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sobre Murchante
Importante localidad vinícola cerca de Tudela; famosa por sus vinos y el paloteado
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El turismo en Murchante empieza antes de entrar en el casco urbano. La carretera atraviesa una franja de huerta donde el espárrago marca el ritmo de la primavera. A ambos lados aparecen las parcelas alineadas y, cuando llega la temporada, es habitual ver a los agricultores inclinados sobre los surcos, cortando a mano los turiones que después acabarán en mercados de media Navarra. El paisaje aquí no es decorativo: es una huerta productiva que explica buena parte de la vida del pueblo.
De arrabal agrícola a municipio propio
Durante siglos Murchante estuvo ligado a Tudela. Las fuentes medievales suelen mencionarlo como un pequeño asentamiento agrícola dependiente de la ciudad, en una zona donde tras la conquista cristiana siguieron viviendo comunidades musulmanas durante bastante tiempo.
En ese contexto se suele situar la antigua mezquita del lugar, que con el paso de los siglos acabó transformándose en templo cristiano. La actual iglesia de la Asunción ocupa ese mismo entorno del casco antiguo. El edificio que vemos hoy responde sobre todo a reformas posteriores, pero su posición —dominando la plaza principal— recuerda que el crecimiento del pueblo se organizó alrededor de ese punto.
La separación administrativa respecto a Tudela llegó ya en el siglo XIX. Fue entonces cuando Murchante pasó a tener ayuntamiento propio, aunque en la práctica la relación con la capital de la Ribera siguió siendo estrecha: mercado, servicios y muchos vínculos familiares han conectado siempre ambos lugares.
Jesús Basiano y la mirada al paisaje
En una de las calles del centro se recuerda a Jesús Basiano, pintor nacido en Murchante a finales del siglo XIX. Su nombre aparece con frecuencia cuando se habla de paisajismo navarro del siglo XX.
Basiano pintó sobre todo montañas y valles del norte de Navarra y del entorno del Moncayo. Resulta curioso que su propio pueblo aparezca menos en su obra de lo que cabría esperar. Aun así, Murchante mantiene un pequeño museo dedicado a su trabajo, instalado en un edificio que durante mucho tiempo tuvo uso escolar. Sirve también para entender cómo el paisaje —campos, árboles, cielos abiertos— fue el tema central de su pintura.
Una huerta que sigue marcando la mesa
La cocina local tiene poco misterio porque depende directamente de lo que sale de la tierra. El espárrago de Navarra es el producto más visible, pero en la huerta aparecen también alcachofas, cardo, borraja o puerro según la época.
Platos como la menestra de verduras forman parte del recetario cotidiano en muchas casas de la Ribera. También es habitual el cordero guisado con pimientos y tomate, una combinación muy ligada a las huertas del valle del Ebro. No es gastronomía de exhibición: es cocina de temporada, la que se ha hecho siempre cuando los ingredientes están cerca.
Romerías, vino y encierros
Las fiestas siguen el calendario tradicional de muchos pueblos de la Ribera. Una de las citas más conocidas es la romería a la ermita de San Gregorio, situada en una pequeña elevación desde la que se domina buena parte del valle.
En verano el ambiente festivo se concentra en las calles del centro. Suele haber jornadas dedicadas al vino y a la tapa organizadas por los propios bares del pueblo, y a finales de junio se celebran las llamadas fiestas de la Juventud, con encierros de vaquillas y música hasta bien entrada la noche. Son celebraciones muy locales, pensadas más para los vecinos que para atraer gente de fuera.
La vía verde de la antigua Tarazonica
A las afueras pasa la Vía Verde de la Tarazonica, que sigue el trazado del antiguo ferrocarril que conectaba Tudela con Tarazona. La línea funcionó durante décadas transportando viajeros y mercancías de la Ribera.
Hoy el recorrido se ha adaptado para ciclistas y caminantes. El tramo que pasa por Murchante discurre entre parcelas de regadío y filas de chopos. A medida que se avanza hacia el noroeste aparece el perfil del Moncayo, que domina el horizonte en los días despejados.
Orientarse al llegar
Murchante está muy cerca de Tudela y se llega en coche en pocos minutos desde la autovía del Ebro. El casco urbano es pequeño y se recorre caminando sin dificultad.
Si te interesa entender el pueblo, lo más útil es empezar por la plaza y la iglesia de la Asunción y después salir hacia la huerta o enlazar con la vía verde. La visita no lleva demasiado tiempo, pero el entorno agrícola —sobre todo en temporada de espárrago— ayuda a entender por qué este lugar funciona como una extensión natural de la huerta tudelana.