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sobre Lorca
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Lorca es ese tipo de ciudad que mucha gente ha visto en los carteles de la autovía camino de Almería, pero pocos se han parado a conocerla de verdad. Y cuando al fin te decides a salir por la salida de la A-7, descubres que aquí hay bastante más que “la Ciudad del Sol” y un castillo en lo alto del cerro.
En el corazón de la Región de Murcia, donde las últimas estribaciones de las sierras se encuentran con las tierras fértiles del valle, se alza Lorca, una ciudad que guarda entre sus piedras más de dos mil años de historia. Conocida como la "Ciudad del Sol" por su clima mediterráneo seco y luminoso (aquí lo de los días nublados va por raciones pequeñas), Lorca sorprende con un patrimonio monumental que le ha valido la declaración de Conjunto Histórico-Artístico, y una concentración de escudos nobiliarios por metro cuadrado que no es ninguna broma.
Con casi 99.000 habitantes, Lorca es la tercera ciudad más poblada de la Región de Murcia y una de las más extensas de España. Su historia se remonta a íberos y romanos, pero fue durante la Edad Media cuando alcanzó su máximo esplendor como frontera entre el Reino de Granada y la Corona de Castilla. Este pasado convulso dejó un legado arquitectónico excepcional que hoy convierte cada paseo por sus calles en algo mucho más interesante que “dar una vuelta por el centro”.
La ciudad se despliega a 353 metros de altitud, configurando un paisaje urbano donde la imponente fortaleza medieval domina desde lo alto, mientras que en el valle se extiende un entramado de iglesias barrocas, casas señoriales y edificios modernistas que componen uno de los conjuntos patrimoniales más ricos del sureste español.
Monumentos y rincones
La Fortaleza del Sol es el emblema claro de Lorca. Esta alcazaba medieval, una de las más grandes de España, corona el cerro del castillo y ofrece unas vistas panorámicas amplias sobre la ciudad y la vega. La subida tiene su aquel (luego te cuento), pero arriba compensa: murallas enormes, airecito si sopla algo y esa sensación de ver cómo se organiza toda la ciudad a tus pies.
En su interior alberga el Centro de Interpretación y restos arqueológicos que abarcan desde la Edad del Bronce hasta la época cristiana. La sinagoga medieval conservada en su recinto es uno de los hallazgos importantes para entender la historia sefardí española; no es grande, pero sí muy especial si te interesa el tema.
En el casco histórico, la Plaza de España concentra algunos de los edificios más significativos. La Colegiata de San Patricio, construida entre los siglos XVI y XVIII, combina elementos renacentistas y barrocos en una fachada contundente que impresiona incluso aunque no seas muy fan del arte sacro. Muy cerca, el Palacio de Guevara o Casa de las Columnas es una joya del barroco civil lorquino; si pasas frente a su fachada torsalada un día soleado (lo normal aquí), entiendes por qué siempre sale en las fotos.
El Palacio de los Condes de San Julián, actual Archivo Histórico Municipal, y la Casa del Corregidor son otros ejemplos del esplendor que vivió la nobleza lorquina. Pasear por la Calle Corredera permite ir cazando escudos heráldicos en balcones y portadas como quien juega al “veo veo”: hay muchos más detalles si levantas un poco la vista.
El Museo Arqueológico Municipal, ubicado en la Casa Pintada, reúne colecciones que documentan la ocupación humana en el territorio desde la Prehistoria. No hace falta ser arqueólogo para disfrutarlo: ayuda bastante a entender dónde te estás moviendo cuando sales luego a callejear. El Convento de Santo Domingo y la Iglesia de San Francisco completan un recorrido monumental que puede ocupar fácilmente una jornada completa si entras a ver cosas con calma.
Perderse por el centro
Lorca invita a perderse por sus calles empedradas descubriendo rincones llenos de historia… pero conviene hacerlo con algo pensado: subir primero al castillo o dejarlo para última hora cambia bastante cómo acabas el día.
La llamada Ruta de los Castillos permite visitar no solo la fortaleza principal sino también explorar los restos de otras torres defensivas distribuidas por el término municipal, como el Castillo de Xiquena o la Torre Alfonsina. No esperes todos restaurados ni con visitas teatralizadas; algunos son ruinas interesantes para quien disfruta imaginando cómo era aquello hace siglos.
Para quienes disfrutan caminando fuera del asfalto, el Paraje Natural de Sierra de la Tercia ofrece rutas con paisajes típicos de monte mediterráneo y vistas sobre el valle. Las Ramblas de Lorca, aunque secas gran parte del año salvo cuando descargan tormentas serias (ojo con eso), conforman un ecosistema particular que puede recorrerse a pie o en bicicleta, siempre con sentido común y mirando el parte meteorológico.
La gastronomía lorquina se apoya mucho en los productos de la huerta y la ganadería de la zona. Platos como el arroz con conejo y caracoles, las migas con tropezones o el guiso de trigo son contundentes: mejor si luego tienes tiempo para seguir caminando. Los dulces conventuales, especialmente los elaborados en el Convento de las Madres Mercedarias, suelen ser una buena excusa para alargar el café. Y ya que estás, probar embutidos de la zona y vinos de la vecina Denominación de Origen Bullas es casi parte del plan.
El Centro de Visitantes Lorca Taller del Tiempo propone diferentes itinerarios temáticos que ayudan a comprender la riqueza patrimonial de la ciudad de forma didáctica y amena. Si es tu primera vez en Lorca y vas un poco perdido, puede ser un buen punto de arranque para organizar el día.
Fiestas y tradiciones
La Semana Santa de Lorca, declarada de Interés Turístico Internacional, es un mundo aparte dentro de las procesiones españolas. Aquí los desfiles combinan la religiosidad con representaciones del mundo antiguo que parecen sacadas de una superproducción: grupos de blancos y azules rivalizan en la creación de cuadros bíblicos con carros monumentales, caballos enjaezados y miles de participantes. Se celebra en marzo o abril, según el calendario litúrgico, y esos días la ciudad cambia por completo: alojamientos llenos, tráfico complicado y ambiente intenso.
Las Fiestas Patronales en honor a San Clemente tienen lugar en noviembre, con un fuerte componente histórico-medieval que se nota en recreaciones y actos culturales repartidos por varios días. En septiembre se celebra la Feria y Fiestas de Lorca con actividades culturales, conciertos y eventos populares que llenan las calles; es ese momento del año en que los lorquinos salen todavía más a la calle… si es que eso es posible.
Datos útiles
Lorca se encuentra a unos 60 kilómetros al suroeste de Murcia capital, conectada por autovía (A-7) en un trayecto aproximado de 50 minutos en coche si no pillas caravana. También tiene buena comunicación por carretera con Andalucía, siendo paso habitual en la ruta hacia Almería o Granada.
La ciudad cuenta con estación donde paran trenes AVE según programación vigente, lo que facilita el acceso desde Madrid y Barcelona sin tener que depender del coche. Conviene revisar horarios actualizados antes del viaje porque pueden variar.
La mejor época para visitar Lorca suele ser primavera y otoño, cuando las temperaturas son más suaves. Los veranos son calurosos, con máximas que pueden superar los 35 grados; aquí el sol pega bien, aunque al haber poca humedad se lleva algo mejor si eliges bien las horas. El invierno es relativamente suave, con temperaturas agradables para recorrer la ciudad sin achicharrarte ni pasar frío serio.
Se recomienda dedicar al menos un día completo para descubrir Lorca con calma; si puedes quedarte un fin de semana entero tendrás margen para combinar casco histórico, castillo, alguna ruta cercana y sentarte a comer sin prisas.