamientos rurales debido al retorno de los vecinos que residen fuera.