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sobre Bullas
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A 653 metros de altitud, Bullas asoma desde la montaña al valle del Guadalentín como quien vigila un territorio que entiende desde hace milenios. La altura no es un dato geográfico menor: condiciona el clima, retrasa la maduración de la uva y obliga a construir bodegas excavadas en la roca para mantener la temperatura constante. Aquí el vino no es un producto más, es la razón por la que el pueblo existe donde existe.
El vino que marcó el territorio
La Denominación de Origen Bullas nació en 1994, pero la vid lleva aquí desde los romanos. En la villa de Los Cantos, activa entre los siglos I y IV, han aparecido prensas de vino y un relieve de mármol que representa a un niño con un racimo de uvas. Hoy hay 5.500 hectáreas de viñedo repartidas en terrazas que aprovechan la ladera. El monastrell domina la producción y da esos rosados afrutados que se consumen en la zona durante los meses de calor.
En el casco urbano se conservan más de doscientas bodegas tradicionales, muchas aún en uso. Son construcciones de piedra con paredes de gran espesor que mantienen una temperatura constante de 14-16 grados. Fíjate en las chimeneas de estas construcciones: no servían para calentar, sino para evacuar el humo de la hoguera que encendían los trabajadores al llenar los toneles, evitando así que el ambiente alterara el vino.
Tradiciones y ciclos agrícolas
La matanza del cerdo en San Antón (17 de enero) marca el inicio del año. En La Copa, una pedanía a cuatro kilómetros, se mantiene el ritual: la matanza, la danza de los inocentes y la procesión. Es la forma en que la zona recuerda que, durante siglos, el cerdo y la vid han sido los pilares de su economía.
En abril, San Marcos se celebra con el desfile de carros engalanados. Los agricultores decoran los tractores con ramas de romero y flores de campo, una costumbre que mantiene viva la memoria de la vida rural. Por su parte, la Feria del Vino, que suele celebrarse a finales de febrero, permite recorrer las bodegas y observar el trabajo de los productores locales.
El Salto del Usero
El Salto del Usero es una cascada natural de diez metros donde el río Bullas se precipita sobre una formación de caliza erosionada. El lugar es el resultado de la acción del agua sobre la roca, creando pozas que en verano funcionan como zona de baño. La senda de acceso es corta —unos veinte minutos desde el aparcamiento— y atraviesa un terreno donde el agua ha excavado surcos profundos en el lecho.
Caminos y arquitectura de esplendor
La Vía Verde del Noroeste aprovecha el trazado del antiguo ferrocarril Murcia-Caravaca, que funcionó entre 1933 y 1971. El tramo que conecta Bullas con Caravaca atraviesa túneles y puentes de hierro con vistas al valle. Si decides recorrerlo, ten en cuenta que los túneles carecen de iluminación artificial y no hay fuentes de agua potable en el trayecto.
Para entender el crecimiento del pueblo, el Itinerario Bullas 1900 recorre el casco modernista. Edificios como la Casa Melgares, con su torre mirador de ladrillo visto, y las viviendas de los antiguos exportadores de vino, reflejan el periodo de bonanza de finales del XIX, cuando el vino de Bullas se enviaba a Francia para suplir la falta de producción tras la filoxera.
Información práctica
Bullas se encuentra a unos 50 minutos de Murcia por la A-7 y la RM-714. El casco urbano es compacto y se recorre a pie. Para llegar al Salto del Usero es necesario el coche; el aparcamiento está señalizado desde la carretera de Cehegín. La estación de tren más cercana es la de Murcia, conectada con el pueblo mediante autobuses regulares. Si viajas en primavera, ten presente que, a 653 metros de altitud, la temperatura desciende notablemente al caer la tarde.