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sobre Bullas
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Bullas no se entiende sin el vino ni sin su altitud. Está en el altiplano murciano, a unos 650 metros, lo que ya marca un clima distinto al de la costa y explica parte de su paisaje: viñedos, almendros y un secano que se vuelve verde cuando toca. Este municipio de la Región de Murcia, con unos 12.027 habitantes, ha crecido alrededor de una economía agrícola donde la vid tiene un peso evidente y una Denominación de Origen propia.
Más allá del tópico de “pueblo acogedor”, aquí se nota que la vida diaria sigue mandando sobre el turismo. Las calles del centro mezclan casas tradicionales encaladas con edificios más recientes, y el casco histórico se recorre rápido, pero con detalles si se va con calma. Bullas es sinónimo de vino, sí, pero también de una historia larga, con restos íberos y romanos que recuerdan que este cruce de caminos ya interesaba hace siglos.
El pueblo y sus calles
El Museo del Vino es una visita muy recomendable si quieres entender Bullas más allá de la copa. Está en una antigua bodega del siglo XIX, y eso se nota en la arquitectura y en los espacios abovedados. El recorrido se centra en la tradición vitivinícola local con herramientas antiguas, depósitos y material gráfico sobre el cultivo y la elaboración. Suele incluir una pequeña cata, útil para hacerse una idea de los vinos de la D.O. Bullas sin necesidad de ir saltando de bodega en bodega.
En el casco histórico, la Torre del Reloj funciona casi como hito visual para orientarse. Se levanta en la plaza principal y, aunque hoy la veamos como un elemento urbano más, formó parte en origen de un sistema defensivo. Muy cerca está la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, del siglo XVIII, con fachada barroca sobria pero proporcionada. El interior conserva retablos y tallas que responden al gusto devocional de una comunidad agrícola que invertía lo que podía en su parroquia.
El Yacimiento de Los Cantos interesa a quien tenga curiosidad por la arqueología. Allí se han documentado restos íberos y romanos que ayudan a situar Bullas en un contexto más amplio, vinculado a las rutas interiores de la antigua Hispania. El acceso no es libre como el de un parque; conviene informarse antes en la oficina de turismo sobre visitas y condiciones.
En el entorno inmediato aparecen la Sierra de Burete y la Rambla de Candelón, con un paisaje típico de montaña mediterránea: pino carrasco, encina dispersa, almendros y matorral. No es un decorado: son zonas usadas tradicionalmente para pasto, leña o pequeñas explotaciones. Desde algunos altos se obtienen vistas amplias hacia las sierras vecinas, especialmente en días claros tras la lluvia.
Alrededores
Bullas se ha especializado en enoturismo, pero con una escala todavía manejable. Las bodegas suelen organizar visitas guiadas donde se recorre viñedo, instalaciones y sala de barricas, terminando con degustación de varios vinos, a menudo tintos jóvenes y crianzas. No todas abren a diario ni todo el año, así que lo sensato es reservar con antelación y confirmar horarios.
Para caminar, Bullas funciona como buen punto base. La Vía Verde del Noroeste aprovecha el antiguo trazado ferroviario y permite avanzar muchos kilómetros casi en llano, tanto a pie como en bicicleta, enlazando con otros pueblos. Las rutas por la Sierra de Burete son otra cosa: más desnivel, senderos más pedregosos y menos sombra en algunos tramos. A cambio, más sensación de estar en monte “de verdad” y más posibilidades de ver fauna mediterránea si se madruga.
La gastronomía local mantiene platos murcianos de interior que aquí encuentran buen aliado en los vinos del municipio. Es fácil encontrar arroz con conejo y caracoles, gachasmigas o zarangollo hechos sin florituras, pensados para saciar más que para posar en foto. Los dulces como sequillos y almendrados siguen presentes en panaderías y pastelerías, y son una opción práctica para llevar algo típico sin complicarse.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo gira sobre todo en torno a dos momentos del año. Las Fiestas Patronales en honor a la Virgen del Rosario, en octubre, combinan actos religiosos con verbenas y actividades populares. Más allá del programa concreto, lo interesante es ver cómo se usan las plazas y calles cuando el pueblo está volcado en ellas.
La Fiesta de la Vendimia, en septiembre, tiene un enfoque claramente vinculado al vino. Suele incluir pisado simbólico de uva, degustaciones y actividades divulgativas sobre el cultivo y la elaboración. No hace falta ser experto para disfrutarla; ayuda a entender hasta qué punto la vid estructura el calendario local.
Datos útiles
Cómo llegar: Desde Murcia capital, Bullas está a unos 50 kilómetros por la autovía RM-15 (eje Murcia–Caravaca), con salida señalizada hacia el municipio. El trayecto en coche ronda los 45 minutos si el tráfico es normal. Hay servicio de autobús interurbano desde Murcia con horarios que conviene consultar antes de organizar el día.
Mejor época: La primavera y el otoño son los momentos más agradecidos para pasear por el campo y callejear sin agobios de calor. En otoño se suma además el ambiente de vendimia. En verano las temperaturas suben, aunque la altitud suaviza algo respecto a la costa; aun así, las horas centrales del día no son las mejores para hacer rutas largas.
Consejo práctico: La oficina de turismo es el lugar donde actualizar información sobre visitas al Museo del Vino, bodegas y senderos señalizados. Si se quiere combinar pueblo y campo en la misma jornada, conviene llevar calzado cómodo y algo de abrigo ligero fuera del verano: al caer la tarde refresca más que en otras zonas de Murcia.
Errores típicos
Mucha gente llega pensando que puede visitar cualquier bodega sin avisar y se encuentra las puertas cerradas; casi todas funcionan con reserva previa. Otro fallo habitual es confiar solo en el transporte público para moverse por los alrededores: para rutas por sierra o visitas más dispersas hace falta coche propio o compartir vehículo.