Artículo completo
sobre Ribaforada
Localidad de la Ribera con fuerte tradición agrícola y de regadío; destaca por sus fiestas y el Canal Imperial
Ocultar artículo Leer artículo completo
Llegué a Ribaforada por casualidad. Iba camino de Tudela con la idea de comer en cualquier sitio que no fuera una gasolinera y vi un cartel anunciando el Rosco de San Blas. Hablaban de miles de roscones en un pueblo que ronda los cuatro mil habitantes. Eso ya te hace levantar el pie del acelerador y desviarte un momento.
El pueblo que jugó al parchís con romanos y templarios
Ribaforada es como esos montones de piezas de Lego que tenías de pequeño: desde lejos parecen un montón sin más, pero cuando te acercas empiezas a ver que cada pieza cuenta algo.
Aquí está uno de los restos romanos más curiosos de Navarra: un horno bastante bien conservado en pleno casco urbano. No son cuatro piedras con un cartel explicativo. Se ve la estructura, la bóveda, el conjunto entero, y cuesta no imaginar a la gente trabajando allí hace siglos.
El lugar tampoco se eligió al azar. Esta parte de la Ribera siempre ha vivido pegada al agua y a la huerta. Muy cerca pasa el Canal Imperial de Aragón, una de esas obras hidráulicas históricas que todavía siguen marcando el paisaje agrícola de la zona.
Los templarios también dejaron huella. A ellos se suele atribuir la construcción de la antigua iglesia de San Blas, que con los siglos se fue transformando. El resultado es una mezcla curiosa de estilos: base medieval, añadidos posteriores y una espadaña que llegó bastante después. Como cuando una casa vieja va pasando de generación en generación y cada uno le añade algo.
Cuando tu pan mide lo mismo que tu antebrazo
A comienzos de febrero, con San Blas, Ribaforada se convierte en una pequeña fábrica de harina y azúcar. El rosco que se reparte ese día es grande —unos 30 centímetros largos— y tiene su bendición antes de acabar en manos de los vecinos.
La escena es muy sencilla: gente haciendo cola en la plaza, conocidos que se saludan, comentarios sobre si este año ha salido más esponjoso o más dulce. Nada de festival gastronómico ni stands modernos. Más bien la sensación de estar en una tradición que el pueblo lleva repitiendo muchísimo tiempo.
La hoguera de la víspera suele formar parte del ambiente, y cuando llega el momento del rosco la plaza ya está llena de gente. Muchos se lo comen allí mismo, de pie, charlando. Ese rato dice bastante de cómo funciona el pueblo.
El Paloteado: teatro popular en medio de las fiestas
En agosto llegan las fiestas de San Bartolomé. Y con ellas aparece una de esas tradiciones que, si no te la explican, cuesta entender del todo: el Paloteado.
Es una representación popular con música, versos y personajes que van saliendo a escena delante de la gente del pueblo. Tiene algo de teatro de calle y algo de tradición festiva antigua. Los textos suelen mezclar humor, crítica y referencias a lo que ha pasado durante el año.
Luego están los encierros, con el recorrido habitual por las calles hasta la plaza. Nada que ver con los de Pamplona en tamaño, pero tampoco con esos encierros medio desangelados que ves en algunos pueblos grandes. Aquí participa mucha gente del propio pueblo y se nota.
Dos paseos sencillos junto al agua
Si después del rosco o de una comida te apetece estirar las piernas, hay un par de caminos muy usados por la gente de Ribaforada.
Uno sigue el trazado del Camino Natural del Ebro. El terreno es llano, así que se puede hacer andando o en bici sin complicaciones. Vas viendo huertas, campos de cultivo y, si tienes un poco de suerte, alguna garza cerca del río.
El otro paseo habitual es el del Canal Imperial. Un camino paralelo al agua que mucha gente usa para caminar, correr o sacar al perro al final del día. En verano los álamos dan algo de sombra y en otoño huele bastante a tierra húmeda.
Conviene llevar agua porque por el camino no hay demasiados servicios. Es más bien un paseo de los que usa la gente del pueblo para despejarse un rato.
La verdad sobre Ribaforada
Ribaforada no es un pueblo que te deje con la boca abierta nada más llegar. No tiene un casco histórico monumental ni miradores de postal. Y quizá por eso funciona.
Cuando estás en la plaza durante el rosco o ves el Paloteado en fiestas, da la sensación de que todo ocurre porque el pueblo lo sigue celebrando, no porque haya que enseñárselo a nadie.
Si pasas por la zona, acércate a ver el horno romano (suele poder visitarse en determinados momentos, sobre todo fines de semana), date una vuelta por el canal y curiosea un rato por el casco urbano. No necesitas mucho más tiempo.
Y si vienes sin fiestas ni rosco, tampoco pasa nada. Ribaforada sigue siendo un pueblo de la Ribera: campos alrededor, casas de ladrillo, vida tranquila y ese tipo de lugares donde todavía puedes parar a preguntar algo y acabar charlando cinco minutos más de lo previsto.