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sobre Iturmendi
Pueblo lineal de la Sakana; conserva la tradición de la romería a la ermita de Santa Marina en Urbasa
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A media mañana, una furgoneta cruza despacio la calle principal de Iturmendi y el sonido del motor rebota entre las fachadas de piedra. Dura unos segundos y vuelve el silencio. Este pequeño pueblo de Sakana, hoy con algo más de cuatrocientos habitantes, se apoya en la ladera con casas de muros gruesos, tejados rojizos y balcones de madera oscurecida por la humedad del valle.
El turismo en Iturmendi suele empezar caminando sin rumbo claro. Las calles son cortas. En pocos minutos aparecen huertas, cercas de madera y el borde del pueblo. El monte está muy cerca y se nota en el aire: huele a hierba mojada muchas mañanas del año.
El nombre del lugar procede del euskera y suele traducirse como “monte de la fuente”. No es difícil entenderlo. En los alrededores hay manantiales y pequeños cursos de agua que bajan hacia el valle de Sakana. En junio los prados están muy verdes y el cielo se abre entre nubes altas. En invierno la niebla baja desde la sierra y se queda entre las casas hasta bien entrado el día.
La iglesia de San Miguel en el centro del pueblo
La iglesia de San Miguel Arcángel se levanta junto a la plaza. Piedra gris, volumen compacto y pocas concesiones ornamentales. El edificio ha pasado por distintas reformas, algo habitual en los templos rurales de la zona. Aun así mantiene una presencia sobria, casi maciza.
Cuando la puerta está abierta se puede entrar un momento. Si no, basta con rodear el edificio. Desde el lateral se aprecia mejor el grosor de los muros y la torre que sobresale sobre los tejados cercanos. La campana todavía marca las horas en el pueblo y se oye también desde los caminos cercanos.
Las casas se agrupan alrededor de este núcleo. No hay grandes edificios ni plazas amplias. Las calles se adaptan a la pendiente y se estrechan entre muros de piedra y portones de madera.
Caminos que salen del pueblo hacia el monte
Basta caminar unos minutos para dejar atrás las últimas viviendas. Aparecen pistas de tierra que usan los ganaderos y senderos que se adentran en robledales y hayedos. En algunos tramos se oyen cencerros antes de ver al ganado.
Desde Iturmendi salen caminos que conectan con otros pueblos de Sakana y con zonas de la sierra de Aralar. Muchos recorridos siguen pistas anchas, fáciles de seguir. Otros ganan altura poco a poco por terreno más irregular.
Conviene llevar calzado con buena suela. Cuando el suelo está húmedo el barro se pega y algunas piedras resbalan. Esto ocurre con frecuencia en otoño y a comienzos de primavera.
Si no quieres complicarte, basta con tomar una pista hacia las laderas y caminar una hora. A medida que se gana algo de altura el pueblo queda abajo, pequeño, con el valle de Sakana extendiéndose de lado a lado.
Un paseo breve por el casco
El casco urbano se recorre rápido. Media hora alcanza para ver las calles principales, la iglesia y algunos caserones antiguos. Muchos conservan escudos en la fachada o grandes portones de madera.
Después de esa vuelta corta, lo más sensato es salir a caminar un poco por los caminos cercanos. Desde fuera se entiende mejor cómo encaja el pueblo entre prados y montes.
Cuándo acercarse
Entre mayo y octubre el tiempo suele permitir caminar con tranquilidad por los senderos. En otoño los bosques de alrededor pasan del verde al ocre y al marrón oscuro en pocas semanas.
En invierno la niebla y la lluvia son habituales. Los caminos pueden estar muy húmedos y la visibilidad baja en las zonas altas. Si el día amanece cerrado, conviene quedarse en los paseos cercanos al pueblo.
Un pueblo pequeño dentro del valle de Sakana
Iturmendi es un municipio reducido. No hay muchas calles ni actividad constante en la plaza. Durante buena parte del día solo se oye algún coche que atraviesa el pueblo o el sonido del viento en los árboles.
Por eso suele funcionar mejor como parada breve dentro de un recorrido por Sakana. Las distancias entre pueblos parecen cortas en el mapa, pero a pie los desniveles y las pistas alargan los tiempos.
Antes de enlazar rutas largas conviene preguntar por el estado de los caminos. No todos están señalizados y algunos tramos cambian bastante según la época del año.
Cómo llegar
Desde Pamplona se llega por la N‑240 en dirección a Alsasua. A partir de ahí, una carretera local entra en el valle y conduce hasta Iturmendi. El trayecto discurre entre montes y curvas suaves.
A primera hora del día el valle suele estar húmedo, incluso cuando en Pamplona el cielo está despejado. Una chaqueta ligera casi siempre acaba siendo útil al bajar del coche.