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sobre Barillas
El municipio más pequeño de la Ribera; situado cerca de la Laguna de Lor y dedicado a la agricultura
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¿Sabes cuando vas por una carretera secundaria y, casi sin querer, acabas entrando en un pueblo porque la torre de la iglesia asoma por encima de los campos? Con Barillas me pasó algo así. Iba sin plan y terminé dando un paseo corto, de esos que no salen en ninguna guía pero te ayudan a entender cómo funciona la Ribera de Navarra.
Barillas es pequeño, unas pocas calles y mucho campo alrededor. Aquí el paisaje manda más que los monumentos. Y eso, si te gusta mirar cómo se organiza la vida rural, tiene su gracia.
Un pueblo hecho para trabajar la tierra
Barillas se entiende rápido. Las calles principales —como la Calle Mayor o la de Santa María— tienen ese aire de pueblo agrícola donde cada casa estaba pensada para guardar algo: herramientas, grano, un tractor, antes caballos.
Hay portones grandes, corrales al fondo y fachadas de ladrillo visto mezcladas con muros de piedra más antiguos. Nada parece colocado para la foto. Es más bien como un álbum familiar que se ha ido ampliando con los años.
La iglesia parroquial de San Martín de Tours sobresale por la torre, que sirve un poco de referencia cuando entras al casco urbano. El edificio probablemente tenga origen en el siglo XVI, aunque ha pasado por reformas posteriores. Dentro todo es bastante sencillo. Bancos de madera, un retablo modesto y ese silencio típico de las iglesias de pueblo entre semana.
Calles cortas y vida tranquila
El núcleo urbano sigue el patrón de muchos pueblos cerealistas de la Ribera: calles rectas, casas pegadas unas a otras y, de vez en cuando, una puerta que deja ver huertos o corrales por detrás.
Si caminas sin prisa empiezas a fijarte en detalles. Tejas árabes, antiguos pajares reconvertidos en almacén y portales lo bastante anchos como para que entre maquinaria agrícola. Todo bastante funcional. No hay demasiados adornos.
En un rato lo tienes visto.
Lo que rodea a Barillas
Donde de verdad se entiende el lugar es al salir del pueblo. Basta cruzar las últimas casas para encontrarte con caminos agrícolas y parcelas abiertas.
No hace falta mapa. Son pistas de tierra que usan los agricultores y que cualquiera puede recorrer andando con cuidado. Las acequias marcan los límites entre campos y cambian mucho el aspecto según la época del año.
En primavera predominan los verdes jóvenes. En verano los cereales ya tiran a dorado y el paisaje se vuelve más seco. En otoño aparecen tonos ocres y una luz bastante suave al final de la tarde.
Cerca discurren el Ebro y el Ega. En las zonas más húmedas a veces se ven garzas o patos, sobre todo cuando hace buen tiempo.
Fiestas y costumbres del pueblo
El patrón es San Martín de Tours y la fiesta suele celebrarse en noviembre. Son celebraciones bastante locales: actos religiosos, comidas compartidas y reuniones entre vecinos.
En verano también se organizan encuentros más informales, a veces con juegos tradicionales o actividades en los alrededores del pueblo. No es el tipo de fiesta que atraiga multitudes. Es más bien el calendario del propio pueblo manteniéndose en marcha.
Qué hacer si pasas por aquí
Barillas no es un sitio para llenar un día entero de planes. Y tampoco pasa nada.
Un paseo por la plaza y las calles cercanas te lleva poco tiempo. Después merece la pena salir andando por alguno de los caminos agrícolas para ver el paisaje con calma. En un par de horas te haces una idea bastante clara del lugar.
La comida en la zona suele seguir el calendario del campo. Verduras de temporada y platos de cocina casera, de los que se hacen sin complicarse demasiado.
Cuándo acercarse
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradecidos para caminar por los alrededores. El campo cambia mucho de color y el clima acompaña.
En verano el calor en la Ribera aprieta bastante. Si vienes, lo mejor es madrugar o esperar a última hora de la tarde.
El invierno tiene otro aire. Días cortos, campos más desnudos y, de vez en cuando, alguna helada que deja el paisaje bastante serio. A mí, personalmente, me gusta porque se ve el territorio tal como es, sin demasiados adornos.
Barillas funciona bien como parada breve dentro de una ruta por la Ribera. No vas a encontrar museos ni grandes atracciones. Pero si te interesa entender cómo viven y trabajan muchos pueblos de esta parte de Navarra, un paseo tranquilo por aquí ya dice bastante.