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sobre Yanci
Nombre oficial Igantzi; pueblo tranquilo de las Cinco Villas con la reserva de San Juan Xar
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A primera hora de la mañana, cuando la niebla baja todavía se queda pegada a las laderas, Yanci aparece entre prados muy verdes y caseríos dispersos. El sonido que domina no es el de los coches, sino el de algún gallo suelto, un tractor que arranca lejos o el agua corriendo por las regatas que bajan de los montes cercanos. Este pequeño municipio de Bortziriak, en el norte de Navarra, apenas supera el medio millar de habitantes y se mueve a un ritmo tranquilo incluso en verano.
El núcleo se organiza alrededor de la iglesia de San Esteban, un edificio de piedra sobrio, con campanario visible desde varios puntos del valle. No es una iglesia monumental; más bien transmite esa sensación de edificio que siempre ha estado ahí, marcando las horas del pueblo. Alrededor aparecen casas antiguas con balcones de madera oscura, portales anchos y muros que a veces se inclinan ligeramente, como si el paso del tiempo hubiese empujado la piedra hacia fuera.
Caminar por el centro no lleva mucho tiempo, pero merece hacerse despacio. En algunas fachadas todavía se distinguen escudos tallados o inscripciones casi borradas. La madera de los balcones suele estar oscurecida por la lluvia frecuente del valle, y cuando el sol sale después de varios días grises, las fachadas toman un tono cálido que dura apenas un par de horas por la tarde.
Calles cortas y vistas abiertas del valle
En cuanto una calle empieza a subir, el paisaje aparece entre las casas. El valle de Bortziriak se abre en prados muy cuidados, separados por setos y pequeñas manchas de bosque donde predominan robles y hayas. En otoño, esos montes cambian rápido de color: primero amarillos claros, luego ocres más apagados cuando llegan las lluvias.
No hay grandes miradores señalizados dentro del pueblo. Más bien son pequeños huecos entre casas o curvas del camino desde donde se ve la ladera de enfrente y los caseríos repartidos por el valle. Si el día está despejado al atardecer, la luz entra lateral y dibuja las pendientes con bastante claridad.
Caminos rurales alrededor de Yanci
Desde el casco urbano salen varios caminos agrícolas y senderos que conectan con prados y zonas de bosque cercanas. Algunos se utilizan a diario por la gente del pueblo para llegar a huertas o bordas, así que conviene caminar con respeto y cerrar siempre las vallas si se atraviesan.
En otoño es habitual ver a gente buscando hongos por los alrededores. Los robledales y hayedos cercanos suelen atraer a quienes conocen bien la zona. Si no se tiene referencia del terreno, es fácil despistarse entre pistas forestales parecidas, sobre todo con niebla baja. Llevar un mapa o el móvil con GPS suele evitar vueltas innecesarias.
El suelo puede estar bastante húmedo buena parte del año. Un calzado que agarre bien en barro y hojas mojadas marca la diferencia.
Huertas, ganado y vida diaria
La actividad agrícola sigue bastante presente en el entorno. En primavera, las huertas del valle empiezan a moverse temprano con verduras de temporada que luego circulan entre pueblos cercanos. También es una zona donde el ganado forma parte del paisaje: vacas y ovejas en prados inclinados, cercados con alambre o setos vivos.
Los productos del valle —quesos, verduras o carne— suelen aparecer en venta directa en determinados momentos del año o en mercados de la comarca. No siempre es algo visible para quien pasa solo unas horas, pero forma parte de la economía cotidiana del lugar.
Fiestas y momentos de reunión
Las celebraciones principales del pueblo están ligadas a San Esteban, en diciembre. Son fiestas de tamaño pequeño, muy centradas en la gente del municipio y en quienes tienen familia allí. Durante el verano suele haber también actividades culturales y reuniones vecinales, aunque el ambiente sigue siendo bastante tranquilo.
Quien llegue en esas fechas lo notará enseguida: más movimiento en la plaza, música por la tarde y conversaciones largas en la calle cuando baja el calor.
Cuándo acercarse a Yanci
Primavera y principios de otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por la zona. Los prados están muy verdes, el bosque tiene color y la temperatura permite pasear sin prisa.
En verano el valle recibe más visitantes, aunque no llega a saturarse. Aun así, a media tarde puede haber más coches en el centro que el resto del año. El invierno, en cambio, trae humedad persistente y días cortos; la niebla puede quedarse varias horas metida en el valle.
Cómo llegar y moverse
La forma más directa de llegar desde Pamplona suele ser por la A‑15 hasta la zona de Santesteban y después continuar por carreteras comarcales hacia Bortziriak. El paisaje cambia bastante en el último tramo: más prados, más caseríos y curvas más cerradas.
Dentro del pueblo las calles son estrechas y algunas pendientes obligan a conducir despacio. Conviene aparcar en las zonas donde ya hay coches y continuar a pie. En pocos minutos se recorre el núcleo y se entiende mejor la escala del lugar: casas grandes, huertas cercanas y el valle respirando alrededor.