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sobre Fitero
Sede del primer monasterio cisterciense de la península y famoso balneario; inspiración de Bécquer
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En la Ribera navarra, ya cerca del Ebro y de las fronteras históricas con Castilla, Fitero se entiende con dos claves: piedra cisterciense y agua caliente. Con algo más de dos mil habitantes, mantiene un ritmo tranquilo y un patrimonio que se recorre a pie, sin prisas y con paradas largas.
Qué ver en Fitero
El Monasterio de Santa María la Real marca la visita. Es un conjunto cisterciense del siglo XII, con una iglesia que mira del románico al gótico y un claustro renacentista que pide silencio (aunque vayas en grupo).
La iglesia parroquial de Santa Eulalia completa el eje monumental. Su interior guarda retablos barrocos y piezas de arte sacro; por fuera, la torre es una referencia clara en el perfil del pueblo.
El balneario mantiene viva la tradición termal, ligada a aguas mineromedicinales conocidas desde antiguo. Aunque las instalaciones son actuales, el lugar conserva ese aire clásico de villa termal.
Para rematar, date una vuelta por el casco histórico: calles sencillas, algunas casas señoriales y palacetes de los siglos XVII y XVIII que hablan de épocas de mayor prosperidad.
Qué hacer
- Paseos y senderos por los alrededores, entre campos de cultivo y tramos de ribera.
- Termalismo: baño y tratamientos si te encaja el plan (mejor con reserva).
- Bici tranquila por carreteras secundarias hacia otros pueblos de la Ribera.
- Comer de temporada: huerta navarra (espárrago, alcachofa y lo que toque).
Si solo tienes 2 horas
- Monasterio (interior si está abierto).
- Parroquia de Santa Eulalia.
- Paseo corto por el casco antiguo y vuelta por la zona termal.
Mejor época
De abril a junio y septiembre a octubre se camina bien y el pueblo está más calmado. Julio y agosto pueden traer más ambiente y calor; en invierno el plan se vuelve más de interior (monumentos y termas) y anochece pronto.