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sobre Etxauri
Paraíso de la escalada en Navarra; pueblo bajo impresionantes paredes de roca y famoso por sus cerezas
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A primera hora de la mañana, cuando el sol empieza a tocar las paredes blancas de las casas, Etxauri todavía está en silencio. Solo se oye algún coche que cruza la carretera y, si el viento viene del oeste, el rumor del río Arga al fondo del valle. Este pueblo de la Cuenca de Pamplona queda a unos 15 kilómetros de la capital, lo bastante cerca como para llegar en un rato y, al mismo tiempo, lo bastante apartado como para que el ritmo cambie en cuanto aparcas.
El corazón del pueblo: la iglesia y sus huellas
La iglesia parroquial de San Martín de Tours se levanta en el centro, con muros de piedra clara que reflejan la luz dura de los mediodías de verano. No es un edificio uniforme: se notan las etapas distintas en la construcción, los añadidos, las reparaciones que fueron llegando con los siglos. La torre se ve desde casi cualquier punto del casco y funciona como referencia cuando uno se pierde entre las calles.
Al caminar sin prisa aparecen detalles pequeños: escudos algo desgastados sobre portadas, marcos de piedra alrededor de las ventanas, puertas de madera oscurecida por los años. No es un conjunto monumental grande, pero sí un casco donde todavía se percibe cómo han vivido aquí generaciones enteras, con casas pegadas unas a otras para protegerse del viento que baja del monte.
Si subes por las calles que ganan un poco de altura, el paisaje se abre hacia la Cuenca de Pamplona. Al atardecer la luz cae oblicua sobre los campos y las paredes calizas de los montes cercanos toman un tono gris azulado bastante limpio, sobre todo después de días de lluvia.
Caminos alrededor del pueblo
Gran parte de lo que se hace en Etxauri ocurre fuera del casco. Desde las afueras salen pistas agrícolas y senderos que avanzan entre parcelas, muros de piedra y encinas dispersas. El terreno alterna tramos llanos con pequeñas subidas que se notan más de lo que parece sobre el mapa.
La bicicleta es habitual por aquí, igual que la gente que sale a caminar desde el propio pueblo. Algunas pistas van ganando altura poco a poco y permiten ver el valle del Arga desde arriba, con el río serpenteando entre campos. Conviene llevar calzado que agarre bien: hay tramos de tierra suelta y, cuando ha llovido, el barro se pega bastante.
En verano la sombra escasea en muchos caminos, así que es mejor salir temprano o acercarse al final de la tarde, cuando el calor afloja y el aire empieza a moverse.
Una vuelta corta por el casco
Etxauri se recorre rápido. En una hora se pueden caminar las calles principales, rodear la iglesia y asomarse a alguno de los puntos desde donde el valle aparece de golpe entre las casas. Después, basta con seguir una pista hacia las afueras para que el paisaje gane protagonismo.
El cambio se nota enseguida: el sonido del pueblo desaparece, el terreno se abre y solo quedan los campos, el río en la distancia y las paredes de roca que cierran el horizonte.
Lo que conviene saber antes de ir
El casco de Etxauri es pequeño y la visita al pueblo en sí no lleva mucho tiempo. La mayor parte del recorrido tiene sentido si se combina con un paseo por los alrededores o con alguna ruta por la zona.
Los fines de semana, sobre todo cuando el tiempo acompaña, suele haber bastante movimiento de senderistas y gente que viene a escalar a los cortados cercanos. Entre semana el ambiente es mucho más tranquilo y el pueblo recupera ese silencio que se nota desde primera hora de la mañana.