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sobre Monteagudo
Pueblo fronterizo con Aragón; dominado por un castillo-palacio y con tradición olivarera
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En la Ribera navarra, entre campos de cereal y lomas suaves, aparece Monteagudo, un pueblo de algo más de mil habitantes con vida tranquila y paisaje abierto. A 430 metros de altitud, se asoma sobre la vega del Ebro: desde los alrededores se entiende bien el nombre, porque el caserío se recorta sobre la llanura agrícola.
El casco urbano se recorre en poco tiempo y sin complicaciones. Hay calles estrechas, casas de piedra y ladrillo y fachadas en tonos ocres que, con la luz de la tarde, ganan textura. La sensación general es la de un lugar trabajado por el día a día, más que “decorado” para el visitante.
Qué ver en Monteagudo
La iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora es el edificio principal. Mezcla elementos de distintas épocas; llaman la atención la torre y el interior, con piezas de arte sacro ligadas a la historia local.
Merece la pena fijarse también en la arquitectura popular: balcones de hierro, aleros de madera y muros de arenisca que dan unidad al conjunto. Fuera del pueblo, los campos cambian mucho según la estación y los cerros cercanos sirven como miradores sencillos para entender la Ribera.
Qué hacer
Las rutas a pie por caminos agrícolas y senderos entre pueblos son la actividad más natural aquí. No es alta montaña: es paisaje de horizonte, barrancos suaves y, con suerte, algo de fauna habitual de la zona.
En mesa mandan los productos de la huerta ribereña cuando toca: espárragos en primavera, alcachofas en temporada y cocina navarra de base. Si te interesa el mundo rural, las épocas de siembra y cosecha muestran el pulso real del campo.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en verano y concentran el ambiente del año: música, baile y actividades para diferentes edades. Semana Santa mantiene sus procesiones, y en otoño suelen aparecer celebraciones ligadas a la vendimia y a la cosecha, según el año.
Si solo tienes 2 horas
- Vuelta a pie por el casco urbano, fijándote en las casas tradicionales y los detalles de fachada.
- Parada en la iglesia de la Asunción.
- Paseo corto por las afueras hasta algún alto cercano para ver la llanura agrícola.
Mejor época
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables por temperatura y color del paisaje. En verano el calor aprieta, aunque es cuando hay más movimiento social por las fiestas.