Artículo completo
sobre Lorquí
Ocultar artículo Leer artículo completo
A primera hora de la mañana, la niebla baja se engancha en los cañizos de la ribera y el río Segura pasa casi en silencio. Desde el puente se ve Lorquí extendido a un lado, con las chimeneas apagadas y el campanario asomando por encima de los tejados bajos. La huerta huele a humedad, a tierra regada hace poco.
En el corazón de la Vega Media del Segura, Lorquí se presenta como uno de esos pueblos murcianos que han sabido conservar su esencia agrícola mientras abrazan la modernidad. Con casi 8.000 habitantes, este municipio situado a 89 metros de altitud permite asomarse a una huerta murciana todavía activa, donde el río marca el ritmo de vida y el calendario agrícola sigue siendo protagonista.
Lorquí es tierra de paso y de pausa. Históricamente vinculado a las rutas comerciales entre Murcia y el interior peninsular, el pueblo ha mantenido ese carácter abierto de los lugares acostumbrados a ver gente entrar y salir. Sus calles tranquilas, sus plazas con palmeras y la omnipresencia de la huerta que lo rodea dibujan un territorio donde la tradición agrícola convive con un patrimonio cultural más interesante de lo que parece desde la autovía.
El municipio se extiende junto al río, aprovechando la fertilidad de sus tierras para cultivos de frutales y hortalizas que han dado fama a la huerta murciana. Aquí se viene más a bajar revoluciones que a hacer muchas cosas seguidas: caminar sin prisa, mirar cómo se riega, escuchar los ruidos del campo al caer la tarde.
Rincones con encanto
El Museo Arqueológico de Lorquí es una de las visitas más completas del municipio. Este espacio cultural alberga una colección que abarca desde la prehistoria hasta la época romana, con especial atención a los hallazgos de la villa romana del Camino Viejo de las Sepulturas, que muestran la relevancia del territorio en época imperial. Conviene comprobar horarios actualizados antes de ir, porque pueden variar según la época del año.
La Iglesia de Santiago Apóstol, del siglo XVIII, preside la plaza principal con su arquitectura sobria y su interior sencillo. Aunque sufrió daños durante la Guerra Civil, ha sido restaurada conservando elementos originales como su torre campanario, que se ha convertido en una silueta familiar para cualquiera que haya pasado por la zona. La plaza es un buen lugar para sentarse un rato a media tarde y ver cómo se va llenando poco a poco.
El Azud de Lorquí es una de las construcciones hidráulicas tradicionales más interesantes de la zona. Esta pequeña presa sobre el río Segura forma parte del complejo sistema de acequias que riegan la huerta y que ha funcionado durante siglos. No es un lugar espectacular, pero ayuda a entender cómo se ha domado el agua aquí y por qué esta vega es tan fértil.
Para los paseos tranquilos, el paseo fluvial junto al Segura permite adentrarse en el paisaje de la huerta, observar la vegetación de ribera y fijarse en la fauna local si se camina en silencio. Los campos de cítricos y las parcelas de hortalizas componen un mosaico verde que cambia según la temporada: en invierno domina el verde oscuro y en primavera aparecen los tonos más claros y las flores blancas de los frutales. El amanecer y el atardecer son los momentos con mejor luz para caminar sin calor excesivo.
El entorno
Lorquí funciona bien para el cicloturismo tranquilo. Las carreteras secundarias que atraviesan la huerta permiten recorridos en bicicleta de baja dificultad, conectando con otros municipios de la comarca como Ceutí, Molina de Segura o Archena. Es recomendable evitar las horas centrales del día en verano y llevar agua suficiente; las sombras no siempre abundan fuera del núcleo urbano.
Las rutas de senderismo por la vega del Segura permiten conocer el paisaje agrícola tradicional, observar aves como garzas y martinetes en las zonas más tranquilas del río y seguir el trazado de antiguas acequias y sistemas de riego. La ruta hacia el paraje de La Ñorica suele mencionarse como una buena opción para hacerse una idea general del entorno sin grandes desniveles.
La gastronomía local gira alrededor de lo que da la huerta. Los productos frescos aparecen tanto en los menús diarios como en los platos más cuidados: verduras a la brasa, arroz con verduras o zarangollo murciano son habituales cuando están en temporada. Si puedes elegir fechas, finales de invierno y primavera son buenos momentos para encontrar alcachofas locales; en verano mandan tomates, pimientos y las frutas dulces como melocotones y albaricoques.
Los talleres de alfarería tradicional recuerdan un oficio que ha tenido importancia histórica en la zona. Algunos artesanos siguen trabajando el barro con técnicas heredadas y suelen mostrar el proceso a quien se acerca con tiempo y curiosidad. Conviene contactar antes o informarse en el ayuntamiento o en la oficina municipal correspondiente para no llegar y encontrar el taller cerrado.
Fiestas y tradiciones
Las Fiestas Patronales en honor a Santiago Apóstol, en julio, son el momento más intenso del calendario local. Durante varios días hay verbenas, pasacalles, actividades para todas las edades y actos religiosos que llenan las calles principales. Si no te gustan los ruidos nocturnos ni las multitudes, esos días quizá no sean los mejores para dormir en el centro.
La Semana Santa se vive con devoción contenida, con procesiones que recorren las calles principales del municipio al anochecer. Las cofradías locales mantienen tradiciones antiguas tanto en imaginería como en formas de procesionar.
En agosto, la Noche en Blanco ha ganado peso en los últimos años, convirtiendo las calles en pequeños escenarios culturales con música, teatro y actividades hasta altas horas. Es un ambiente más festivo que recogido; quien busque silencio hará mejor quedándose fuera del casco urbano esa noche.
Las Cruces de Mayo, celebradas a principios de mayo, llenan patios y plazas de flores y color. Es una buena ocasión para ver espacios privados abiertos al público durante unas horas y entender cómo se vive esta tradición en un pueblo pequeño de la Región de Murcia.
Datos útiles
Cómo llegar: Desde Murcia capital, Lorquí se encuentra a apenas 25 kilómetros por la autovía A-7 o la carretera RM-554, con un trayecto aproximado de unos 20 minutos si no hay tráfico denso. También está bien conectado por carretera con Molina de Segura y otras localidades cercanas; muchos vecinos se mueven a diario por trabajo o estudios.
Mejor época para visitar: La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) suelen ser los momentos más agradables por temperatura y luz. El verano es caluroso durante el día; si vienes entonces, aprovecha primeras horas de la mañana o últimas de la tarde para pasear por la huerta o el paseo fluvial.
Consejos útiles: El pueblo se recorre fácilmente a pie; las distancias dentro del casco urbano son cortas. Para caminar por caminos rurales o acercarse al río conviene llevar calzado cerrado y algo resistente al polvo. Los domingos por la mañana hay más ambiente en el centro; entre semana manda un ritmo más tranquilo marcado por horarios laborales y escolares.
Antes de ir
Lorquí es un pueblo pequeño con servicios limitados si lo comparas con Murcia o Molina de Segura. Funciona bien como parada breve dentro de una ruta por la Vega Media o como base discreta para explorar esta parte de la Región si lo que buscas es dormir tranquilo y moverte luego en coche o bicicleta por los alrededores. No esperes grandes monumentos ni una agenda cultural diaria; su interés está más en lo cotidiano que en lo espectacular.