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sobre Calasparra
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En Calasparra se percibe arroz. En septiembre los campos cercenan el horizonte con un mosaico de colores y el aire huele a paja húmeda. Cuando aparques verás que el coche se llena de barro seco: es señal de que has pisado un pueblo que vive del agua y del grano.
Sobre aparcar y moverse
Aparca en la glorieta de San Diego, junto al parque. Es gratis y aquí no hay parquímetro ni inspector madrugador. Si vas en Semana Santa o el primer fin de semana de septiembre, llega antes de las diez; después el pueblo se llena de coches de fuera buscando hueco entre las aceras estrechas. El resto del año aparcar es sencillo.
Calasparra tiene dos caras: la del casco, en la loma, y la del Santuario, abajo, al lado del Segura. Entre medias hay un paseo de veinte minutos cuesta abajo y treinta subiendo. Si te da pereza coger el coche, baja al Santuario por la mañana y sube después de comer cuando el sol aprieta y la cuesta se hace pesada.
Qué merece la pena ver
La Cueva-Santuario de Arroyo está a tres kilómetros del pueblo, al final de un camino que parece no llegar nunca. La gruta tiene galerías largas, pero solo verás una zona pequeña. Lo relevante es la ermita metida dentro: altar, bancos de madera y la Virgen de la Esperanza bajo estalactitas. La entrada es gratuita y suele haber alguien del pueblo para abrir si no es hora de misa.
El Segura en el Cañón de Almadenes permite alquilar kayak cerca del puente de la carretera RM-532. Son seis kilómetros entre paredes de roca. En julio o agosto el agua está tibia y el trayecto dura poco más de una hora si remas seguido. Lleva agua propia: el sol se mete en el cañón y abajo apenas hay sombra.
El mercado artesanal del Santuario ocurre el tercer domingo de mes. No es un despliegue técnico, pero sirve para comprar miel de la zona y ver cómo se organiza la gente. Cada casa pone un puesto y se turnan. El museo arqueológico, la plaza de San Juan o la ermita de la Fuensanta cumplen si tienes tiempo, pero no pasa nada si los ignoras.
Cuándo ir y qué evitar
La Feria Taurina de julio convierte el pueblo en un horno de gente. Si te gustan los toros, busca fecha; si no, evítalo. Septiembre es más llevadero con las fiestas patronales, la procesión nocturna y la romería de la Virgen bajando al Santuario. Abril y mayo son los meses más razonables: el campo está verde, la temperatura permite caminar y los locales no están saturados.
Comer y beber en el municipio
Calasparra presume del primer arroz con denominación de origen de España. Aquí lo sirven caldoso, casi siempre con conejo y caracoles. Si buscas lo tradicional, pregunta por las migas ruleras, una versión con salchicha de cebolla que pide bebida fría. En Semana Santa hacen caldo de pelotas con bacalao. Para beber, cuerva: vino macerado con fruta que entra fácil y engaña.
El arroz no es barato. El kilo de grano cuesta unos cinco o seis euros y la ración en los mesones suele superar los catorce. Es lo que marca el mercado local.
Un consejo final
Cuando recojas el coche revisa los neumáticos. Los caminos de Calasparra tienen cantos sueltos y polvo. No pases de largo: a este pueblo no se llega por casualidad, sino buscando un arroz que justifica la cuesta.