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sobre Ezcároz
Cabecera del Valle de Salazar; pueblo con servicios y bella arquitectura tradicional
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En el Pirineo navarro, entre hayedos y praderas, Ezcároz (306 habitantes) se deja recorrer sin prisas. La llegada ya marca el tono: carretera de valle, caseríos sueltos y un paisaje que cambia a cada curva. A 742 metros de altitud, es uno de esos pueblos donde el ruido baja varios puntos y la vida va a otro ritmo.
Qué ver en Ezcároz
El pueblo conserva la arquitectura pirenaica de piedra, sobria y bien asentada. La iglesia parroquial marca el centro y ayuda a orientarse. Merece la pena caminar por las calles y fijarse en las fachadas: casas con escudos, aleros de madera, balcones de forja y muros de mampostería que hablan de una tradición constructiva muy de valle.
A pocos pasos del casco, el entorno natural toma el relevo: bosques de hayas, robles y pinos, y praderas donde se nota el cambio de estación.
Qué hacer
Senderismo: desde Ezcároz salen paseos sencillos por el fondo del valle y rutas más largas hacia zonas altas y miradores. En otoño, la zona atrae a aficionados a las setas; conviene informarse de la normativa local y, si no se conoce el terreno, salir con alguien que lo domine.
En la mesa mandan los productos de temporada: carnes, quesos, verduras y, según época, setas y trucha.
Si solo tienes 2 horas
- Vuelta a pie por el casco, iglesia incluida, buscando casas con escudos y detalles de carpintería tradicional.
- Paseo corto por los caminos que salen del pueblo para ver el valle y el bosque de cerca.
Mejor época
Primavera y verano dan margen para caminar con días largos. Otoño es el momento de los colores del hayedo. En invierno puede haber nieve y hielo: buen ambiente, pero conviene ir con tiempo y revisar la previsión antes de moverse por carretera.