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sobre Mélida
Pueblo agrícola en la margen izquierda del Aragón; entrada a las Bardenas por el norte
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Hay pueblos a los que llegas con una lista de cosas que ver, y otros a los que llegas porque te pillan de paso. Mélida pertenece más bien a ese segundo grupo. Y eso, curiosamente, juega a su favor. El turismo en Mélida no va de monumentos ni de calles llenas de tiendas, sino de entender cómo funciona un pueblo agrícola de la Ribera navarra, rodeado de cereal y a un rato de coche de Tudela o Pamplona.
Con unos 700 habitantes largos, aquí la vida gira bastante alrededor del campo. El río Aragón pasa cerca y deja a su paso una franja de vegetación más fresca, con chopos y álamos que rompen la monotonía de los campos abiertos. No es un sitio para estar todo el día haciendo cosas, pero sí de esos donde paras un rato, das una vuelta y te haces una idea bastante clara de cómo se vive por aquí.
Qué ver en Mélida
La iglesia de San Miguel Arcángel se reconoce rápido porque sobresale por encima de las casas. En un pueblo pequeño pasa mucho: el campanario funciona casi como punto de orientación. Si te acercas verás que el edificio mezcla partes de distintas épocas; da la sensación de que se ha ido ampliando o arreglando según tocaba, algo bastante habitual en iglesias de pueblos de la Ribera.
Alrededor aparecen varias casas tradicionales de piedra y ladrillo. Algunas tienen esos portales profundos que sirven de refugio cuando aprieta el sol o el cierzo. No están pensadas para que alguien las fotografíe, sino para vivir dentro, y eso se nota: persianas medio bajadas, bicicletas apoyadas en la pared, macetas que alguien riega al atardecer.
Si sales un poco del casco urbano, enseguida aparecen los campos. Aquí el paisaje cambia según la época del año: en primavera se ve más verde; en verano domina el color del cereal ya seco. Hacia la zona del río Aragón el ambiente se vuelve algo más fresco, con sotos donde crecen chopos y sauces. Son caminos tranquilos, de esos en los que de vez en cuando pasa un tractor y poco más.
Cómo recorrer el pueblo y el entorno
Mélida se ve rápido. En media hora puedes recorrer el centro sin prisa: la iglesia, algunas calles con casas antiguas y poco más. No es un sitio de grandes paseos urbanos.
Si te apetece alargar la visita, lo interesante está fuera del núcleo. Desde el pueblo salen caminos agrícolas que llevan hacia el río Aragón. No están asfaltados, pero suelen ser transitables a pie o en bicicleta cuando el terreno está seco. El contraste entre los campos abiertos y la vegetación del río se nota bastante.
La bicicleta, de hecho, encaja bien con esta zona de la Ribera. Terreno bastante llano, caminos rectos y horizonte abierto. Eso sí: si ha llovido recientemente, mejor pensárselo dos veces porque el barro aquí se pega a las ruedas como si no quisiera soltarse.
Cuándo merece más la pena acercarse
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para pasar por Mélida. El campo tiene más color y la temperatura permite caminar sin que el sol apriete demasiado.
En verano el calor del mediodía se hace notar, algo bastante típico en la Ribera. Si vienes en esos meses, lo más sensato es moverse temprano o esperar a última hora de la tarde. En invierno el ambiente cambia: días más tranquilos, algo de viento algunos días, y el pueblo funcionando a su ritmo habitual.
Cómo llegar
Lo normal es llegar en coche. Desde Pamplona muchos conductores bajan hacia la Ribera y luego enlazan con carreteras comarcales que llevan hasta Mélida. Desde Tudela el trayecto es bastante corto y directo.
Al ser un municipio pequeño, conviene venir con la idea de que no siempre todo está abierto ni hay demasiados servicios. Es lo normal en pueblos de este tamaño.
Más que un destino para pasar varios días, Mélida funciona bien como parada tranquila dentro de una ruta por la Ribera navarra. Das una vuelta, miras el paisaje alrededor y sigues camino con la sensación de haber visto un pedazo bastante real de esta zona.