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sobre Ituren
Famoso mundialmente por sus carnavales de Joaldunak (zanpantzar); pueblo del valle de Malerreka con encanto rural
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Al acercarse en coche desde el norte, justo cuando la carretera empieza a encajonarse entre prados húmedos y manchas de bosque, aparece Ituren. Las casas de piedra y los tejados oscuros se agrupan al fondo del valle como si buscaran abrigo. Si bajas del coche temprano, lo primero que se oye es el agua corriendo por alguna regata cercana y, de vez en cuando, el golpe seco de una puerta de madera. En ese momento, el turismo en Ituren tiene poco que ver con listas de lugares que marcar: se parece más a caminar despacio y mirar.
El núcleo alrededor de San Martín
El pueblo se organiza en torno a la iglesia de San Martín de Tours. El edificio que se ve hoy es fruto de distintas ampliaciones y arreglos a lo largo de los siglos, algo bastante común en esta parte de Navarra. La piedra de la fachada, oscurecida por la lluvia y el musgo, da una idea del clima del valle: húmedo, con inviernos largos.
Dentro suele haber un retablo barroco con bastante presencia, dorado y lleno de figuras talladas. La visita es breve; en pocos minutos está visto. Aun así, conviene entrar si está abierto, sobre todo para notar el contraste entre la penumbra interior y la luz grisácea que queda fuera en los días nublados.
Casas, balcones y el lavadero
Alrededor de la iglesia se concentran varias casas tradicionales con muros gruesos y balconadas de madera oscurecida. Muchas conservan portones grandes, pensados para el paso de carros y ganado. Si te fijas, algunas vigas muestran marcas talladas o fechas grabadas en la piedra de la entrada.
Cerca aparece el lavadero público, sencillo, de piedra y madera. El agua corre de forma constante y el sonido rebota contra las paredes. Aunque ya no tiene el uso de antes, sigue siendo uno de esos lugares donde se entiende cómo funcionaba la vida diaria del pueblo hace no tanto tiempo.
Caminos que salen hacia los prados
Basta caminar unos minutos fuera del núcleo para encontrarse con pistas rurales que atraviesan praderas y pequeños bosques. El verde aquí no es uniforme: hay zonas más oscuras bajo los robles y otras casi fosforescentes cuando la hierba está recién mojada.
En días de nubes bajas, bastante habituales, las laderas cercanas quedan medio cubiertas y el valle parece más estrecho de lo que realmente es. No hace falta plantearse una ruta larga; media hora andando ya permite alejarse lo suficiente como para ver el pueblo desde cierta distancia, con los tejados asomando entre los árboles.
Si vienes después de varios días de lluvia —algo frecuente en esta zona— conviene traer calzado que aguante barro. Algunas pistas se vuelven resbaladizas.
Cuando el pueblo cambia de ritmo
Durante buena parte del año Ituren mantiene un ritmo muy tranquilo. Pero en invierno ocurre algo distinto: llegan los días de los joaldunak. Es una tradición muy conocida en la zona del Bidasoa. Los hombres recorren el pueblo cubiertos con pieles y cencerros grandes atados a la espalda, avanzando con un paso rítmico que se escucha mucho antes de verlos.
Esos días el pueblo recibe bastante más gente de lo habitual. Si tienes pensado acercarte entonces, lo más práctico suele ser llegar con tiempo y asumir que tocará caminar un poco desde donde se deje el coche.
Luz corta en invierno, tardes largas en verano
El valle en el que está Ituren pierde la luz pronto en invierno. A media tarde ya se nota cómo la sombra baja desde las laderas y el aire se vuelve más frío de golpe, incluso en días despejados.
En otoño el paisaje cambia bastante: aparecen tonos rojizos en los bosques cercanos y el olor a tierra húmeda se intensifica después de cada lluvia. En primavera y verano los días se alargan y es más fácil pasear sin prisa por los caminos que rodean el pueblo, aunque la humedad puede ser alta en las horas centrales.
Ituren se recorre rápido si uno solo mira el mapa. Lo interesante está en lo pequeño: una tabla vieja que cruje al abrirse, el sonido del agua en el lavadero, la niebla que entra desde el monte al caer la tarde. Aquí el tiempo parece moverse un poco más despacio que en el resto del valle. Y eso se nota enseguida.