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sobre Mula
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Mula es ese tipo de sitio al que mucha gente llega “de paso” camino de otro lado… y luego acaba diciendo: aquí hay más chicha de la que parece. En el corazón de la Región de Murcia, donde los campos de cereal se alternan con huertos de frutales y el paisaje mantiene ese aire sosegado del interior mediterráneo, se encuentra Mula. Esta villa de casi 18.000 habitantes, situada a 313 metros de altitud, conserva un patrimonio histórico que sorprende a quienes la visitan por primera vez. Su casco antiguo, declarado Conjunto Histórico-Artístico, trepa por una colina coronada por los restos de su castillo, con una imagen que recuerda el peso de su pasado medieval y renacentista.
Mula no es un destino turístico masificado, y precisamente en ello radica parte de su atractivo. Aquí se puede pasear con tranquilidad por calles empedradas, descubrir rincones señoriales y disfrutar de una gastronomía directa y sin florituras. La villa ha sabido mantener su identidad rural mientras cuenta con servicios y comodidades para quien quiere conocer la Murcia interior, esa que va más allá de las playas y que sorprende por su riqueza cultural.
El municipio se extiende por un territorio amplio donde el agua ha marcado históricamente la vida de sus gentes. Los manantiales y acequias que riegan la huerta muleña han permitido una agricultura próspera que todavía hoy se refleja en los productos locales. Visitar Mula es adentrarse en una Murcia diferente, donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo.
Rincones con encanto
El Castillo de los Vélez es la referencia visual clara de la villa. Aunque solo se conservan restos de esta fortaleza del siglo XVI, la subida hasta él recompensa con vistas amplias del casco antiguo y la vega. La cuesta tiene su cosa, pero se sube bien si no vas con prisa ni en las horas centrales del verano. A sus pies se extiende el barrio histórico, un entramado de calles estrechas donde cada esquina guarda alguna sorpresa arquitectónica.
La Iglesia de San Miguel, de origen gótico aunque muy transformada en el siglo XVIII, preside el conjunto urbano con su torre alta y reconocible desde muchos puntos del pueblo. En su interior alberga obras de notable valor artístico. Muy cerca se encuentra el Real Monasterio de la Encarnación, fundado en el siglo XVI y que conserva un claustro renacentista muy sereno; entrar allí es como bajar un par de marchas al día. Este convento de clausura es uno de los edificios religiosos más significativos de la villa.
Paseando por el casco antiguo descubrirás numerosas casas señoriales con portadas barrocas y escudos heráldicos que testimonian la importancia que Mula tuvo en época moderna. La Casa Pintada, con sus pinturas murales del siglo XIX tan fotogénicas, suele llamar la atención incluso a quien no viene buscando arquitectura. El Ayuntamiento, ubicado en un palacete renacentista, también merece una visita rápida por su patio interior.
No hay que perderse el Museo de Arte Ibérico El Cigarralejo, que alberga una colección muy seria procedente del yacimiento arqueológico del mismo nombre. Las piezas expuestas, especialmente la cerámica pintada con escenas figuradas, son clave para entender la cultura ibérica en el sureste peninsular. Si te interesa mínimamente la historia, aquí sales habiendo aprendido algo concreto sobre este trozo del mapa.
Naturaleza cercana
Mula y su entorno ofrecen múltiples posibilidades para quien quiere moverse un poco. La Sierra de Espuña, Parque Regional, se encuentra relativamente cerca y permite realizar rutas sencillas o algo más largas por paisajes de pinar mediterráneo. En el propio término municipal existen senderos que recorren la huerta y conectan con aldeas y parajes naturales donde el paisaje agrícola tradicional se mantiene vivo; es ese tipo de paseo donde ves cómo riega la gente, qué se cultiva y cómo huele realmente esta zona.
Los aficionados a la gastronomía encontrarán en Mula productos reconocibles: arroz, legumbres y hortalizas bien frescas gracias a su huerta. Los guisos tradicionales son contundentes pero agradecidos después de caminar un rato. Los embutidos tienen ese punto casero que recuerda a las matanzas familiares, y la repostería árabe (especialmente los pasteles de carne) llena escaparates y bandejas como si fuera merienda eterna de domingo.
Para los interesados en la arqueología, además del museo, se puede solicitar información sobre el yacimiento de El Cigarralejo, uno de los más importantes de la cultura ibérica en la región. Aunque las visitas están limitadas, el centro de interpretación ofrece una panorámica clara sobre lo allí descubierto; sales sabiendo ubicar mejor todo lo visto antes en las vitrinas.
Celebraciones
La fiesta grande de Mula es la celebración de la Santísima y Vera Cruz, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional. Se celebra en mayo y su momento álgido llega con la "Tamborada", un desfile masivo e intenso de tambores que resuena por las calles del casco antiguo. Miles de tamborileros crean una atmósfera sonora muy potente; si no estás acostumbrado al ruido continuo conviene ir mentalizado porque impresiona bastante.
En septiembre tienen lugar las Fiestas Patronales en honor a la Virgen del Carmen, con procesiones, actos religiosos y actividades lúdicas que llenan las calles durante varios días seguidos. Durante el verano, diversos barrios y pedanías celebran sus propias fiestas, manteniendo viva esa tradición tan murciana de verbenas populares al fresco hasta tarde.
La Semana Santa también tiene un peso importante en el calendario festivo, con procesiones que recorren el casco histórico aprovechando bien ese escenario estrecho e irregular del centro antiguo.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Murcia capital, Mula se encuentra a unos 50 kilómetros por la autovía A-7 y la RM-15, con un tiempo aproximado cercano a los 45 minutos en coche si no pillas mucho tráfico. También existe servicio regular de autobuses que conectan ambas localidades; conviene revisar horarios actualizados porque pueden cambiar según temporada.
Mejor época para visitar: La primavera e inicios del otoño suelen ser buenas épocas para disfrutar Mula sin achicharrarse ni pasar frío raro. Si quieres vivir personalmente lo fuerte de la Tamborada tendrás que cuadrar tu visita con mayo; eso sí, asume más gente y precios algo más alegres alrededor esas fechas. Los veranos pueden ser calurosos, como es habitual en el interior murciano: organiza bien las horas centrales o búscate plan bajo techo.
Consejos: Lleva calzado cómodo para recorrer el casco antiguo; hay cuestas cortas pero constantes y tramos empedrados donde unas zapatillas normales van mejor que cualquier zapato “mono”. Consulta siempre los horarios actuales del museo y monumentos antes ir hasta allí expresamente; algunos cierran mediodía o ciertos días laborables sin mucha lógica aparente para quien viene solo uno o dos días. La oficina de turismo, situada en el centro, suele tener folletos actualizados e información sobre rutas guiadas útiles para entender mejor cómo encajan entre sí tanta iglesia, casas nobles e historia dispersa por esta villa con historia propia.
A tener en cuenta
Transporte público limitado: si quieres explorar bien los alrededores compensa venir con vehículo propio o compartir coche con alguien del grupo para poder moverte a tu aire por toda la zona rural del municipio.