Artículo completo
sobre Puente la Reina
Cruce de caminos jacobeos; famosa por su magnífico puente románico sobre el Arga y su calle Mayor
Ocultar artículo Leer artículo completo
En Puente la Reina lo primero es el coche. El parking grande está al otro lado del río. Dejas el coche allí y cruzas andando. En dos minutos entras en la calle del Camino. Aquí se juntan los que vienen de Roncesvalles con los que bajan del Somport. Dos corrientes de mochilas que acaban en la misma calle.
El puente que da nombre
El puente mide algo más de cien metros y tiene seis arcos. Es medieval, del siglo XI según suele contarse. Lo mandó levantar una reina navarra para facilitar el paso del Camino. El nombre quedó.
Es ancho para su época. Por aquí no pasaban solo peregrinos a pie. También carros y ganado.
Si quieres verlo sin gente, ven temprano. A media mañana ya pasan grupos de caminantes y bastantes bicicletas.
Antes del primer arco hay una escalera de madera que baja al cauce. Desde abajo se ven bien los cimientos. El Arga aquí suele bajar claro. Si te quedas quieto un rato se ven peces.
Lo que hay detrás de la calle mayor
El casco viejo es simple. Tres calles largas y paralelas. La del centro coincide con el Camino. Por la mañana huele a café y a pan tostado porque los peregrinos salen temprano.
Las otras dos calles son más normales. Farmacia, panadería, algún taller. Vida diaria, sin más.
La iglesia del Crucifijo está casi al entrar. Dentro hay un Cristo de madera con forma de Y. Es raro de ver. La tradición lo relaciona con los templarios.
La de Santiago es mayor. Reforma del XVI y retablos barrocos añadidos después. También guarda una imagen de Santiago de color oscuro. La historia del incendio se oye mucho por aquí, aunque cada uno la cuenta de forma distinta.
Cerca está la plaza Mayor. Hoy es un espacio abierto con bancos de piedra. Antes tenía soportales; se retiraron hace siglos porque estorbaban al mercado.
En el puente, en uno de los pilares, hay una pequeña virgen dentro de un nicho. La leyenda habla de un pájaro que la limpiaba cada mañana con el pico. Hoy el hueco está protegido con una reja.
Comer en el pueblo
Aquí la cocina tira a lo sencillo. Pimientos del piquillo, cordero guisado, trucha cuando la hay. Nada raro.
Los pimientos suelen aparecer de varias formas: en ensalada, rellenos o tal cual, con aceite y sal. Si están asados del día se nota.
El vino suele ser navarro. Blancos de zonas altas y tintos de la ribera.
En Semana Santa es típico ver torrijas en los mostradores. En muchos sitios las hacen con vino dulce y canela.
Caminar o no caminar
Hay una ruta local que enlaza varias fuentes del pueblo. Es corta y pasa por zonas bastante urbanas. Sirve para estirar las piernas, poco más.
Más agradable es seguir el río Arga hacia Obanos. El camino es llano y tranquilo. Acequias, huertas y algún pescador.
Si decides seguir el Camino hacia Cirauqui, cuenta unos siete kilómetros con subidas suaves. El primer tramo es asfalto. Luego tierra. Conviene llevar agua porque entre Puente la Reina y Mañeru apenas hay nada en medio.
Consejo final
Puente la Reina se recorre rápido. El puente, un paseo por la calle mayor y poco más.
Lo razonable es parar un rato al pasar por el Camino, comer algo y seguir ruta.
A veces en otoño se organizan ferias alrededor del pimiento. El pueblo se llena y el olor a asado llega hasta el puente. Las fiestas grandes suelen caer en verano y entonces hay más ambiente.
Aparca fuera del casco viejo y entra andando. Intentar acercar el coche al centro suele acabar en vuelta larga o multa. Aquí todo está a cinco minutos.