Artículo completo
sobre Cieza
Ocultar artículo Leer artículo completo
El melocotón florece antes que el almendro. En Cieza, la primavera comienza en marzo cuando miles de hectáreas de frutales se tiñen de rosa y el río Segura arrastra el deshielo de las sierras interiores. Desde el mirador del yacimiento de Medina Siyasa, el valle se percibe como una estructura agrícola encajada entre los relieves áridos de la Región de Murcia.
La ciudad que bajó de la loma
Los ciezanos no siempre habitaron la vega. Hasta el siglo XV, la población se concentraba en el cerro que domina el municipio actual: allí los musulmanes fundaron Medina Siyasa, aprovechando un meandro del Segura como defensa natural. La ciudad contaba con aljibes, baños y una mezquita, cuyos restos se conservan en el Museo de Siyasa. Sin embargo, la orografía del cerro limitaba el crecimiento y el acceso al agua era complejo.
Cuando la Orden de Santiago tomó el control en 1272, el traslado a la llanura se volvió inevitable. La frontera con el Reino de Granada marcaba la vida de sus habitantes; el 6 de abril de 1477, las tropas de Abu-l-Hassan atacaron Cieza mientras la población cruzaba el puente de la Huerta. El lema del escudo municipal —"Por pasar la Puente nos dieron la muerte"— es el testimonio histórico de aquel episodio. Tras la reconquista, el núcleo urbano se consolidó en el valle, donde el sistema de regadío permitió transformar la economía local.
El cañón de Almadenes y el arte rupestre
Bajo el casco antiguo, el Segura ha excavado un cañón de paredes verticales que alcanza los 120 metros de altura: el Almadenes. Esta garganta concentra uno de los conjuntos de arte rupestre más significativos del sureste peninsular, con más de cincuenta abrigos que forman parte del Patrimonio Mundial. La Sima de la Serreta, situada en un barranco de espartales, conserva pinturas que se superponen en tres etapas: neolítico, edad del bronce y mundo ibérico. La senda que bordea el cauce permite observar la huella de antiguos molinos, como el de Teodoro, que mantuvo su actividad desde el siglo XV hasta mediados del XX.
La memoria del esparto
A finales del siglo XIX, la economía ciezana dependía de la fibra de esparto. La planta se recolectaba en las sierras, se trataba en las "bateas" del río y se transformaba en cuerdas, alpargatas o cestos. El Museo del Esparto, ubicado en una casa señorial del siglo XVIII, documenta este oficio a través de tornos, rozaderas y prensas. La industria decayó en los años sesenta con la llegada de los materiales plásticos, pero el museo conserva piezas de gran valor etnográfico, como una trenza de cinco metros utilizada antiguamente para medir las dimensiones de las eras de trilla.
Floración y tradición
La floración de los melocotoneros suele coincidir con la Semana Santa. Durante esos días, el paisaje se transforma y las procesiones recorren las calles del centro. La cofradía de los Coloraos, fundada en 1593, custodia una imaginería que forma parte de la identidad local. La Semana Santa ciezana se caracteriza por el uso del tambor, que marca el ritmo desde el Viernes de Dolores hasta el Domingo de Resurrección, alternando momentos de estruendo con el silencio ritual del "toque de callada".
Notas para el recorrido
Cieza se encuentra a unos 40 kilómetros de Murcia por la A-30. Si el objetivo es recorrer los campos de floración, conviene llevar calzado adecuado, ya que el terreno suele estar húmedo o embarrado en marzo. La senda del Almadenes requiere precaución y buen agarre.
En cuanto a la gastronomía, el recetario local refleja su origen agrícola. El gazpacho viudo —elaborado con conejo, pimiento y tomate, sin huevo— es una constante en la cocina tradicional, al igual que las migas ruleras, que tradicionalmente se acompañan con uva o panceta. En el mercadillo que se celebra el primer domingo de cada mes en la zona de los Frailes es posible encontrar variedades locales de fruta y repostería artesana.