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sobre Águilas
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Águilas es ese sitio del que oyes hablar poco, pero cada vez que alguien va vuelve diciendo: “Oye, pues está muy bien”. No tiene la fama de otros rincones de la costa murciana, y quizá por eso se disfruta más tranquilo. Este municipio de 37.811 habitantes se extiende a los pies de la sierra de la Carrasquilla, con el castillo vigilando desde arriba y el Mediterráneo marcando el ritmo del día a día.
Lejos de los circuitos turísticos masificados, Águilas conserva una vida cotidiana muy ligada al mar. La pesca sigue teniendo peso real, no solo como reclamo. Sus más de 35 playas y calas se reparten en unos 28 kilómetros de costa. Hay arenales urbanos cómodos y calas algo más salvajes donde, si te organizas bien, puedes estar casi solo en temporada baja. Aquí el mar es trabajo, ocio y paisaje a la vez.
La gastronomía marinera, el patrimonio histórico y un clima con muchos días de sol al año hacen que el turismo en Águilas tenga sentido tanto para una escapada como para una semana entera sin mirar el reloj. Los carnavales, declarados de Interés Turístico Internacional, cambian por completo el ambiente del pueblo durante febrero. Pasa de ritmo calmado a fiesta continua en cuestión de horas.
Playas y calas
El Castillo de San Juan de las Águilas domina el casco urbano desde lo alto del monte donde se asienta. Esta fortaleza del siglo XVIII, construida sobre restos de una anterior fortificación renacentista, permite ver toda la bahía y entender mejor cómo se ha organizado siempre la vida alrededor del puerto. La Torre de Cope, también del XVIII, formaba parte del sistema defensivo costero contra los ataques berberiscos.
El patrimonio arqueológico se nota en la Isla del Fraile, un islote rocoso unido a tierra por un istmo donde se conservan restos de unas termas romanas. Ahí te haces una idea rápida de lo que suponía esta costa en tiempos del Imperio Romano y su relación con las minas cercanas.
En el casco urbano manda la Plaza de España, auténtico punto de encuentro diario. Está rodeada de edificios modernistas como el antiguo Casino y el Ayuntamiento. La iglesia de San José, de principios del siglo XX, mezcla estilos sin hacer ruido pero con personalidad propia. Si te interesa la arquitectura religiosa sencilla y bien integrada en el paisaje costero, la ermita de Cope tiene ese algo especial por su ubicación frente al mar.
El Museo de Carnaval ayuda a entender por qué esta fiesta no es solo “unos días locos” sino parte seria (y orgullosa) de la identidad aguileña. Hay trajes, fotos e historias que ponen contexto a lo que luego ves en febrero. Muy cerca, el Museo Arqueológico reúne piezas que cuentan cómo se ha vivido aquí desde la Prehistoria hasta hace cuatro días.
El pueblo por dentro
El litoral aguileño anima a ir parando sin prisa. Playa Amarilla, con arena dorada y aguas tranquilas, funciona bien si vas con críos o simplemente quieres entrar y salir del agua sin complicarte. Cala de la Carolina y Cala del Charco encajan mejor si buscas algo más calmado fuera del núcleo urbano principal. La playa de Levante combina paseo marítimo clásico con agua limpia para bañarse sin alejarte mucho del centro. Y Cala de los Cocedores tiene ese punto más salvaje que compensa un acceso algo menos directo.
El sendero del litoral permite recorrer varios kilómetros junto al mar enlazando calas pequeñas y zonas rocosas curiosas. La llamada ruta de las Cuatro Calas (La Higuerica, Carolina, Morcillo y la Cola) suele disfrutarse más en primavera u otoño. Las temperaturas acompañan mejor para caminar y no vas todo el rato pensando en dónde está la siguiente sombra.
Los fondos marinos alrededor de Águilas tienen bastante tirón para quien bucea o hace snorkel con ganas reales, no solo “para probar”. La Reserva Marina de Cabo Cope y Puntas de Calnegre protege praderas de posidonia y zonas rocosas donde asoman bastantes especies mediterráneas si vas con calma.
La gastronomía local gira alrededor del pescado fresco que entra cada día por el puerto. El arroz caldero bien hecho llena sin empachar si lo compartes entre varios. Las migas con pescado recuerdan esa cocina humilde pero contundente que apetece cuando refresca un poco o después de un buen baño largo. Los salazones y las huevas forman parte del picoteo clásico en cualquier mesa aguileña mínimamente seria.
Calendario festivo
El Carnaval de Águilas, en febrero, es “la semana grande” elevada al cuadrado. Más que ir un día suelto a ver un desfile concreto, lo suyo es cuadrar agenda para vivir varias jornadas seguidas si te van este tipo de fiestas largas con mucha callejera.
Las fiestas patronales en honor a Nuestra Señora del Carmen, en julio, mantienen su vínculo directo con el mar mediante una procesión marinera muy arraigada entre las familias pescadoras. En septiembre, las celebraciones ligadas a San Antonio mezclan actos religiosos con verbenas donde participa medio pueblo.
La Semana Santa también tiene peso propio aquí. Las procesiones bajan por las calles estrechas hasta llegar hacia la zona portuaria. Cuando coincide buena luz al atardecer se forman imágenes bastante potentes sobre el agua casi sin buscarlo.
Cómo llegar y cuándo ir
Para llegar a Águilas desde Murcia capital, situada a unos 105 kilómetros, se toma la autovía A-7 dirección Almería hasta la salida 888. El trayecto suele rondar la hora larga según tráfico. Desde Almería (unos 80 kilómetros), se accede también por la A-7 pero en sentido contrario. Águilas cuenta además con estación ferroviaria conectada con Murcia y otras localidades intermedias.
La mejor época para visitar Águilas depende bastante del plan que tengas en mente. Mayo, junio, septiembre y octubre suelen combinar buen tiempo estable con menos gente tanto en playas como en alojamientos habituales. Si buscas ambiente carnavalero puro y duro entonces febrero manda aunque haga más fresco fuera del mediodía.
En verano hay más movimiento pero también garantía casi total: calor constante y agua agradable desde primera hora hasta última hora del día si aguantas sol fuerte o vas buscando sombra según avanza la jornada marina.
Conviene llevar calzado cómodo cerrado si quieres explorar calas algo menos accesibles donde hay roca o sendero pedregoso antes de llegar al agua clara final. Y protección solar seria: aquí quema rápido aunque corra brisa engañosa durante buena parte del año.
Un paseo por el puerto al atardecer cuando empiezan a regresar los barcos pesqueros resume bastante bien qué es Águilas hoy: turismo sí, pero todavía muy pegado a su vida marinera diaria.
Antes de ir
El viento de Levante puede fastidiar algún día entero si tu idea era playa tranquila; merece revisar bien la previsión porque cambia bastante cómo está luego realmente el mar según sople o no ese viento típico aquí.