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sobre Jumilla
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Aparca en la subida al castillo. Es gratis y te ahorras dar vueltas por el centro, que suele ser estrecho. Desde arriba verás el valle: 3.000 horas de sol al año y agua justa para que el monastrell trabaje.
El peso del vino
La Denominación de Origen tiene solera desde 1966, pero aquí se pisa uva desde que los romanos dejaron restos de cerámica. Hay más de 20 bodegas. No hace falta visitarlas todas. Con dos tienes suficiente para entender cómo un pueblo de casi 28.000 habitantes se organiza en torno a la cepa. En agosto, la Vendimia llena la calle: cada barrio monta su peña y el consumo de vino se dispara.
El castillo: historia de frontera
El castillo lo reconstruyó en 1461 Juan Pacheco, Marqués de Villena, sobre una base de origen árabe. No es un palacio: son muros gruesos, almenas y vistas secas hacia la Sierra del Carche. La entrada es barata y dentro hay un museo arqueológico pequeño. Desde la torre se entiende por qué Jumilla fue plaza estratégica cuando Castilla y Aragón se disputaban el territorio.
Cocina de cuchara
El gazpacho jumillano es un guiso de torta de pan, conejo, patata y especias. Se come caliente en invierno. Si pasas por aquí en abril, busca las gachasmigas: harina, agua, aceite, chorizo y panceta. El queso de cabra al vino lo encuentras en casi cualquier tienda local. En Semana Santa, las panaderías sacan el bollo de la Rueda, un dulce con anís que solo verás esos días.
Recorrido por el centro
El casco antiguo se recorre en un par de horas. La Iglesia de Santiago tiene un Cristo Yacente de José Capuz que aún conserva el policromado original. El Teatro Vico mantiene la gradería de madera de 1917, algo poco frecuente en la Región. Cerca del parque verás el Casón, un mausoleo romano del siglo V que sobrevivió siglos usándose como almacén de aperos.
Sierra o ruta de viñedos
Si buscas caminar, la Sierra del Carche tiene rutas que alcanzan los 1.300 metros. El paisaje es árido y huele a tomillo. Si prefieres algo más tranquilo, hay senderos entre viñedos que se hacen bien a pie o en bici. Casi todas las bodegas permiten catar sus vinos al finalizar la visita; consulta precios antes de entrar.
Consejo: Evita el verano. El termómetro supera los 35 ºC y la vida en la calle se paraliza de dos a cinco de la tarde. Si vienes en coche, cuenta con que las distancias entre las bodegas y el casco urbano son largas. Jumilla es un pueblo de secano que ha aprendido a vivir del sol y de la vid. No esperes otra cosa.