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sobre Cintruénigo
Ciudad del alabastro y el vino; núcleo importante de la Ribera con gran actividad comercial e industrial
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El turismo en Cintruénigo se entiende mejor si se mira primero a su huerta. El municipio se asienta en la Ribera navarra, muy cerca del río Alhama, en una zona donde el regadío ha marcado la economía y también buena parte de la identidad local. En primavera, cuando la huerta entra en plena actividad, la alcachofa aparece en conversaciones, mercados y menús domésticos con una naturalidad que dice mucho del lugar. Aquí no es solo un cultivo más: forma parte del paisaje agrícola y de la cocina cotidiana.
El ladrillo que sustituyó a la piedra
Quien llegue esperando calles de piedra al estilo del norte de Navarra se sorprenderá. En la Ribera escasea la piedra de cantera y el material dominante ha sido históricamente el ladrillo. En Cintruénigo ese condicionante acabó definiendo el aspecto del casco antiguo: fachadas rojizas, portadas sobrias y escudos familiares colocados con cierta discreción.
Entre las casas señoriales destaca la llamada Casa Navascués, levantada en el siglo XVII. Mantiene el escudo heráldico en la fachada y un esquema bastante habitual en la arquitectura doméstica de la zona: vivienda principal hacia la calle y jardín interior resguardado. En algunas manzanas estos patios se encadenan entre sí, de modo que desde fuera apenas se intuye la presencia de pequeños espacios verdes.
Otras viviendas posteriores introducen elementos más tardíos, como galerías y remates de cornisa propios del siglo XVIII y XIX. Caminar por el centro es, en realidad, ir leyendo esas capas: edificios que parecen muy similares hasta que uno levanta la vista y empieza a encontrar escudos, balcones de hierro o galerías que rompen la línea del tejado.
La ermita de la Purísima y una devoción antigua
Frente al ayuntamiento se levanta la ermita de la Purísima, iniciada en el siglo XVI. Durante mucho tiempo en el pueblo circuló la idea de que era el primer templo dedicado a la Inmaculada en España. La investigación histórica matiza esa afirmación, pero lo que sí refleja es una devoción muy temprana.
El interior fue reformado en el siglo XVII y alberga una imagen de la Inmaculada muy vinculada a la vida local. Cada 8 de diciembre se mantiene la procesión en su honor, una tradición documentada desde hace siglos en acuerdos municipales que pedían celebrar la fiesta con especial solemnidad.
Más allá de los detalles artísticos, la ermita funciona casi como una extensión de la plaza: un edificio pequeño pero muy presente en la vida del pueblo.
De la trashumancia a la huerta
Algunas casas nobles de Cintruénigo se levantaron gracias a actividades económicas que hoy apenas se asocian con la Ribera. El palacio de los Loigorri, del siglo XVIII, suele mencionarse como ejemplo de familias que combinaron la ganadería trashumante con inversiones en agricultura.
Esa mezcla explica bastante bien el desarrollo posterior del municipio. Con el tiempo, el regadío fue ganando terreno y la huerta terminó por imponerse. Hoy el entorno agrícola se organiza en torno a cultivos como el espárrago, la vid, el olivo y, sobre todo, la alcachofa, que ocupa buena parte de los bancales de tierra oscura que rodean el núcleo urbano.
Un fin de semana de brasas en otoño
A comienzos de octubre el pueblo celebra una fiesta gastronómica que gira alrededor de la parrilla. Durante esos días la plaza se llena de puestos donde se preparan carnes, chistorra y verduras de la huerta —alcachofas o espárragos cuando la temporada lo permite—.
No es una feria pensada como espectáculo, sino más bien una comida colectiva a gran escala. La gente se acerca, pide algo para comer y se queda charlando alrededor de las brasas mientras el humo acaba impregnando toda la plaza.
Cómo recorrer Cintruénigo en una mañana
Cintruénigo se encuentra a poca distancia de Tudela y Corella, en el extremo sur de Navarra. El centro se recorre sin prisa en una mañana.
Un buen punto de partida es la iglesia de San Juan Bautista, un edificio del siglo XVI con bóvedas de crucería. Desde allí se puede caminar por las calles del casco antiguo buscando las casas blasonadas y fijándose en las diferencias entre unas fachadas y otras: balcones, escudos o galerías que delatan épocas distintas.
La visita suele terminar en la ermita de la Purísima. Desde el atrio, mirando hacia el oeste, se ve cómo el casco urbano se abre hacia la huerta y los campos de regadío que acompañan el curso del Alhama. Si coincide con temporada de huerta, en los comercios del pueblo suelen encontrarse verduras recién recogidas, especialmente alcachofas y espárragos. Son, al final, la forma más directa de entender este lugar.