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sobre San Pedro del Pinatar
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A última hora de la tarde, cuando el sol ya cae hacia La Manga, el viento trae olor a sal y a algas desde las encañizadas. El agua del Mar Menor se queda casi plana y, al fondo, las montañas de Cartagena se ven como una sombra azulada. Ahí es cuando San Pedro del Pinatar baja una marcha y se entiende mejor el sitio en el que está.
En el extremo nororiental de la Región de Murcia, donde el Mar Menor se encuentra con el Mediterráneo, San Pedro del Pinatar es un municipio que combina playas abiertas, espacios naturales protegidos y una tradición salinera larga y muy arraigada. Con casi 30.000 habitantes, este pueblo costero ha crecido mucho en las últimas décadas, pero sigue teniendo vida todo el año, más allá del verano.
Lo que marca el carácter de San Pedro del Pinatar es su ubicación entre dos mares. Por un lado, las aguas tranquilas del Mar Menor, ese mar interior único en Europa; por otro, las playas abiertas al Mediterráneo, con más oleaje y horizonte limpio. Más allá de los arenales, el municipio guarda un tesoro natural en Las Salinas, un espacio protegido donde los flamencos rosados cruzan el cielo y se reflejan en las lagunas hipersalinas al amanecer y al atardecer.
La tradición salinera, que se remonta a época romana, sigue viva en este territorio llano, apenas a 13 metros sobre el nivel del mar, donde el sol, el viento y el agua han ido dibujando un paisaje muy particular.
La costa: Salinas
El Parque Regional de las Salinas y Arenales de San Pedro del Pinatar es la joya natural del municipio. Este espacio protegido de más de 850 hectáreas alberga una biodiversidad importante, sobre todo de aves acuáticas. Los flamencos, que suelen observarse durante buena parte del año, son los protagonistas, aunque también se ven avocetas, cigüeñuelas y garcetas si se camina con calma y en silencio. El parque cuenta con varios miradores y senderos señalizados que permiten recorrerlo sin meterse donde no se debe ni molestar a las aves.
Dentro del mismo espacio natural están los baños de lodo, una costumbre muy arraigada entre quienes vienen buscando las supuestas propiedades terapéuticas de estos barros hipersalinos. La escena es curiosa: gente cubierta de lodo negro secándose al sol antes de entrar poco a poco en las aguas templadas del Mar Menor. Conviene saber que el barro mancha la ropa para siempre; mejor traer bañador viejo y toalla que no importe demasiado.
Las playas tienen dos caras distintas. En la costa del Mar Menor destacan La Puntica y Villananitos, con aguas poco profundas y casi siempre tranquilas, donde se oye más a las familias que al oleaje. En la fachada mediterránea, la Playa de la Torre Derribada y Las Salinas conservan un ambiente más natural, con dunas, vegetación litoral y más espacio para andar sin tanta sensación de paseo urbano.
El Molino de Quintín, un antiguo molino de viento restaurado junto a las salinas, se ha convertido en símbolo del municipio. Más allá de la foto típica con las montañas de sal al fondo, funciona como punto de referencia para entender cómo se ha trabajado aquí el agua y la sal durante generaciones.
Vida local
San Pedro del Pinatar es terreno conocido para quienes practican deportes náuticos. Las condiciones del Mar Menor facilitan iniciarse en vela ligera, windsurf o paddle surf sin grandes sustos; es un mar bajo, previsible y con muchas horas de calma. En cambio, las playas mediterráneas atraen a surfistas y kitesurferos cuando entra viento o mar de fondo.
El cicloturismo tiene aquí terreno fácil: rutas llanas que recorren el litoral y atraviesan Las Salinas por caminos compactados. Es habitual ver bicis al amanecer bordeando el Mar Menor hacia otros municipios ribereños. No son rutas técnicas ni de montaña; son más bien paseos largos para ir parando a mirar aves o a mojarse los pies.
La gastronomía local mira al mar sin disimulo. Arroces marineros sencillos pero potentes, caldero del Mar Menor servido como manda la tradición (primero el arroz caldoso y luego el pescado), salazones presentes en casi cualquier mesa y producto fresco como langostinos o doradas criadas cerca. El mújol sigue siendo un clásico: a la espalda, al horno o en salazón para quien aprecia sabores intensos.
Para quienes disfrutan con la observación de aves, el parque regional funciona casi como un aula al aire libre. Los mejores momentos suelen ser primeras horas de la mañana o últimas de la tarde, cuando hay menos calor y menos ruido. Llevar prismáticos no es un capricho: marca la diferencia entre ver “pájaros blancos” o reconocer especies concretas.
Fiestas locales
Las fiestas patronales en honor a San Pedro Apóstol se celebran a finales de junio. Hay procesiones marineras ligadas al oficio pesquero, verbenas y actividades náuticas que suelen terminar con fuegos artificiales sobre el Mar Menor si el tiempo lo permite.
En julio tiene lugar la llamada Feria de Julio, con atracciones, casetas y conciertos repartidos por distintas zonas del municipio. El ambiente cambia bastante respecto al resto del año: más ruido, más gente hasta tarde.
Durante agosto se encadenan varias festividades veraniegas aprovechando el buen tiempo y la afluencia estival. Es el mes más masificado; quien busque tranquilidad quizá prefiera otras fechas.
La Semana Santa se vive con procesiones que recorren las calles principales del casco urbano. No tiene la fama de otras ciudades murcianas, pero mantiene cofradías activas y una participación vecinal constante.
Antes de ir
Cómo llegar: San Pedro del Pinatar se encuentra a unos 50 kilómetros de Murcia capital, accesible por la autovía A-30 y posteriormente carreteras regionales hacia el Mar Menor. Desde el Aeropuerto de Murcia-Corvera hay alrededor de media hora en coche si no hay tráfico fuerte. También suele estar bien conectado por autobús con Murcia, Cartagena y otros pueblos ribereños.
Mejor época: El clima mediterráneo permite venir casi en cualquier momento, pero la primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) tienen temperaturas agradables y menos agobio que julio y agosto. Para baños de lodo y playa sin multitudes extremas, junio y septiembre suelen ser buenos meses.
Consejo: Lleva calzado cómodo cerrado para recorrer Las Salinas; hay zonas con sal seca cortante y caminos polvorientos. Si te interesa ver aves con calma, evita las horas centrales del día en verano: hace mucho calor y hay más gente moviéndose por los senderos.
Antes de ir conviene tener claras dos cosas muy sencillas. El lodo mancha la ropa permanentemente: trae prendas viejas o que no te importe perder. Y agosto es el mes más saturado en playas y paseos; si puedes elegir fechas, tu experiencia será distinta fuera de esas semanas centrales del verano.