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sobre Cehegín
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Cehegín creció mirando a la vega del Argos y apoyado en la ladera, como tantos pueblos del Noroeste murciano que tuvieron que adaptarse al relieve. En esa pendiente se ha ido encajando un casco histórico denso, con casas que se arriman unas a otras y calles que suben sin concesiones. Hoy el municipio ronda los 14.500 habitantes y conserva uno de los conjuntos urbanos mejor mantenidos de la Región de Murcia.
Cehegín no es un destino turístico masivo, y eso se nota en el ritmo diario. Aquí la vida sigue entre recados, bancos de plaza y conversaciones a la puerta de casa. El casco antiguo, declarado Conjunto Histórico-Artístico, concentra buena parte de la actividad cultural y religiosa, pero no vive solo de eso. Hay vecinos que suben y bajan esas cuestas a diario, no solo visitantes con cámara.
El pasado de Cehegín se remonta a la prehistoria, como muestran los yacimientos de su entorno. El salto importante llega entre los siglos XVI y XVIII, cuando se consolidan las familias con recursos y se levantan muchas de las casas nobiliarias que hoy vemos. Esa huella se percibe en portadas, escudos y distribuciones interiores pensadas para otra época.
Casco histórico y patrimonio
El casco histórico de Cehegín pide una visita sin prisas. Está protegido como Bien de Interés Cultural y se organiza en torno a la Plaza del Castillo, que fue el núcleo defensivo original. Del castillo medieval apenas quedan restos visibles, pero la plaza funciona como mirador hacia la vega y las sierras cercanas. En días claros se entiende bien la relación del pueblo con su territorio.
La Iglesia de Santa María Magdalena marca el perfil urbano con su torre. El templo se levantó entre los siglos XVI y XVIII, con una mezcla habitual de elementos renacentistas y barrocos. En el interior llaman la atención algunos retablos y la sensación de conjunto, más que una pieza concreta. Muy próxima está la Iglesia de la Concepción, otro ejemplo del barroco religioso murciano, integrado en la trama urbana.
Al caminar por las calles altas aparecen numerosas casas señoriales. No todas están en el mismo estado de conservación, pero muchas mantienen portadas trabajadas y escudos familiares, testigos de un pasado acomodado. El llamado Palacio de los Fajardo o la Casa de la Tercia son referencias habituales cuando se habla de arquitectura civil en Cehegín, aunque el interés real está en el conjunto de manzanas antiguas.
La Ermita de la Concepción, en lo alto del cerro, ofrece otra lectura del pueblo. Desde allí se aprecia bien cómo el caserío se derrama hacia la vega y cómo el casco histórico se diferencia del crecimiento más reciente.
El Museo Arqueológico Municipal reúne piezas procedentes de distintos puntos del término, desde el Paleolítico hasta época romana. Tiene especial peso la colección del yacimiento íbero-romano de Begastri, una ciudad que llegó a tener relevancia regional. La visita ayuda a entender que Cehegín no surge de la nada en época moderna, sino que forma parte de una ocupación muy antigua del territorio.
A poca distancia del núcleo urbano, el Paraje de las Cuevas del Garrote y Peña Rubia combina relieve abrupto y restos prehistóricos. Es una zona frecuentada por senderistas locales, con caminos que permiten asomarse a abrigos y formaciones rocosas usadas desde tiempos remotos.
Alrededores
Las rutas de senderismo en torno a Cehegín muestran bien esa transición entre huerta y sierra. La Ruta de Begastri conduce hasta el yacimiento arqueológico, donde se aprecia la elección estratégica del emplazamiento. Otros senderos discurren entre pinos, cultivos y ramblas, con desniveles moderados pero constantes.
El casco histórico invita a callejear sin un plan rígido. Las cuestas obligan a tomárselo con calma, pero cada tramo ofrece detalles: rejas antiguas, portones desiguales, pequeñas plazas abiertas donde el trazado se relaja un poco. La Plaza de España concentra servicios y vida diaria. La Plaza del Alpargatero conserva aún cierto aire de barrio, con escala más doméstica.
La gastronomía ceheginera sigue la línea de la cocina murciana de interior. Platos consistentes, pensados para jornadas de trabajo largas: arroces caldosos o secos según la temporada, migas cuando refresca, guisos de cordero y embutidos caseros. Las conservas tradicionales siguen muy presentes en muchas casas. En primavera se valoran mucho los espárragos silvestres, que aparecen en revueltos y arroces.
Las bodegas de la zona forman parte de la Denominación de Origen Bullas, que incluye parte del término municipal. Algunas suelen organizar visitas y catas previa reserva. Más allá del enoturismo, interesa ver cómo el viñedo convive con almendros, olivos y otros cultivos típicos del secano murciano.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Cehegín arranca en enero con las hogueras de San Antón, ligadas a la protección de los animales y al fuego purificador del invierno. En Semana Santa, las procesiones aprovechan el marco del casco antiguo, con pasos que suben y bajan por calles estrechas donde el sonido del tambor resuena distinto.
Las Fiestas Patronales se celebran a mediados de septiembre en honor a la Virgen de las Maravillas. Combinan actos religiosos con verbenas y actividades populares repartidas por varios puntos del municipio. También en septiembre suele organizarse una Feria Medieval, que transforma el casco antiguo con puestos, recreaciones históricas y espectáculos callejeros.
En octubre tiene lugar el Festival Flamenco Comarca del Noroeste, que reúne a aficionados al cante y al toque en distintos espacios del pueblo. Es una cita ya asentada en la agenda cultural local.
Antes de ir
Cehegín está a unos 75 kilómetros de Murcia capital. Se llega por la autovía A-30 hasta enlazar con la RM-15 hacia Caravaca de la Cruz y después por carretera comarcal. El trayecto en coche ronda la hora, según tráfico y punto de partida. También hay conexiones por carretera con otras localidades como Caravaca o Lorca.
La primavera y el otoño son épocas agradables para visitar Cehegín. Las temperaturas son más suaves y el campo muestra mejor sus contrastes. En verano hace calor, aunque la altitud atenúa algo las máximas respecto a la costa. El invierno puede ser fresco, con noches frías pero pocas jornadas realmente duras.
Para recorrer el casco histórico conviene llevar calzado cómodo y con buena suela. Hay tramos empedrados y pendientes acusadas que cansan más de lo que parece en el plano. El pueblo se presta a una visita de medio día larga o un día completo si se añade Begastri o alguna ruta cercana.
A tener en cuenta
Los servicios turísticos son limitados fuera de las temporadas altas y las fiestas locales. Es práctico llevar vehículo propio para moverse por la comarca y planificar dónde comer con algo de antelación, sobre todo si se viaja en grupo o en días festivos.