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sobre Campos del Río
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El río Mula dibuja una línea verde en mitad del secano murciano. Donde el agua aparece, el pueblo se agarra a ella: Campos del Río existe porque el cauce permite regar 1.200 hectáreas de huerta en un territorio donde el resto es tomillar y yeso. Sin ese cinturón de almendros, naranjos y caquis, sería otro caserío más de la zona.
El agua como origen
Los árabes canalizaron el agua con acequias que aún corren paralelas a las calles. La reconquista castellana llegó en 1243, pero el pueblo no aparece en documentos hasta 1257, cuando Alfonso X lo donó al señorío de Mula. Era un lugar de dimensiones reducidas: unas pocas casas y un molino que aprovechaba el desnivel del cauce. El nombre oficial —Campos del Río— se fijó en 1916.
La expulsión de los moriscos en 1614 supuso un punto de inflexión demográfico que tardó dos siglos en revertirse. De la recuperación económica posterior quedan las casas señoriales del siglo XVIII, levantadas cuando el comercio de lino, seda y trigo permitió cierta prosperidad.
Bad-lands y huerta
El término municipal mide 47,7 km², pero solo un tercio es cultivable. El resto es un paisaje de arcillas conocido localmente como "barquillas", formado por la erosión del río Mula. Caminar por estas formaciones permite entender la fragilidad del terreno: una tormenta puede arrastrar hectáreas de suelo en pocas horas.
A dos kilómetros del casco urbano, la Vía Verde del Noroeste atraviesa el municipio. El trazado, que sigue la antigua línea de ferrocarril minero, cuenta en Campos del Río con un puente de hierro sobre el río y una estación rehabilitada como área de descanso.
Arquitectura y memoria
La torre del reloj, que antes funcionó como cárcel municipal, es un cubo de mampostería que sirve de referencia visual para entender la organización de la huerta en parcelas cuadradas. La iglesia de San Juan Bautista, reformada en el XVIII, conserva un retablo neoclásico que, según la tradición oral, fue ocultado en un pajar durante la Guerra Civil para evitar su destrucción.
El molino de Vitorio es otro vestigio de la economía hidráulica. Aunque ya no está en funcionamiento, la rueda metálica permanece en su sitio como recordatorio de una época en la que el agua movía la actividad del pueblo.
Tradición en junio
Las fiestas en honor a San Juan suelen celebrarse en junio. El ritual principal consiste en una procesión que baja desde la iglesia hasta el río para la bendición de las aguas. Es un acto que mantiene una banda de cornetas y tambores con una sonoridad particular, vinculada a la historia local.
Notas para el recorrido
El casco urbano se recorre en veinte minutos. Para profundizar, el sendero de las Acequias bordea el río durante cuatro kilómetros, pasando por balsas antiguas y una presa de piedra seca del siglo XIX. Es un camino sin apenas sombra, por lo que conviene prever agua.
Para explorar los "bad-lands", la bicicleta de montaña es la opción más práctica. La pista que sale del polígono industrial conduce hacia el cortijo de Guatázales, desde donde un sendero señalizado baja al cauce por un cañón de paredes de yeso. El terreno es inestable, por lo que se recomienda precaución.
El acceso en coche se realiza por la RM-523 desde Mula. Hay aparcamiento junto al ayuntamiento, aunque los martes se reduce el espacio debido al mercado semanal. La primavera es el momento en que la huerta muestra mayor actividad, mientras que en verano las temperaturas suelen ser elevadas. En cuanto a la gastronomía, el zarangollo y la ensalada murciana son habituales en los establecimientos locales, junto al arroz con conejo y caracoles, cuya disponibilidad depende de la temporada.